
Abbati
Publicado en Arte con etiquetas Arte, Cultura, Historia, Política, Reflexiones el 12 Mayo 2009 por La historia del diaTiempos violentos.Neoliberalismo, globalización y desigualdad en América Latina (Descargar Libro)
Publicado en Libroteca con etiquetas América Latina, Atilio Boron, Capitalismo, Crísis, Cultura, Descarga, desigualdad, Economía, Globalización, Hegemonía, Historia, Ideología, Imperialismo, Injusticia, Internacional, Julio Gambina, Latinoamérica, Libro, Neoliberalismo, Pensamiento, Pensamiento único, Política, Recomendado, Reflexiones, Violencia el 9 Noviembre 2009 por La historia del diaISBN 950-9231-43-6
Buenos Aires: CLACSO abril de 1999
(15,5 x 22,5 cm) 392 páginas

INDICE
Prólogo
I. Globalización, neoliberalismo y desigualdad: La experiencia Argentina
Naum Minsburg
Transnacionalización, crisis y el papel del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial
Julio Sevare
Globalización y la vulnerabilidad externa
Julio Gambina
La crisis y su impacto en el empleo
II. América Latina y el Mercosur ante la globalización
Aldo Ferrer
La globalización, la crisis financiera y América Latina
Emir Sader
Brasil: una historia de pactos entre elites
Ismael Bermúdez
Mercosur en la crisis internacional
III. Poder, política e ideología en la globalización
Raúl Cuello
El neoliberalismo, una ideología contraria al equilibrio social
Marcelo Lascano
Crisis Internacional y Revolución Intelectual
Fabián Bosoer y Santiago Leiras
Posguerrra fría, “neodecisionismo” y nueva fase del capitalismo
Mabel Thwaites Rey y José Castillo
Poder estatal y capital global: los límites de la lucha política
IV. Tendencias actuales del sistema capitalista
Atilio Boron
Pensamiento único” y resignación política: los límites de una falsa coartada
Hector Valle
Las turbulencias del capitalismo a fines del siglo
Pierre Salama
Sobre las relaciones del mercado financiero y laboral en América Latina y en Asia del Norte y del Sudeste
Carlos Scavo
Políticas monetarias: auge, esclerosis e implosión
Anexo
Pablo Caruso y Sabrina González
Cronología de los principales acontecimientos relativos al sistema monetario internacional
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La presente publicación intenta ser una contribución a la impugnación del “pensamiento único”, ése que nos aconseja conformarnos con lo que existe y que ciega nuestros ojos ante la búsqueda de alternativas. La continuidad misma de la vida civilizada y la preservación del estado democrático exigen imperiosamente el abandono de las políticas neoliberales responsables de este verdadero holocausto social.(…) Ante una clase política que parece estar empeñada en preservar a todas costas el presente modelo, este libro pretende ser estímulo e insumo para la imperiosa “puesta en discusión” del mismo y las deplorables consecuencias que la globalización y la respuesta neoliberal han suscitado.
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¿Qué es la Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe?
Publicado en La Patria Grande con etiquetas ALBA, América Latina, Capitalismo, Crísis, Cultura, Economía, Hegemonía, Historia, Imperialismo, Integración Regional, Internacional, Latinoamérica, Política, Reflexiones el 9 Noviembre 2009 por La historia del dia
¿Cómo queda el desarrollo endógeno en el ALBA?
La noción neoliberal de acceso a los mercados se limita a poner medidas para reducir el arancel y eliminar las trabas al comercio y a la inversión. Es libre comercio entendido en estos términos solo beneficia a los países de mayor grado de industrialización y desarrollo. De hecho, abundan los estudios científicos en los que se demuestra de manera irrefutable que la aplicación de las pautas actuales de la globalización y sus expresiones hemisféricas o regionales ha dado al traste con las aspiraciones de un verdadero desarrollo endógeno en cualquiera de los países del continente.
