Chile: las ideologías no mueren porque lo ordene una ley o se derrumbe un muro

Arturo Alejandro Muñoz

Kaosenlared

Piñera cree que con su triunfo en las pasadas elecciones murieron las ideologías de izquierda, por ello se atreve a plantear un indulto a militares genocidas propuesto por la iglesia católica

 

Durante semanas, a partir del golpe de estado de 1973, Luis Corvalán Lepe (recientemente fallecido) fue el hombre más buscado y perseguido por la DINA en Chile, más aun que el propio Carlos Altamirano y al mismo nivel de la persecución que se desató contra Miguel Henríquez. Para los militares golpistas esos tres hombres representaban la vida o la extinción –en Chile- no sólo de los partidos comunista y socialista, así como del MIR, en el caso de Henríquez, sino también de las respectivas ideologías.

Ya sabemos que el pensamiento militar en asuntos de política siempre ha sido algo más parecido a un chiste de salón que a otra cosa, pues en los cuarteles –al igual que en sus escuelas matrices- no hay costumbre de pensar, reflexionar, discutir ni preguntar sobre temas políticos, sean ellos relativos a la ideología o a las tiendas partidistas. Digo esto porque pretender que matando o deteniendo a Corvalán, a Altamirano o a Henríquez, era posible derribar una ideología o una tienda partidista, fue cuestión en la que sólo los militares que acompañaban a Pinochet –debido a su innegable brutalidad e ignorancia- podían creer a pie juntillas.

Cuando al finalizar casi el siglo veinte los muros ideológicos del socialismo real se vinieron al suelo, en forma coetánea a ese derrumbe comenzó la saga de publicaciones de la prensa opositora a la ideología anterior pontificando respecto a lo que ella –y muchos analistas políticos pro sistema neoliberal- consideraban que era la muerte definitiva del socialismo en la Historia de la Humanidad. Lo mismo debió haber pensado aquel emperador romano –Antonio- cuando uno de sus pretorianos (Herenio) asesinó a Cicerón, con lo cual creyó poner término ad eternum a la crítica política. Algo similar habrán elucubrado también –pero en términos y condiciones distintas- muchos comunistas luego de la histórica derrota de las fuerzas armadas norteamericanas en Vietnam. Errores de allá, de acá y de acullá.

Ya lo dijo Volpone en miles de ediciones del inolvidable diario “Clarín”: “cavernarios, el pensamiento no se multa ni se encarcela”, a lo que hoy podemos agregar: “ilusos, la lucha por justicia social recién ha comenzado”. Una lucha que no es sólo por la justicia social, ya que no se agota en ese exclusivo ámbito, sino también por la igualdad ante la ley…y por soberanía popular…y por democracia…y por libertad de pensamiento…y por libertad de prensa.

Sin embargo, luego de tantos dolores sufridos a causa de millares de heridas provocadas por disensiones, enfrentamientos, genocidio, torturas, desapariciones y mentiras oficiales, precisamente cuando nuestro país creía haber superado por fin la parte negra de su historia última, surge desde las más recónditas sombras de la inquisición política un pre acuerdo protocolizado vaya a saberse en qué momento (seguramente en plena campaña presidencial y cobijado en las sombras del Club de la Unión, del Opus Dei, de Casa Piedra, o de la inefable embajada de EEUU en Chile), respecto a soltarle los grilletes no sólo a algunos delincuentes comunes que patalean sus últimos suspiros en clínicas ubicadas en distintas cárceles chilenas sino, también, a aquellos militares de graduaciones de alta oficialidad que cobardemente ordenaron a sus subalternos asesinar y ‘desaparecer’ a decenas de chilenos y chilenas, amparándose en la potestad tiránica que le habían arrebatado a bombazos y bayonetazos a la democracia institucional.

Sebastián Piñera ha venido a practicar el juego del “alcalde de la Pérgola de las Flores” o del vulgar compra huevos, pues más allá de su mediática promesa de “encerrarse a reflexionar profundamente” para decidir sobre el indulto propuesto por la iglesia católica chilena, lo que sin duda surge como duda razonable es que este detestable asunto podía haberlo prometido hace muchos meses a los oficiales en retiro, con la pretensión de liberar a genocidas que engordan y complotan en Punta Peuco, donde el modus vivendi del general, del coronel, del capitán y de todos los demás, de una u otra forma, desmienten aquello que una vez, peregrinamente, denunciaron varios parlamentarios derechistas al asegurar que en ese lugar las condiciones de vida eran ‘deplorables’ y que en nada se diferenciaban de las cárceles comunes.

