Pablo González Casanova, de la sociología del poder a la sociología de la explotación

Gilberto López y Rivas

Rebelión

 

Reseña del libro de Pablo González Casanova. DE LA SOCIOLOGÍA DEL PODER A LA SOCIOLOGÍA DE LA EXPLOTACIÓN. Pensar América Latina en el siglo XXI. Antología e introducción por Marcos Roitmann. CLACSO Coediciones-Siglo del Hombre Editores. Bogotá, 2009. Presentado el 3 de septiembre del 2010 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

 

La antología de la obra de Pablo González Casanova reunida y presentada por Marcos Roitmann bajo el titulo DE LA SOCIOLOGÍA DEL PODER A LA SOCIOLOGÍA DE LA EXPLOTACIÓN, y el subtitulo Pensar América Latina en el siglo XXI, tiene valor, actualidad y vida propias; esto es, independiente de los distintos veneros donde se origina. Constituye un instrumento indispensable para enfrentar, desde el pensamiento crítico y la coherencia ética que caracterizan a González Casanova, los retos de una ciencia social comprometida con los pueblos en la acuciante realidad que vive la humanidad y, en particular, Nuestra América, en la transnacionalización capitalista neoliberal.

El texto tiene coherencia interna e intencionalidad que refieren al excelente trabajo de Roitmann no sólo en la selección y secuencia de los capítulos integrados, sino también a su introducción, en la que va trasversalmente hilvanando los perfiles del autor en medio siglo de vida intelectual, destacando el carácter multidisciplinario de su obra y proporcionando las coordenadas históricos-sociales y políticas en las cuales descansa, para facilitar una lectura epistemológica.

Introducción

Roitmann destaca que son tres los pilares en los que descansa la obra de González Casanova: las relaciones sociales de explotación, las estructuras del colonialismo interno y la lucha por la democracia y el desarrollo, precisando la responsabilidad ético-política con su realidad y su tiempo, y con los valores y principios democráticos con los que se enfrenta al poder, inmune al desamino y al conformismo teórico.

Plantea el compilador cuatro etapas del pensamiento de González Casanova: la formativa, con una licenciatura en derecho, su maestría en Ciencias Históricas en el Colegio de México y su doctorado en la Sorbona de París, con la tesis “Introducción a la sociología del conocimiento de la América Española a través de la Historiografía francesa”, en la que se observa una primera visión de los estudios que hoy se conocen como colonialidad del saber, esto es, la extrapolación de las ideas de los centros de poder colonial en la interpretación de la identidad y la historia hispanoamericana.

La segunda etapa de 1950 y 1969 en la que se asienta su compromiso antiimperialista, el debate de la sociología empírica y el uso de métodos estadísticos aplicados a la investigación social, así como la reivindicación del conocimiento sociológico como instrumento para trasformar el orden social en busca de un mayor desarrollo político, económico y social de las grandes mayorías.

Destacan en este periodo La democracia en México (1965) y Sociología de la explotación (1969), obras que trasforman la sociología latinoamericana y mundial. En la primera se aplican todas las técnicas de investigación empírica, cualitativa, el marxismo y el estructural funcionalismo, siendo el resultado no un sincretismo teórico, sino una explicación causal de las contradicciones que aquejan al sistema político mexicano. Casanova –sostiene Roitmann— “apuesta por un socialismo en México, donde converjan la tradición humanista y ilustrada del siglo XVIII y la democracia liberal, que se defienda de las opresiones extranjeras imperialistas y fomente una democracia donde todos los ciudadanos, con independencia de su clase, color y etnia, sean participes por igual del desarrollo de la nación.” En Sociología de la explotación, nuestro autor sostiene que la explotación, fundamento del orden capitalista, es incompatible con un sistema político democrático donde se respete la soberanía de los pueblos de América Latina.

El tercer momento abarca entre 1969 y 1989, en que González Casanova reformula las categorías de explotación, colonialismo interno y desarrollo, y plantea otras, como hegemonía del pueblo y soldado trasnacional. Surge su crítica al socialismo burocrático a partir de la defensa del marxismo científico y el humanismo. Es en este periodo en que desarrolla la concepción de una democracia global y universal donde los dos problemas radican en la elección del proyecto democrático: o se opta por la falsa democracia trasnacional asociada, sin soberanía, o bien se vincula a la lucha de clases por la soberanía y la liberación.

La cuarta etapa del pensamiento de González Casanova –acorde con Roitmann– se extiende desde 1989 hasta la actualidad, con dos puntos de inflexión: la insurrección zapatista de 1994 y la caída de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Tiene lugar, lo que González Casanova considera como una reconversión del orden mundial, la hegemonía del imperialismo, el aumento de la deuda externa y la dependencia de las políticas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, unidos a la restauración del capitalismo en los países del antiguo socialismo, que afectan los proyectos de liberación nacional en el sur. Esto provoca el nacimiento de un capitalismo totalitario y de una explotación global, que trasforma el orden mundial en un colonialismo global, cuyo efecto más relevante es la crisis de una democracia excluyente.