Los grandes acuerdos de integración deberían quedar por el contrario supeditados a los objetivos del desarrollo endógeno. La escasa diversificación de la oferta regional hoy existente sentencia desde ya que el ALCA no podrá ser la oportunidad para alcanzar un tipo de desarrollo en que se armonice el crecimiento económico con una creciente calidad de vida y grado de bienestar para nuestros pueblos.
Podrán crecer las inversiones y las exportaciones, pero si estas se basan en la industria maquiladora y la explotación masiva de la fuerza de trabajo, sin lugar a dudas que no podrá generar el efecto multiplicador sobre los encadenamientos sectoriales, no habrá un efecto multiplicador en los sectores agrícolas e industrial, ni mucho menos se podrán generar los empleos de calidad que se necesitan para derrotar la pobreza y la exclusión social.
En consecuencia, urge una propuesta alternativa basada en la solidaridad. Se trata de ayudar a los países más débiles a superar las desventajas que los separan de los países más poderosos del hemisferio. Y esto no solo depende de los cambios en las condiciones de competencias imperantes, sino también de la solidaridad entre los pueblos y sus gobiernos del continente a la hora de corregir estas asimetrías. Solo así un área de libre comercio podrá ser una oportunidad para todos (una alianza ganar-ganar).
La mala influencia de Barack Obama
Publicado en Política Internacional con etiquetas Capitalismo, Crísis, Cultura, Economía, EE.UU, Geopolítica, Hegemonía, Historia, Imperialismo, Internacional, Obama, Política, Reflexiones el 9 Noviembre 2009 por La historia del diaNaomi Klein*
La Jornada
De todas las explicaciones acerca del Premio Nobel de Barack Obama, el que sonó más verdadero provino del presidente francés Nicolas Sarkozy. “Imprime el sello del retorno de Estados Unidos al corazón de los pueblos del mundo”. En otras palabras, ésta fue la manera en que Europa le dijo a Estados Unidos, “de nuevo te amamos”, algo así como esas extrañas ceremonias de “renovación de votos” que celebran las parejas luego de sobrevivir a una mala racha.
Ahora que Europa y Estados Unidos están oficialmente re-unidos, parece que vale la pena preguntar: ¿Necesariamente eso es algo bueno? El Comité del Nobel, que otorgó el premio porque Obama adoptó la “diplomacia multilateral”, evidentemente está convencido de que el compromiso estadunidense en el escenario mundial implica un triunfo de la paz y la justicia. No estoy tan segura. Luego de nueve meses en la administración, es evidente el historial de Obama como jugador global. Una y otra vez, los negociadores estadunidenses han elegido no fortalecer las leyes internacionales y los protocolos, sino más bien debilitarlos, muchas veces han encabezado a otros países ricos en una carrera hacia abajo.
Comencemos donde hay más en riesgo: el cambio climático. Durante los años de Bush, los políticos europeos se diferenciaron de Estados Unidos al expresar un inquebrantable compromiso con el Protocolo de Kyoto. Así, mientras Estados Unidos incrementaba sus emisiones de carbono en 20 por ciento de los niveles de 1990, los países de la Unión Europea redujeron los suyos en 2 por ciento. Nada estelar, pero claramente un caso en el cual la separación con respecto a Estados Unidos aportó beneficios tangibles para el planeta.
Adelántele en moción rápida hasta las negociaciones climáticas donde había mucho en riesgo, que acaban de culminar en Bangkok. Se suponía que las pláticas llevarían a un acuerdo en Copenhague en diciembre, que fortalecería significativamente el Protocolo de Kyoto. En vez, Estados Unidos, la Unión Europea y el resto de los países desarrollados formaron un solo bloque que llamaba a abandonar Kyoto y remplazarlo. Ahí donde Kyoto ponía claras y vinculantes metas para reducir las emisiones, el plan estadunidense establecería que cada país decida cuánto reducir, luego someta sus planes a un monitoreo internacional (con nada más que buenos deseos para asegurar que todo esto mantenga la temperatura por debajo de niveles catastróficos). Y ahí donde Kyoto claramente asignaba el peso de la responsabilidad sobre los países ricos que crearon la crisis climática, el nuevo plan trata por igual a todos los países.