Hoy, aplicando la misma errada concepción política de algunas poco avisadas derechas latinoamericanas, el gobierno de la Alianza empresarial lanza al tapete un indulto o perdonazo en beneficio de militares torturadores, responsables directos en decenas de ilícitos graves, ya condenados por los tribunales de justicia en plena democracia, creyendo –Piñera y sus asesores- que el triunfo de la derecha en los comicios presidenciales recientes significa haber logrado el derrumbe y muerte definitiva de las ideologías de izquierda, de los sentimientos progresistas y del amor nacional por la justicia, la razón, la honestidad y la república.

Sebastián Piñera, junto a la derecha dura y al empresariado transnacional, ha abierto de nuevo la puerta al odio, a la división y al resentimiento con el sólo hecho de “encerrarse en su domicilio presidencial para reflexionar respecto al indulto a militares procesados y condenados por crímenes de lesa humanidad”. Para miles de familiares y amigos de muchos detenidos desaparecidos, este evento les significará repetir con igual dureza los momentos de intenso dolor y desesperación vividos hace décadas.

Si existe algún sector político abiertamente contrario a la reconciliación y a la paz interior del país, él se encuentra en las trincheras del fundamentalismo neoliberal que agitan como bandera muchos dirigentes y simpatizantes de tiendas paridas por el golpismo y el pinochetismo, puesto que barruntar con tanta liviandad que amplios sectores del país real no mostrarán rechazo a estas situaciones aberrantes y antidemocráticas (además insultantes para el poder judicial), se traduce en los hechos como una veleidad y soberbia clasista por parte de un gobierno que apuesta a agenciarse –independiente del método o forma que se utilice- el dominio absoluto y sin ambages del poder total.

Hay excepciones en la derecha política, por cierto. Es así que Lily Pérez –que fuera concejal por La Florida y luego diputada RN- ha manifestado su rechazo a la idea del indulto a los militares basándose, exactamente, en algunos de los argumentos esgrimidos por la directiva de Familiares de Detenidos Desparecidos.

Si el pueblo judío hubiese tenido las mismas características e idiosincrasia que distinguen a los chilenos de derecha, seguramente habría dejado libre a los Himmler, Goebbels, Eichman, Mengele y Hess, luego del juicio en Nuremberg el año 1945. Quizá, sin decirlo explícitamente, Lily Pérez pensó en ello al momento de sopesar la gravedad política y social que encierra el indulto que Piñera podría otorgar a ex agentes del Estado envueltos en asesinatos, torturas y desapariciones de cientos de chilenos.

Los sentimientos de justicia, libertad y soberanía están profundamente arraigados en gran parte del alma nacional conjuntamente con los deseos de independencia verdadera. Es posible que en determinados sectores juveniles –desinteresados todavía en estas materias- lo anterior aun no haya prendido suficientemente fuerte para transformarse en idiosincrasia, no obstante en la medida que el tiempo avance y la derecha gobernante continúe aplicando políticas divisionistas -que además abofetean burlescamente al Poder Judicial- basadas en el dinero y en la clase social, entonces, los jóvenes recordarán el poema que el imaginario colectivo atribuye a Bertold Brecht; pero que en realidad pertenece a Martín Niemoller:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

 

 

 

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2 comentarios to “Chile: las ideologías no mueren porque lo ordene una ley o se derrumbe un muro”

  1. Aníbal Says:

    Excelente artículo que desnuda completamente la realidad que vive Chile hoy. Hay muchísima razón en lo que expone Arturo Muñoz: si de ahora en adelante se producen enfrentamientos graves, atentados, peleas callejeras, etc., la culpa será exclusivamente de Sebastián Piñera que con su planteamiento de indultar a militares genocidas que se encuentran encarcelados dividirá de nuevo a los chilenos.

  2. Alejandro-boinanegra Says:

    Ojalá hubiese muerto el virus con el que la URSS infectó a Chile, hoy comienza nuevamente un brote infeccioso, pero cuando llegue el momento pedirán ayuda a quienes trataron y siguen tratando de asesinos y traidores, y tendrán un NO como respuesta.

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