Archivos para diciembre, 2009

Hasta la vuelta …

Publicado en Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , el 19 diciembre 2009 por La Historia Del Día
 
  
 Queridos lectores y amigos del blogroll:

Les comunico que por el periodo de dos meses estaré ausente .

Dejaré abierto el blog para la lectura de textos o descarga de libros.

 Muchísimas gracias a todos por las visitas y comentarios.

Un abrazo fraternal y hasta la vuelta

 

Latina

Estado, capitalismo y democracia en América Latina (Descargar Libro)

Publicado en Libroteca con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 19 diciembre 2009 por La Historia Del Día
Atilio A. Borón

CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales http://www.biblioteca.clacso.edu.ar/ Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina Agosto de 2003

950-9231-88-6

 (15,5 x 23,0 cm) 319 páginas

 

 

 

 

INDICE

Prólogo a la edición 2003

Prólogo a la tercera edición

Prólogo a la primera edición

Introducción.

Después del saqueo: el capitalismo latinoamericano a comienzos del nuevo siglo

Capítulo I.

El fascismo como categoría histórica: en torno al problema de las dictaduras en América Latina

Capítulo II.

Entre Hobbes y Friedman: liberalismo ecónomico y despotismo burgués en América Latina

Capítulo III.

Mercado, estado y democracia. Reflexiones en torno a la teoría política del monetarismo

Capítulo IV.

Alexis de Tocqueville, la democracia y el estatismo de la sociedad burguesa

Capítulo V.

Democracia y reforma social en América Latina: reflexiones a propósito de la experiencia europea

Capítulo VI.

La razón extraviada: la crítica neoliberal y el estado en los capitalismos contemporáneos

Capítulo VII.

La transición hacia la democracia en América Latina: problemas y perspectivas

Capítulo VIII.

Estadolatría y teorías “estadocéntricas”: notas sobre algunos análisis del estado en el capitalismo contemporáneo

Capítulo IX.

Tras el diluvio siempre sale el sol. La teoría política marxista entre las transformaciones del capitalismo y el derrumbe de los “socialismos realmente existentes”

_______

 

Introducción:

Después del saqueo: el capitalismo latinoamericano a comienzos del nuevo siglo

“No. No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar”.

Bertolt Brecht

Más de diez años han transcurrido desde que este libro viera originariamente la luz, en los inicios de la década de los noventa. Desde entonces, muchas cosas han cambiado en América Latina y, como sabemos, no todas para bien. Es por eso que la preocupación central de esta obra, el examen de las posibilidades y límites de un capitalismo democrático en los países de la periferia, conserva una angustiante actualidad. Algunas de las anticipaciones teóricas que allí se formulaban pueden ahora examinarse con la rigurosidad que permite la investigación de la historia contemporánea. Desafortunadamente, las tesis principales del libro, que en su momento fueran calificadas por sus críticos como expresiones anacrónicas de un sesentismo mal digerido, o como la inadmisible supervivencia de viejos dogmas o concepciones sectarias, fueron rotundamente confirmadas por el devenir de los hechos históricos.

Repasemos sucintamente algunas de las principales conclusiones expuestas en la primera edición de nuestro libro:

- la lucha por la democracia en América Latina, es decir, la conquista de la igualdad, la libertad y la participación ciudadana, es insostenible al margen de una lucha contra el despotismo del capital. Más democracia implica, necesariamente, menos capitalismo (Capítulo 2).

- el neoliberalismo remata en una concepción y una práctica profundamente autoritaria en la gestión de la cosa pública. Por eso el dilema neoliberal no es entre estado y mercado, sino entre democracia y mercado. Y sus representantes no vacilan en sacrificar la primera en aras del segundo (Capítulo 3).

- el predominio de facto de los intereses de las clases dominantes, derrotadas en la arena electoral pero triunfantes en las “alturas” del aparato estatal, ha quebrado las expectativas de justicia que grandes sectores sociales habían depositado en el naciente orden democrático. Las ominosas secuelas de esto no tardarán en hacerse sentir (Capítulo 4).