Este tipo de propuestas débiles no sorprendían del todo viniendo de Estados Unidos. Lo que resultaba escandaloso era la repentina unidad del mundo rico alrededor de este plan, incluyendo a muchos países que antes habían cantado alabanzas a Kyoto. Y había más traiciones: la Unión Europea, que había anunciado que gastaría de 19 mil millones a 35 mil millones de dólares al año para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático, llegó a Bangkok con una oferta mucho menor, una que se asemejaba más al compromiso estadunidense de… nada. Antonio Hill, de Oxfam, resumió así las negociaciones: “Cuando sonó el disparo de salida, se volvió una carrera por llegar hasta abajo, con los países ricos debilitando los compromisos existentes bajo el marco internacional”.
No es la primera vez que un retorno tan celebrado a la mesa de negociaciones acaba con la mesa volcada, con las leyes y las convenciones internacionales, que se ganaron con mucho esfuerzo, esparcidas por el suelo. Estados Unidos jugó un papel similar en la Conferencia sobre Racismo de Naciones Unidas que tuvo lugar en Ginebra, en abril. Luego de lograr que se suprimiera todo tipo de cosas del texto de negociación –ninguna referencia a Israel o los palestinos, nada acerca de las compensaciones a los esclavos, etcétera–, la administración de Obama de todos modos decidió boicotearlo, bajo el argumento de que el nuevo texto “reafirmaba” el documento adoptado en 2001 en Durban, Sudáfrica.
Fue una excusa pobre, pero había cierta lógica en ella, ya que Estados Unidos nunca firmó el texto original de 2001. Lo que no tuvo lógica fue la ola de retiros del mundo rico, en imitación a Estados Unidos. En un lapso de 48 horas del anuncio estadunidense, Italia, Australia, Alemania, Holanda, Nueva Zelanda y Polonia se habían retirado. A diferencia de Estados Unidos, todos estos gobiernos habían firmado la declaración de 2001, así que no había razón alguna para objetar un documento que lo reafirmaba. No importaba. Al igual que con las negociaciones del cambio climático, alinearse con Obama, con su impecable reputación, era una manera fácil de evitar agobiantes obligaciones internacionales y, a la vez, aparentar ser progresista, un servicio que Estados Unidos nunca pudo ofrecer durante los años de Bush.
Estados Unidos ha tenido una similar influencia corruptora como nuevo integrante del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Su primera gran prueba fue el valiente informe del juez Richard Goldstone sobre la masacre en Gaza perpetrada por Israel, que concluía que el ejército israelí y Hamas habían cometido crímenes de guerra. En vez de demostrar su compromiso con la legislación internacional, Estados Unidos usó su influencia para manchar el informe y decir que era “profundamente defectuoso” y presionar a la Autoridad Nacional Palestina para que retirara una resolución que apoyaba el informe. (La ANP, que en casa enfrentó una furiosa reacción por haber cedido ante la presión estadunidense, podría presentar una nueva versión.)
Y luego están las cumbres del G-20, los más destacados compromisos multilaterales de Obama. Cuando se llevó a cabo una en Londres, parecía que iba a haber algún tipo de intento coordinado internacional para controlar a los especuladores financieros y evasores de impuestos trasnacionales. Sarkozy hasta prometió abandonar la cumbre si no lograba plantear serios compromisos reguladores. Pero la administración Obama no tenía interés alguno en un auténtico multilateralismo, en vez, abogó por que los países presentaran (o no) sus propios planes y por esperar lo mejor; parecido a su imprudente plan de cambio climático. Sarkozy, sobra decirlo, no abandonó ningún lugar, sólo se encaminó hacia la sesión fotográfica para tomarse la foto con Obama.
Claro que Obama ha hecho algunas buenas movidas en el escenario mundial: no respaldar al gobierno golpista en Honduras, apoyar una Agencia de Mujeres de Naciones Unidas… Pero ha emergido un patrón evidente: en áreas en las cuales otras naciones prósperas se tambaleaban entre una acción basada en principios y la negligencia, las intervenciones de Estados Unidos las han inclinado hacia la negligencia. Si ésta es la nueva era del multilateralismo, no es ningún premio.
