Jorge Gómez Barata: Comentarios de atalaya (XIII): Crisis y empleo

Argenpress info

Jorge Gómez Barata

Hasta hoy la crisis de los años treinta y el New Deal son los más importantes eventos en la historia económica de los Estados Unidos y Franklin D. Roosevelt el más popular de sus presidentes, el único electo para cuatro mandatos, uno de los nueve que no terminó su reinado, de los ocho que no salió vivo de la Casa Blanca, del cuarteto que lo hizo por razones naturales y uno de los tres acusados de socialistas.

Los antecedentes de aquella crisis se encuentran en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) un período de prosperidad económica para los Estados Unidos, cuyas empresas recibieron enormes pedidos de la Europa beligerante y del gobierno norteamericano que armó y equipó un ejército de casi cinco millones de hombres, proceso que disparó el valor de las acciones de las empresas norteamericanas. El fin de la contienda frenó la demanda, hizo crecer los stock, provocó un aumento del desempleo pero no detuvo la especulación bursátil.

Cuando en marzo de 1929 la realidad del mercado de valores comenzó a imponerse sobre las ilusiones creadas por la especulación, la Reserva Federal, que entonces no podía imprimir dinero sin comprometer reservas de oro, intervino propiciando una fugaz estabilización.

Cuando los grandes bancos invirtieron la tendencia y en lugar de comprar vendieron acciones, se descubrió que se trataba de simples papeles sin valor alguno, el 24 de octubre de 1929 se desencadenó el Jueves Negro de Wall Street, cuando ante la oferta de unos 20 millones de títulos no aparecieron compradores y la bolsa de Nueva York entró en caída libre.

En una acción desacostumbrada, los bancos de la Reserva Federal volvieron a intervenir y operando con fondos propios y del gobierno adquirieron millones de acciones a un ritmo que en los días subsiguientes no pudieron sostener. En tres días los inversionistas vieron como se esfumaron unos cinco mil millones de dólares de entonces y que los bancos que en número de casi 5000 quebraron, no podían devolverles su dinero.

Cuentan que después de estudiar las opciones, examinar algunas medidas y realizar cálculos que indicaban que cualquier solución conllevaría a comprometer las reservas de la Nación, el presidente Herbert Hoover, temeroso de las consecuencias que podía tener una intervención masiva del gobierno, que conllevaría además un intenso debate en el Congreso y provocaría un déficit fiscal gigantesco preguntó:

— ¿Quiénes han creado el problema?

— Los bancos y la bolsa, le respondieron

— Entonces que ellos lo resuelvan.

Cierta o no la anécdota, lo real es que una posición así recuerda el dilema que, recién estrenada tuvo la administración del presidente Obama, quien a diferencia de Hoover, decidió usar dinero público para salvar a bancos e instituciones financieras que manejando a la ligera el crédito, aprovechando la irresponsable desregulación bancaria, condujeron al país a la crisis.

A diferencia de Hoover y sin las posibilidades de Roosevelt, Obama arriesga su popularidad al aparecer ante sus bases políticas como el revés de Robin Hood, que expropia a los pobres para salvar a los ricos cuando, en realidad no apuesta por ricos o pobres, sino que trata de evitar el colapso del sistema del que forman parte los unos y los otros.

Frente a la crisis Roosevelt aplicó diversas medidas, entre ellas usar fondos públicos para apoyar a bancos y ahorristas creando un seguro federal para los ahorros, adquiriendo las cosechas agrícolas y repartiendo alimentos en forma de bonos, desayuno y almuerzo escolar, suplementos a las embarazadas y subsidiando a los agricultores.

Además de un grueso paquete de medidas reguladoras de la actividad financiera y bancaria, entonces se apostó por la creación de empleos a cuenta del Estado, emprendiendo gigantescas obras de infraestructura capaces de crear en breves plazos millones de puestos de trabajo, inyectar dinero a la circulación, elevar el consumo y reactivar la economía interna. Uno de aquellos proyectos faraónicos fue la constitución de la Autoridad del Valle del Tennessee (TVA).

La Autoridad del Valle del Tennessee, una corporación pública, creada por ley del Congreso, como parte del New Deal, fue un vasto plan de desarrollo de una inmensa región que incluyó la ampliación del cauce del río del mismo nombre a lo largo de más de mil kilómetros, para controlar las inundaciones, proporcionar agua a la agricultura, propiciar el desarrollo agrícola y la reforestación y mediante represas y plantas hidroeléctricas, producir fabulosas cantidades de electricidad para abastecer a varios estados, abarcando un territorio de unos 300 000 km2. En su conjunto, a lo largo de siete años este proyecto generó nueve millones de empleos.

La determinación y la imaginación de Roosevelt fue decisivamente favorecida por dos aliados inesperados: Hitler y Stalin. Hitler porque al desencadenar la II Guerra Mundial creó una demanda industrial inédita y Stalin que al aceptar la alianza con Estados Unidos y Gran Bretaña, se integró a la ejecución de la Ley de Préstamos y Arriendos convirtiéndose en mercado receptor de un colosal volumen de pertrechos bélicos y productos industriales de los Estados Unidos.

Comparado con Obama, las ventajas de Roosevelt fueron obvias: no fue precedido por Reagan y los Bush, no heredo dos guerras, no fue incomprendido por la izquierda sino respaldado por ella y sobre todo, no era un joven negro, hijo de emigrantes de primera generación sino un aristócrata neoyorquino cuyo apellido impresionaba.

http://www.argenpress.info/

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 313 seguidores