- los agentes sociales de la democracia no pueden aspirar a “democratizar el mercado”. En ese reino privilegiado de los intereses privados no caben los argumentos de la justicia distributiva (Capítulo 5).

- el capitalismo latinoamericano es tan reaccionario que aún las más tímidas reformas son percibidas como instancias catalizadoras de la revolución y, en cuanto tales, combatidas con ferocidad por las clases dominantes (Capítulo 5).

- el discurso del “realismo posibilista” es incapaz de transformar la realidad y termina glorificando el status quo, consolidando las inequidades e injusticias estructurales de la sociedad y frustrando las expectativas populares en relación con la recuperación de la democracia (Capítulo 5).

- las políticas neoliberales provocan el progresivo vaciamiento de los nuevos regímenes democráticos. Estos se convierten en una pura forma, y la vida social regresa al paroxismo de una situación “cuasi-hobbesiana” de lucha de todos contra todos, de “sálvese quien pueda”, que abre las puertas a toda clase de comportamientos aberrantes (Capítulo 7).

- el marxismo no es una colección de dogmas fosilizados y canonizados, cuyo “éxito” teórico y práctico se encuentra garantizado de antemano. Sin la praxis creativa de los hombres y las mujeres que son los hacedores reales de la historia, la noble utopía diseñada por Marx puede frustrarse, y lo que hoy conocemos como “civilización” replegarse a la más oscura barbarie (Capítulo 8).

Lamentablemente, el inapelable veredicto de la historia ha corroborado los pronósticos que formuláramos hace ya más de una década en torno al curso del desarrollo capitalista en nuestra región. No se trataba de un pesimismo visceral ni del perverso deseo de que las cosas “salieran mal” en el nuevo ciclo histórico que se iniciaba en América Latina con el advenimiento de las democracias. Dichas previsiones se fundaban en un análisis concreto de la naturaleza y dinámica de los capitalismos latinoamericanos que no permitía compartir las ilusorias predicciones formuladas desde el saber convencional de las ciencias sociales sobre el futuro de las nuevas democracias y el tipo de sociedad resultante de los procesos de reestructuración capitalista en marcha. Tal como lo hemos repetido en numerosas oportunidades, ese debate ha quedado saldado, no como producto de una polémica escolástica sino como resultado de la vida práctica de nuestros pueblos.

En efecto, ya no quedan dudas sobre el significado y objetivo de las políticas neoliberales; tampoco en lo tocante a las limitaciones de la democratización iniciada bajo tantas esperanzas en los años ochenta. Los mitos que ocultaban las verdaderas intenciones de dichas políticas se evaporaron en el horno incandescente de la práctica histórica. Lo que antes eran previsiones teóricas y posiciones fuertemente combatidas por los representantes del pensamiento único dan ahora paso al penoso recuento del saqueo, al luctuoso inventario de las víctimas que han quedado en el camino, al desalentador balance del despojo de nuestras riquezas y el robo de nuestros sueños. El pseudo-”reformismo” del Consenso de Washington quedó al desnudo, y cuando se disiparon los humos de la batalla y las ilusiones fomentadas por la propaganda difundida por las grandes agencias de indoctrinamiento ideológico del capital lo que apareció ante nuestros ojos fue un paisaje aterrador: un continente devastado por la pobreza, la indigencia y la exclusión social; un medioambiente agredido y en gran parte destruido, sacrificado en el altar de las ganancias de las grandes empresas; una sociedad desgarrada y en acelerado proceso de descomposición; una economía cada vez más dependiente, vulnerable, extranjerizada; una democracia política reducida a poco más que un periódico simulacro electoral, pero en donde el mandato del pueblo (palabra que, dicho sea al pasar, fue desterrada del lenguaje público y reemplazada por otras más anodinas, “la gente”, por ejemplo, o más engañosas, como la “sociedad civil” o la “ciudadanía”), para no hablar de sus esperanzas y expectativas, son sistemáticamente desoídos por las sucesivas autoridades que se constituyen después de los comicios; y por último, en un listado que no pretende ser exhaustivo, un estado en algunos casos acribillado por la corrupción y casi siempre penosamente impotente para lidiar con los desafíos de nuestro tiempo y para poner coto a la vocación antropofágica de los monopolios, el gran capital imperialista y sus aliados.