* Periodista, escritora e investigadora canadiense.
Traducción: Tania Molina Ramírez para La Jornada
Este artículo fue publicado en The Nation:
América del Sur de cara al futuro
Publicado en Reflexiones con etiquetas América Latina, Argentina, Brasil, Capitalismo, Crísis, Cultura, Economía, Elecciones, Geopolítica, Hegemonía, Historia, Imperialismo, Internacional, Latinoamérica, Política, Política Internacional, Reflexiones el 9 Noviembre 2009 por La historia del diaJosé Luís Fiori
ALAI
Después de una década a la izquierda, América del Sur está entrando en una zona de fuerte turbulencia. En este final de 2009, Uruguay podría elegir como presidente de la República, a un hombre del pueblo y ex guerrillero tupamaro, y Chile quizás elija a un billonario arrogante y de derecha, que recuerda mucho al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Está la reelección de los presidentes de Bolivia y de Ecuador que se proponen cambiar radicalmente la estructura del Estado y de la propiedad de sus países, con objetivos socialistas, pero sin ruptura revolucionaria. En 2010, habrá elecciones en Colombia y en Brasil, y en 2011, en Perú y en Argentina.
Durante esta primera década del siglo, los cambios en el continente fueron favorecidos por la expansión económica mundial, que también estimuló el proyecto de integración de América del Sur. Pero la crisis financiera de 2008 provocó una desaceleración del crecimiento y del propio proyecto de integración económica. Y el proyecto de integración política fue afectado de lleno por el nuevo acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos, que autoriza el uso del territorio colombiano por efectivos militares norteamericanos, desde donde podrán controlar el espacio aéreo de Venezuela y de toda América del Sur. Por ello, no es exagerado decir que el futuro de América del Sur, en la primera mitad del siglo XXI, estaría decidiéndose en estos próximos dos años. Y ya es posible mapear las grandes disyuntivas y elecciones que están en el horizonte del continente suramericano.
En primer lugar, desde el punto de vista económico, lo que se debe esperar para después de la crisis es un aumento de la presión de los mercados internacionales y la profundización de la condición periférica y primario-exportadora de la mayoría de los países suramericanos. Incluso si se amplían y se diversifican sus exportaciones en dirección a Asia, y a China, en particular. En esta nueva coyuntura, sólo una voluntad política coherente y continuada podrá mantener en pie el proyecto de integración suramericana. Esto supone una decisión de Estado y una capacidad colectiva de mantener bajo control los conflictos locales, a despecho de los cambios de gobierno. Y supone también, una política conjunta de fortalecimiento del mercado interno de América del Sur, con la reducción de la dependencia regional de las crisis y de las fluctuaciones de los precios internacionales. En este punto, no existe término medio, porque los países dependientes de la exportación de productos primarios, incluso en el caso del petróleo, nunca conseguirán dirigir su propia política macro-económica, y mucho menos todavía, su inserción en la economía mundial.
En segundo lugar, desde el punto de vista político, la crisis económica evidenció todavía más las asimetrías y desigualdades nacionales y sociales que están detrás de la heterogeneidad política regional y que explican, en parte, la falta de interés o de entusiasmo de algunos países del continente, por el proyecto sur-americanista. Finalmente, desde el punto de vista de la seguridad continental, el aumento de la presencia militar estadounidenses en Colombia sirve para recordar que América del Sur seguirá por un buen tiempo –y aunque no lo quiera- bajo la “protección” del poder espacial, aéreo y naval de EE UU. Y deberá tener una enorme persistencia y tenacidad para construir un sistema autónomo de seguridad regional, sin producir una carrera armamentista dentro de la propia región.
De cualquier forma, una cosa es cierta: el futuro del proyecto suramericano dependerá cada vez más de las elecciones brasileñas, y de la forma que Brasil desarrolle sus relaciones con Estados Unidos. Desde el punto de vista económico, la presión de los mercados internacionales y las nuevos descubrimientos de petróleo en la capa del pre-sal, también están ofreciendo a Brasil, la posibilidad de transformarse en una economía exportadora de alta intensidad, una especie de “periferia de lujo” de las grandes potencias compradoras del mundo, como fueron en su debido tiempo, Australia y Argentina, entre otros. Pero existe la posibilidad de que Brasil escoja otro camino que combine su potencial exportador con una estructura productiva industrial asociada y liderada por una economía más dinámica, como es el caso contemporáneo de Canadá, por ejemplo. Además existe una tercera alternativa, absolutamente nueva para el país, y que apunta de cierta forma, hacia el modelo de la estructura productiva norteamericana: con una industria extensa y sólida, y una enorme capacidad de producción y exportación de alimentos y otros commmodities de alta productividad, incluyendo el petróleo, en el caso brasileño. Por otro lado, en el campo político, después de la hegemonía de las ideas neoliberales y privatistas, y del “cosmopolitismo servil”, en el campo internacional, se está consolidando en Brasil, un nuevo consenso desarrollista, democrático y popular, pero que en este caso, no tiene nada que ver con el socialismo.
Las perspectivas futuras de esta coalición de poder, sin embargo, dependerán, en gran medida, de la estrategia internacional de los próximos gobiernos brasileños. Brasil puede transformarse en un “aliado estratégico” de Estados Unidos, de Gran Bretaña y de Francia, con derecho de acceso a una parte de su tecnología de punta, como en el caso de Japón, o el mismo Israel, que accedió a la tecnología atómica militar, con el apoyo de Francia. Pero Brasil también puede elegir un camino propio de afirmación soberana y de expansión de su poder internacional. Y en este caso, si Brasil quisiera cambiar su posición geopolítica, obedeciendo las “reglas del juego” del sistema mundial, tendrá que desarrollar un trabajo extremadamente complejo de administración continua de las relaciones de competencia, conflicto y complementariedad con Estados Unidos, y con las demás potencias, teniendo como norte sus propios intereses económicos y geopolíticos. En una disputa prolongada por la hegemonía de América del Sur, como si fuese una “lucha oriental” con Estados Unidos. Caminando a través de una vereda muy estrecha y durante un tiempo que puede prolongarse por varias décadas. Además de esto, si Brasil quisiera liderar la integración soberana de América del Sur en el mundo, tendrá que inventar una nueva forma de expansión económica y política continental y mundial, sin “destino manifiesto” ni vocación misionera, y sin el imperialismo bélico de las dos grandes potencias anglo sajonas. (traducción ALAI)
El Tribunal Internacional de la Libertad Sindical condena a la presidencia mexicana
Publicado en Latinoamérica con etiquetas América Latina, Capitalismo, Crísis, Cultura, Economía, Hegemonía, Historia, Imperialismo, Internacional, Latinoamérica, México, Política, Reflexiones, Sindicatos el 9 Noviembre 2009 por La historia del diaJames Cockcroft
Znet.org
Traducido para Rebelión por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.
En la Ciudad de México, el 28 de octubre, el Tribunal Internacional de la Libertad Sindical (que deliberará sobre la libertad sindical en México del 26 de octubre de 2009 al 1 de mayo de 2010) concluyó la primera de sus dos sesiones públicas con un informe preliminar que condenó duramente al presidente Felipe Calderón por sus violentas medidas contra los sindicatos desde que asumió el gobierno tras su discutible elección en 2006. El Tribunal fue organizado en los meses anteriores por más de 30 organizaciones sociales y civiles de México y otros países. Oyó testimonios públicos de representantes de 16 sindicatos sometidos al ataque de la carrera de fondo de la privatización en México.
El Tribunal está compuesto por veinte prominentes juristas laborales y expertos en derechos humanos, que incluyen periodistas galardonados, escritores, y defensores de la paz, más de mitad procedentes de otras partes de las Américas y Europa, incluido este reportero. Dos de los miembros que no pudieron asistir fueron el argentino ganador del premio Nobel de Paz 1980, Adolfo Pérez Esquivel, y el destacado periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, que esperan participar en la segunda sesión pública programada para finales de abril de 2010.