Atrás quedaron las ilusiones prolijamente cultivadas por los aparatos ideológicos del capital: tal como era de esperar, el famoso “efecto derrame” (trickle-down) que según la teoría neoliberal descargaría pródigamente sobre los hogares de los más pobres parte de la riqueza acumulada por los más ricos no se produjo. En su lugar hemos visto el fenomenal aumento en la concentración de la riqueza, que hizo que nuestros ricos se enriquecieran cada día más mientras abajo crecía aceleradamente el número de pobres e indigentes que se sumían en una deprivación sin precedentes en nuestra historia. La apertura comercial, que supuestamente sería correspondida por una movida equivalente practicada por los países capitalistas desarrollados, terminó siendo un gesto autista, con catastróficas consecuencias en los niveles de empleo de nuestras sociedades. Las privatizaciones consagraron el saqueo legal del patrimonio público y su traspaso a grandes monopolios –¡en muchos casos empresas estatales de las metrópolis imperialistas!– que de ese modo se quedaron, a precio vil, con empresas y recursos que los países habían acumulado a lo largo de varias generaciones. Por último, la desregulación financiera, exaltada por el catecismo neoliberal como segura fuente de ingreso de capitales para nuestra región, convirtió a la mayor parte de las economías de América Latina y el Caribe en sucursales de ese gigantesco casino mundial que según Susan Strange es el sistema financiero internacional.

No sorprende pues constatar la creciente desestabilización social de nuestros países y los preocupantes signos que hablan de la debilidad de sus reconquistadas democracias. Este es un dato que suelen pasar por alto quienes se conforman con una mirada sobre las apariencias y los aspectos más superficiales de la realidad. Lo cierto, en cambio, es que más allá de los formalismos las democracias latinoamericanas se han ido vaciando de contenidos. Por eso no suscitan ni esperanzas ni expectativas, y sus promesas han caído en el vacío. No por casualidad las diversas encuestas de opinión que se practican en la región registran el alto grado de frustración de los ciudadanos con los desempeños de los gobiernos democráticos. El escepticismo, la apatía y la indiferencia ante los dispositivos institucionales de la democracia crecieron sin pausa en los últimos años. De persistir este desencanto será apenas cuestión de tiempo antes de que el mismo se extienda desde los gobiernos que se supone deben encarnar las aspiraciones de la democracia al régimen democrático en sí mismo. Este contagio será inevitable en la medida en que los gobiernos, con apenas ligeras diferencias entre ellos, se desentendieron de la suerte de los ciudadanos y concentraron sus esfuerzos en complacer las demandas de las minorías y de una rapaz plutocracia que se presenta como la concreción histórica de las conquistas democráticas y las virtudes del libre mercado.

La expresión política de esta insatisfacción ciudadana ha sido muy variada: va desde la insurgencia zapatista de Chiapas hasta las formidables movilizaciones del 19 y 20 de diciembre de 2001 en la Argentina que derrocaron al gobierno de Fernando de la Rua. Otros hitos en este sendero fueron las insurrecciones indígenas y campesinas del Ecuador; la protesta urbana en el Perú que precipitó primero la caída de Alberto Fujimori y que tiene ahora en jaque al gobierno de Alejandro Toledo, bendecido desde sus inicios por George W. Bush en persona; las luchas de los trabajadores de la salud en El Salvador; la nueva insurgencia popular boliviana, vinculada a la lucha por el agua, la defensa de los cultivos autóctonos y contra las políticas de ajuste; la aplastante derrota sufrida por el candidato del continuismo neoliberal en Brasil, José Serra, a manos de Luis Inacio “Lula” da Silva; el ascenso y consolidación de Hugo Chávez en la presidencia de Venezuela, resistiendo a pie firme la conspiración urdida, con el beneplácito de la Casa Blanca, por los sectores más reaccionarios y corruptos de la sociedad venezolana; la conformación de un impresionante movimiento de protesta en el México de Fox, “El Campo No Aguanta Más”, en contra de las políticas neoliberales incitas en el NAFTA; y, finalmente, el masivo repudio que concitara en las elecciones presidenciales de la Argentina, en abril de 2003, la tentativa de retorno de quien fuera el paradigma de las políticas neoliberales en la región, Carlos Saúl Menem.

En las páginas que siguen procuraremos aportar una visión de conjunto, a vuelo de pájaro, sobre las transformaciones operadas en las sociedades latinoamericanas en los años recientes.

Naturaleza y alcances del “reformismo” neoliberal

La década de los ochenta fue testigo de una verdadera oleada reformista que, de manera desigual, afectó a la casi totalidad de los países de nuestra región. Antes de presentar sus contornos más sobresalientes conviene empero detenerse brevemente para despejar una cuestión semántica para nada intrascendente.

Resulta que se ha convertido en un lugar común hablar de “reformas” para referirse a aquello que, en la tradición del pensamiento político occidental, responde mejor a la expresión “contra-reforma”. Hemos explorado este tema en otro lugar, razón por la cual no nos extenderemos ahora en esa consideración1.

Bástenos con decir que en realidad las políticas llevadas a cabo en nuestra región, lejos de haber introducido “reformas” –esto es, cambios graduales en una dirección tendiente hacia una mayor igualdad, bienestar social, y libertad para el conjunto de la población, tal como lo indicaría la palabra “reforma” en la tradición de la filosofía política–, lo que hicieron fue potenciar una serie de transformaciones que recortaron antiguos derechos ciudadanos, redujeron dramáticamente las prestaciones sociales del estado y consolidaron una sociedad mucho más injusta y desigual que la que existía al comienzo de la etapa “reformista”. Lo que ocurre es que la victoria ideológica del neoliberalismo se expresa, entre otras cosas, por un singular deslizamiento semántico que hace que las palabras pierdan su antiguo significado y adopten otro nuevo y, en algunos casos, como éste, claramente antitético. En ese sentido, las “reformas” padecidas por nuestras sociedades en las últimas décadas son, en realidad, crueles “contra-reformas” y acentuados procesos de involución social. Uno de los más militantes ideólogos de esta peculiar forma de “reformismo”, Sebastián Edwards, ex-economista jefe del Banco Mundial, brindaba una versión extraordinariamente optimista de lo acontecido desde los años ochenta: “A mediados de 1993, los analistas y medios económicos internacionales recibían las reformas hacia una política de mercado como un éxito y proclamaban que varios países latinoamericanos iban camino de convertirse en una nueva generación de ‘tigres’. Los inversores extranjeros se aproximaron rápidamente a la región y los consultores y estudiosos se apresuraron a analizar las experiencias de Chile, México y Argentina con el fin de aprender de primera mano cómo unos países que, sólo unos años antes, habían parecido no tener esperanza, se habían vuelto tan atractivos para el dinero internacional”2. En función de esta peculiar apreciación, Edwards procede a dividir a los países de la región en cuatro categorías, como puede verse a continuación3 (…)

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Chile: El neoconservadurismo criollo y una transición amenazada

Publicado en Latinoamérica con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , el 18 diciembre 2009 por La Historia Del Día
Elección presidencial en Chile. Segunda Vuelta 17 de enero: El neoconservadurismo criollo y una transición amenazada

Juan Francisco Coloane

Argenpress. info

Desde el fallecimiento del general Augusto Pinochet hace tres años, y otros hechos como el ajusticiamiento a militares violadores de DDHH, en Chile ha prendido la idea en muchos sectores, de que el proceso de desprogramar la cultura de la dictadura y sentar una democracia plena, habría concluido.

Para todos los efectos de síntesis, a este proceso se le ha llamado de “transición”. Se han escrito varias interpretaciones aunque también se han generado discrepancias.