Como señaló la prensa mexicana, James Cockcroft, este reportero, dirigió la inauguración del Tribunal junto con la senadora Rosario Ibarra de Piedra, principal defensora de los derechos humanos en México y cuatro veces nominada para el premio Nobel de la Paz, y Miguel Ángel Granados Chapa, ganador en dos ocasiones del premio nacional de periodismo de México. Ellos explicaron que el Tribunal representa el ejercicio de la “justicia de los ciudadanos”, históricamente el primer tribunal del mundo sobre cuestiones laborales. Sigue los pasos del tribunal Bertrand Russell contra la guerra de EE.UU. en Vietnam y de los tribunales que posteriormente han actuado como “la conciencia de la humanidad” en casos como las intervenciones militares-terroristas de Estados Unidos en Nicaragua durante la década de los 80 o contra la Revolución Cubana en los últimos cincuenta años. Sus informes y decisiones irán a todas las instituciones pertinentes nacionales e internacionales que se ocupan de los derechos de los trabajadores y los derechos humanos, como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y la Corte Penal Internacional de La Haya. La presencia del Tribunal rompe así la falta de escrutinio público internacional del que los últimos gobiernos mexicanos represivos han disfrutado.
La Ciudad de México está siendo sacudida por una airada respuesta popular al envío por del presidente Calderón de tropas armadas y policías federales, el 10 de octubre, para tomar la empresa paraestatal “Luz y Fuerza del Centro” (LFC), responsable de la compleja red eléctrica del centro de México. La rápida acción a medianoche, destinada a destruir el sindicato independiente de trabajadores de la electricidad (SME), que durante 95 años organizó la fuerza laboral independiente más sólida por la democracia y los derechos de los trabajadores, instantáneamente despidió a más de 44.000 trabajadores de un solo golpe. Por medio de ello avanzó la privatización del lucrativo sector de la energía en México, así como de su extensa red de fibra óptica para venderla a los monopolios de telecomunicaciones nacionales y extranjeros.
Calderón y las grandes empresas de medios de comunicación han intentado justificar la acción militar, seguida de un decreto presidencial al día siguiente, afirmando que “la ineficacia económica” de la LFC procedía de los beneficios y altos salarios de los trabajadores del SME ganados en el transcurso de decenios de lucha. Sin embargo, la falta de rentabilidad de la LFC derivaba de la provisión del propio Estado de energía gratuita a las mayores industrias de México, junto con la compra de energía, a precios exorbitantes, de la LFC a la Comisión Federal de Electricidad. La incautación de las plantas de energía de la LFC fue inconstitucional e ilegal en muchos aspectos, incluida la falta de aprobación previa del Congreso Nacional, responsable de cualquier cambio en el sector de la energía (Artículo 26 de la Constitución).
El 15 de octubre, entre 350.000 y un millón, o más, de personas marcharon en apoyo del SME hacia El Zócalo, la plaza histórica de la Ciudad de México. La manifestación, que duró un día, incluyó a muchas familias de la clase media oprimidas por la educación, los despidos y las reducciones de salarios, y las “brigadas ciudadanas” que apoyan a Andrés Manuel López Obrador, la persona que la mayoría de la gente cree que ganó las elecciones de 2006.
Chile: La Concertación en las puertas del desalojo
Publicado en Latinoamérica con etiquetas América Latina, Capitalismo, Chile, Concertación, Crísis, Cultura, Economía, Elecciones, Hegemonía, Historia, Imperialismo, Internacional, Latinoamérica, Política, Reflexiones el 9 Noviembre 2009 por La historia del diaEduardo Andrade Bone
Barómetro Internacional
Si nos atenemos al diseño que ha venido desarrollando el pinochetismo a través de los sondeos y encuestas de entidades compuestas en lo esencial por determinados grupos empresariales, medios de prensa golpistas y de “estudios” de raigambre conservadora y de extrema derecha que favorecen siempre en sus sondeos al “empresario” y especulador financiero, Sebastián Piñera, llegaremos a la conclusión que el desalojo de los gobiernos de la Concertación del aparato del Estado, estaría a la vuelta de la esquina.