Si uno tomara al pie de la letra lo que es una democracia con plenos derechos restituidos a las personas y con amplios poderes ciudadanos, estaríamos hablando en América del Sur al menos, de transiciones que se prolongan eternamente.

Es así que se intenta cerrar el capítulo y dar vuelta la página, como que se decretaran períodos presupuestarios en los países respecto a las etapas de la democracia, siendo que se trata de un proceso cultural continuo.

Lo de Chile es más concreto. El posible regreso del neoconservadurismo al poder después de 20 años, pone en peligro el proceso de transición de la dictadura a una democracia pensemos que básica, para evitar decir plena. .

Desde el fin de la dictadura militar en 1989, Chile ha completado 20 años intentando cerrar el capítulo de la transición, a través de una coalición política de centro-izquierda llamada Concertación de Partidos por la Democracia que ha gobernado por ese mismo período.

En la coyuntura decisiva de si esta coalición pierde o gana frente a la derecha, en la segunda vuelta del 17 de enero, el punto principal es que esta transición que la coalición de gobierno ha podido impulsar con eficacia, no ha concluido, como algunos cuarteles proyectan con injustificada vehemencia.

Completar la transición es una tarea pendiente de la Concertación.

Sería un error histórico pensar que la transición se completa a través de un gobierno liderado por un conglomerado de derecha, que pone enormes dificultades para que esa transición se consolide y se cierre como capítulo.

Por la cerrazón de la alianza de derecha, esa transición, que es uno de los principios básicos para asegurar la gobernabilidad, ha quedado a veces en el limbo.

En la evaluación está inconclusa en varias áreas: la Constitución concebida en dictadura militar y que no ha sido reformulada a cabalidad; los procesos inacabados de reparación y justicia a los DDHH; en cerrar el sistema electoral binominal basado en las dos coaliciones de mayoría que se reparten los escaños parlamentarios, una aberración ética en ingeniería electoral; entregar plenas garantías de libertad de prensa; la ley de amnistía; rectificar las leyes que perjudican la protección al empleado, y en reducir al máximo el autoritarismo del estado que se prolonga como cultura después de una larga dictadura. Son algunas áreas.

Los 20 años de Concertación han sido insuficientes en cuanto a cerrar los procesos señalados propios de una transición con muchos obstáculos.

El país cayó a veces en lo que un sociólogo (Philip Slater) llama en EEUU: “La cultura del toillette; poner en el alcantarillado aquello que no queremos ver, o no conviene que exista.”

Las “llaves del reino” para impedir que regrese el neoconservadurismo

Para impedir que el neoconservadurismo regrese al poder en Chile, “las llaves del reino”, valga la metáfora, las posee Marco Enríquez –Ominami, el candidato independiente que logró un porcentaje de 20% en la primera vuelta el 13 de diciembre.

Es más que suficiente para considerar que representa una “tercera fuerza”, aunque no tenga partido y en estas elecciones “sus” candidatos no hayan obtenido escaños parlamentarios, por el momento.

Lo que él diga o haga, contribuirá en gran parte a decidir quién será el próximo administrador del estado de Chile.

No es porque sea el “dueño de los votos”, como el mismo lo ha reiterado, sino porque es dueño de una postura que logró un porcentaje suficiente como para hacer depender de esos votos, al posible triunfo de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta – el de centro izquierda Eduardo Frei con un 29.6 %, y el de derecha Sebastián Piñera con un 44%.

Debo haber sido uno de los primeros en usar el término tercera fuerza cuando estaba en el 10% de las encuestas varios meses antes de la elección del 13 de diciembre, en un artículo que escribí para Argenpress.

Desde hace mucho tiempo, no había surgido un personaje político que en menos de un año se posicionara con tanto vigor y pudiera incidir en forma tan crucial en una elección presidencial como Marco Enríquez Ominami, y con el poder de voz que dispone.

Mañana puede ganar Senastán Piñera el candidato de la derecha y el neoconservadurismo, y se le atribuirá a él.

Puede ganar Eduardo Frei, el candidato de la coalición oficialista de centro izquierda llamada Concertación y será también por él.

Independientemente de lo que decida o haga, avanzó con creces, y todavía puede aspirar a influenciar más en este proceso de culmina el 17 de enero, cuando se decida quién administra Chile por cuatro años más.

Las “llaves del reino”, las tiene Marco Enríquez-Ominami, aunque para algunos les duela en los huesos.

La Concertación es hasta ahora, la fórmula de gobierno que a Chile le ha comenzado a dar resultados para salir de la estela que dejan 17 años de dictadura militar penetrante en el tejido social del país.

Chile en políticas sociales y económicas ha progresado considerablemente y están los informes de Naciones Unidas que lo corroboran.

Con todo el reclamo de la gente en materia de políticas públicas sociales, es probable que Chile tan vilipendiado internamente por la política, sea el paradigma de un estado de desarrollo para dar el salto a la próxima etapa más alejada del subdesarrollo. Hay que reconocerlo.

Hay que reconocer también que existen problemas, y numerosas necesidades insatisfechas todavía, y especialmente no hay mucha alegría porque las estrategias de supervivencia están exacerbadas por un sistema económico que tal vez demanda más de lo que recompensa.

Sin embargo, la coalición de centro izquierda que en 1989 inicia un proceso de democratización con el fin de la dictadura militar, sin duda entrega más garantías por la sencilla razón de haber administrado eficazmente una transición difícil pero pacífica, y con un modelo de mediación y proceso de reconciliación respetado en otros países.

Frente a las contradicciones inconmensurables que se presentan en un período político con altísima distorsión por el bombardeo propagandístico para que la coalición de gobierno pierda el poder a toda costa, surgen interrogantes respecto al representante de la tercera fuerza.

La primera es, si Marco Enríquez-Ominami percibe todas las situaciones generadas por los resultados de la primera vuelta, con la misma agudeza con que diagnosticó los problemas en la Concertación.

El candidato de la coalición de centro-izquierda aparece como el más vulnerable, enfrentando un clima marcadamente adverso por la inmensa propaganda montada en su contra en los medios con más llegada en poder de la derecha.

La segunda es, si frente a la magnitud de la tarea de haberse transformado en un mediador de poder en un momento crucial para el país, estará en la disposición y con la libertad suficiente para coliderar y absorber el esfuerzo colectivo mayor de reordenar el contingente de la izquierda y el centro político, para evitar que regrese la derecha y el neoconservadurismo al poder.

El posible regreso del neoconservadurismo al poder en Chile después de 20 años pone seriamente en peligro el proceso de transición de la dictadura a una democracia plena.

El tema decisivo consiste en que sobre la conciencia de este “propietario de las llaves del reino”, un joven político de gran dinamismo e indudable talento mediático, se está haciendo depender tanta historia, y en un tiempo tan breve.

Es como una situación de extraña distorsión para un país de trayectoria un poco más colectiva.

¿Es la “tercera fuerza” la que decide? O es el personaje que la aglutinó y un grupo de hábiles asesores, los que deciden. En una especie de “foquismo” de los años 60 remodelado con bagatelas de democracia burguesa.

En Chile se presenta en esta elección, la situación ideal para los grandes aciertos y fracasos en la historia, claro, dependiendo del lado en que se observa.

http://www.argenpress.info/2009/12/eleccion-presidencial-en-chile-segunda.html

La reforma política de Calderón

Publicado en Latinoamérica con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , el 18 diciembre 2009 por La Historia Del Día
Gerardo Fernández Casanova

Argenpress info

 

“Que el fraude electoral jamás se olvide”

 

 

El señor Calderón, a nombre del gobierno espurio que encabeza, envió al congreso una iniciativa de reforma política, que calificó como de “fondo”. Al momento de escribir estas líneas sólo dispongo del video del discurso con que la presentó ante los representantes de la prensa, en la mañana de este martes, y a él me voy a referir dando por supuesto que expresa los aspectos sustantivos de la iniciativa. Primero haré comentarios al proyecto general para luego referirme a las propuestas en lo particular.