Dicha situación se produciría no por los méritos propios de la Alianza por Chile, que representa el legado político y económico de la dictadura de Pinochet, si no que más bien por las grandes frustraciones y decepciones que ha generado la Concertación y su cogobierno con el pinochetismo durante ya casi 20 años.
Producto del desencanto existente con esta coalición socialdemócrata neoliberal, que prometió mucho en su programa original, pero que luego se fue desdibujando para darle continuidad a toda la obra de la dictadura en el plano político y económico, para favorecer al 15% mas rico del país vale decir a los grandes empresarios, las trasnacionales y la oligarquía económica y financiera local es lo que ha alejado a la gente de la Concertación.
Los chilenos en términos generales lo único que han percibido durante estos 20 años de Concertación, son las políticas de los paliativos, la entrega de mendrugos y no las soluciones reales y de fondo que esperaba la gran mayoría de los chilenos. En este sentido la Concertación no ha tocado “ni un pelo”, los intereses de la clase económicamente dominante del país.
Pero no solo eso, la ciudadanía, la Iglesia Católica y otros sectores sociales y políticos, lo único que han visto crecer son las escandalosas deudas crediticias de más de un 60% de los chilenos, las grandes desigualdades y injusticias sociales que han generado los neoliberales enquistados en los gobiernos concertacionistas y su cogobierno con la Alianza por Chile, abriendo así una gran brecha entre unos pocos ricos y la gran mayoría que vive su pobreza de diversas formas.
La clase trabajadora chilena, los sectores populares y las capas medias empobrecida, aun no perciben el mentado crecimiento económicos y sus beneficios reales para el mejoramiento de las condiciones de vida de los estratos sociales con menor poder adquisitivo del país.
Los chilenos y los electores perciben con asombro la aparición de una casta política parlamentaria y de gobierno que aparece más preocupada de legislar en función de sus propios negocios y los de sus amigos que del bien común de todos los chilenos y del desarrollo real del país.
Por ejemplo en conversaciones sostenidas con jóvenes que nacieron durante la segunda mitad de la dictadura militar y los que han nacido bajo la democracia del régimen militar, suelen decir que ellos solo han conocido una “caricatura democrática” y que esto no es lo que ellos esperaban o esperan del país. Estos mismos jóvenes, suelen decir que la democracia de Pinochet y el cogobierno entre Concertación y Alianza por Chile, se encuentran profundamente desprestigiado.
Ahora en el caso de la casta política que cogobierna el país, los jóvenes al igual como lo señalan diversos sondeos y encuestas, manifiestan que ésta se encuentra en una creciente espiral de corrupción, que hace uso y abuso del tráfico de influencias para beneficiar a su entorno más cercano, ya sean familiares o amigos, o para pagar favores políticos o electorales.
De allí que el desalojo de la Concertación de un presunto nuevo y quinto gobierno, estará más determinado por las falencias de sus propias políticas con respecto a lo que esperaba el pueblo chileno de ellos, que por la capacidad del pinochetismo para derrotarla en el plano electoral. En este sentido es la propia Concertación la que le esta pavimentando el camino al pinochetismo, encabezado por Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente (Alianza por Chile).
Como suelen decir muchos en Chile, la Concertación es un conglomerado político que se encuentra desgastado, erosionado, en permanente confrontación interna, en donde primas las ambiciones personales o grupales, sin un proyecto estratégico de sociedad. La Concertación como coalición política parece encaminarse a su fragmentación definitiva que los pone en peligro de su propia extinción.
El Partido Socialista que ya nada tiene de socialista y la Democracia Cristiana que tampoco tiene nada de cristiana, pueden correr la misma suerte de sus pares europeos que se encuentran sumidos en un cierto caos político y la perdida gradual del apoyo electoral.
La inexistente voluntad política para terminar con la Constitución de la dictadura y su sistema electoral antidemocrático, la exclusión del alrededor del 15% del electorado de sus derecho a tener representantes en el parlamento, son otros de los elementos que terminarán por pasarle factura a la coalición socialdemócrata neoliberal.
La Concertación no solo tiene una deuda histórica que saldar con los profesores del país, también los tiene con la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales, los tiene con su ambigua política de defensa de los derechos humanos y la búsqueda permanente de la impunidad, para beneficio de los responsables de las violaciones sistemáticas a los DD.HH. cometidas bajo el régimen militar. La Concertación tiene una deuda con los pueblos originarios del país y el respeto a sus demandas ancestrales, en especial con el pueblo mapuche.
Por ello no es raro, que el candidato presidencial de la Concertación, el ex presidente, senador y empresario encubierto Eduardo Frei (DC) tenga que enfrentar un diagnostico duro de lo que ha sido hasta ahora su campaña presidencial. Lo cierto es que el candidato de la Concertación, se derrumba y registra una tendencia al retroceso en la intención de voto y no logra encantar ni prender ante el electorado, lo único que se observan es un deterioro generalizado de la campaña presidencial del candidato concertacionista.
Las políticas de la Concertación y el gobierno de Bachelet, solo le quitan votos al candidato oficialista, por ejemplo el conflicto suscitado con los profesores y su deuda histórica le resta un apoyo subjetivo de presuntos 80 mil votos, que sumado junto a sus familias alcanzan alrededor de 320 mil sufragios menos para el candidato oficialista y sus candidatos a parlamentarios.
De allí que el presunto desalojo del gobierno de la Concertación, será el resultado de las propias falencias políticas del conglomerado. Que en lo económico hayan optado por la enajenación de las empresas y servicios públicos, por la aplicación del ultra neoliberalismo, para favorecer a la oligarquía nacional y las multinacionales, es algo que tiene su costo. Mientras que la gran mayoría de los chilenos, luego de tanto “éxito y crecimiento económico”, aún no logran obtener ingresos éticos o dignos para el mejoramiento de sus condiciones de vida.
El descontento y la decepción de la ciudadanía y los electores con la Concertación, esta concitando una fuga de apoyo y votos hacia el candidato de la izquierda Jorge Arrate del Juntos Podemos Más-Frente Amplio y el candidato independiente que se autodenomina “progresista liberal?”, Marco Enríquez-Ominami.
Ni la popularidad de la presidenta Bachelet, ni la incorporación de su madre, Ángela Jeria, al comando de la campaña presidencial de Frei, salvaran a la Concertación del descalabro en que se encuentra sumida, pues Frei es un candidato que genera anticuerpos ante el electorado, más que un apoyo concreto y efectivo. De acuerdo a lo que indican los diversos sondeos y encuestas, tampoco a estas alturas esta claro si Frei pasara a segunda vuelta, pues el descontento con la Concertación y en especial con sus parlamentarios y líderes políticos es muy grande, de allí que el desalojo puede ser algo más que efectivo.
Se insinúa que Frei es el heredero político de Bachelet, sin embargo la gente percibe que el ex presidente, cuando tuvo la oportunidad de haber dirigido los destinos del país, ejerció una pésima gestión, algo gris, al margen de los problemas reales de los chilenos, que nadie recuerda como beneficiosa, de allí que se encuentra muy mal evaluado por el electorado y las intenciones de votos.
La presunta derrota de Frei en las urnas y la entrega del gobierno “en bandeja” al pinochetismo significara la autodestrucción de la Concertación, pues el mea culpa y la confrontación interna será cada vez mayor, dando paso así a la aparición de nuevos actores y alianzas políticas que marcaran un nuevo rumbo de la política nacional.
Lo expuesto indica finalmente de que en Chile se esta conformando un nuevo cuadro político y electoral, de imprevisibles consecuencias para el país. Pues al margen de la manipulación y distorsión que se hacen de los sondeos y encuestas a favor del pinochetismo, representado por Sebastián Piñera y su estridente demagogia y ofertones, éste aún no las tiene todas consigo, y no logra sobrepasar más del 40% de la intención de voto en las encuestas fabricadas en su propio beneficio.
Solo una caída gradual y mayor en las intenciones de voto, del candidato presidencial de la Concertación podrían hacer una realidad el desalojo.










