A manera de exposición de motivos el discurso presenta un muy sucinto diagnóstico, según el cual los ciudadanos no están satisfechos con el sistema político vigente, perciben una enorme distancia respecto de los representantes que eligen y, en consecuencia, no se sienten partícipes de la atención de los asuntos públicos; así mismo, se argumenta que, por su composición actual, el sistema no es eficaz para procesar los conflictos y no se ha traducido en condiciones que garanticen gobiernos más eficaces, que rindan beneficios y que faciliten acuerdos y reformas importantes, más allá de los intereses electorales de los partidos. En efecto, lo enunciado describe el mayor problema del sistema político de siempre y en ello, estoy seguro, coincidimos todos. Pero ahí se queda; no se analizan las causas que lo originan ni se vinculan las alternativas de solución. Simplemente se brinca hasta la presentación de diez medidas inconexas, dejando de lado muchos otros aspectos relevantes de una reforma que dice ser de fondo. Se dejan sin atención, entre otros, temas tan graves como son el régimen de partidos y el financiamiento de su actividad. En el discurso se advierte que, en breve plazo, se formularán otras propuestas sobre el tema en las que, a lo mejor, se complementa la iniciativa.

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Un juez en Argentina se enfrenta a la ley de medios

Publicado en Noticias de aquí con etiquetas , , , , , , , , , , , , el 18 diciembre 2009 por La Historia Del Día

El Gobierno apelará la decisión judicial de suspender dos artículos

 

Ana Delicado Palacios

 

La Ley de Medios de Comunicación Audiovisual vuelve a ser un asunto de controversia en Argentina después de que un juez haya frenado la aplicación de dos de sus artículos. Esta disposición responde a una medida cautelar solicitada por el Grupo Clarín, el mayor conglomerado mediático del país.

Uno de los artículos que ha sido declarado inconstitucional por el juez federal Edmundo Carbone es el 41, que sólo autoriza la transferencia de licencias con la supervisión de la Autoridad de Aplicación (el ente regulador).

El otro artículo dejado sin efecto es el 161, que otorga a las empresas el plazo de un año para desprenderse de las licencias que excedan la cantidad permitida por la ley. “Vencido dicho plazo improrrogable, serán aplicables las medidas que al incumplimiento en cada caso correspondiesen”, dice el texto.

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América Latina: ayudamemoria 2009

Publicado en Latinoamérica, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 17 diciembre 2009 por La Historia Del Día
José Steinsleger*
La Jornada

 

 

Washington, 13 de enero (agencias). En su comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, la doctora Jekill (alias de Hillary Clinton) se comprometió a lavar la cara de la diplomacia estadunidense en América Latina: “Usaremos el poder inteligente (smart power)”, dijo la novel secretaria de Estado.

Washington, 11 de diciembre (agencias). La señora Hyde (ídem anterior), expresó su alarma por la “promoción” de Irán en naciones como Venezuela y Bolivia: “Si desean coquetear con Irán deberían ver las consecuencias para ellos, por lo que esperamos que lo piensen dos veces y los apoyaremos si así lo hacen”.

El comentario de la doña tuvo un destinatario preciso: la quinta cumbre de los países de la Alianza Bolivariana de las Américas (Alba, celebrada en La Habana), que condenó “…en los términos más enérgicos la ofensiva política y militar de Estados Unidos sobre la región”.

Curiosamente, Hillary omitió en su arenga a Brasil, país que si bien no pertenece a la ALBA, recibió al presidente de Irán, Mahumud Ahmadinejad, a finales de noviembre. Pero del gigante sudamericano se encargó Arturo Valenzuela, responsable del Departamento de Estado para América Latina.

Valenzuela y el principal asesor de Lula en política externa, Marco Aurelio García, acordaron dar por terminado el trágico sainete hondureño. En septiembre, el derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, se había refugiado en la embajada de Brasilia en Tegucigalpa. Opción que, por distintos y similares intereses, fue convenida entre Brasil y Washington para quemar tiempo, y llegar a las fraudulentas elecciones del 29 de noviembre.

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