A partir de la insurrección del 1 de enero de 1994, el EZLN es concebido por González Casanova como la primera revolución del siglo XXI, destacando su concepto de mandar obedeciendo, la responsabilidad ética, su dignidad. Es el verdadero proyecto de democracia incluyente y universal. El otro eje de su acción intelectual y política es la revolución cubana. También, durante este periodo trabaja en la búsqueda de un nuevo paradigma desde las ciencias de la complejidad, la revolución científica y las tecnociencias. Roitmann sostiene que González Casanova ha ejercido la praxis, ha mantenido una relación ética entre pensamiento y responsabilidad política. Su praxis es una búsqueda permanente, en la que la satisfacción intelectual cede paso a un compromiso democrático en el que no caben las relaciones sociales de explotación y dominio erguidas sobre el colonialismo global. Su cuestionamiento de la sociología empírica y del marxismo reduccionista aleja su obra de dogmas acomodaticios. Al señalar la pertinencia de una sociología de la explotación como contribución especifica al estudio de la realidad social latinoamericana, González Casanova funda su propuesta teórica. Como un ejemplo de rigor que reclama para todo quehacer sociológico aplicado a su praxis teórica, Roitmann plantea el desarrollo del concepto de colonialismo interno, al cual me referiré más adelante.

La introducción a la obra reseñada culmina en destacar la vocación democrática, socialista y humanista de Pablo González Casanova, para quien la democracia se trasforma en un proyecto social de construcción del poder político, de participación social del pueblo en la toma de decisiones: una democracia de la mayoría social y nacional, contra la democracia de minorías o élites políticas neoliberales y trasnacionales. O el pueblo trabajador es soberano, o no hay democracia. La democracia participativa y representativa de América Latina, para serlo realmente deberá incluir y representar a las antiguas poblaciones de origen colonial y neocolonial como autonomía y como ciudadanía, o no será democracia.

Auto percepción Intelectual

La obra inicia con unas breves trazos autobiográficos en la que González Casanova ofrece una información relevante sobre su formación para entender las líneas rectoras de su acción y pensamiento: un padre que hereda al hijo su espíritu de rebelión, las ideas socialistas, el pluralismo ideológico, el respeto por las creencias religiosas de los demás y la opción intelectual; una madre que enseñó el orden y la disciplina, la puntualidad y el trabajo domestico como tarea también de hombres, el arte de vivir y resolver problemas concretos, el gusto por los idiomas y el fortalecimiento de la voluntad.

Los maestros y cursos que dejaron “un buen legado de aprendiz de jurista y bachiller con refuerzo importantes en la historia nacional”. El curso de español de Agustín Yáñez. La influencia decisiva de los maestros de El Colegio de México, cuya mayoría provenía de la España republicana, y que enseñaron “a trabajar para pensar, a investigar lo que no sabíamos, y a escribir de lo que estuviéramos seguros, listos a descubrir errores tras haber hecho esfuerzos por eliminarlos”

La influencia del mejor amigo de esos años, el comunista-martiano cubano Julio Le Riverend Brusone, de quien aprendió a ser tolerante con quienes no pensaban como él, incluyendo a conservadores y burgueses. Las enseñanzas ex cátedra de Alfonso Reyes sobre el rigor de las narraciones alegres sobre literatura, y la forma de mezclarlas con las anécdotas de la vida y de las travesuras.

Los aprendizajes de la vida de estudiante graduado en Francia con Fernand Braudel; los teatros, las lecturas, los museos, el arte de la conversación salpicada de humor, agudeza, y referencias a las lecturas del día. Fue en Paris donde estudio filosofía, sociología y marxismo. En el marxismo, se interesó por Gramsci, cuyas obras completas le regaló Vicente Lombardo Toledano.

“Yo creo –escribe don Pablo—que la forma libre y justa de pensar que me dejo mi padre se reforzó con la filosofía magnifica de Gramsci, y el sentido patriótico que mis maestras de la primaria, y todo el sistema escolar mexicano, se combinaron con el encuentro del comunismo –que yo conocí por Le Riverend y por un amigo tranviario llamado Suarez—y con el nacionalismo marxista leninista al estilo oficial mexicano, en que Lombardo fue un maestro”.

A su regreso a México, el disciplinado estudio de cinco años de estadística y sociología empírica –en el que es auxiliado por un compañero de esos años de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Felipe Montemayor.

En una escala más próxima a la lucha política –señala Casanova—”con La Democracia en México, inicie una exploración de la libertad, de la participación en el gobierno y el Estado, del problema de la soberanía nacional y estatal, y de la necesaria confluencia en el proyecto de quienes piensan o pensaban con filosofías empiristas o marxistas.”

De la amistad fraternal con Luis Cardoza y Aragón, que se fortaleció con su defensa de Guatemala ante el golpe de Estado, González Casanova, reconoce que le debe “un curioso método de criticar las revoluciones sin volverse contrarrevolucionario y de apoyar las revoluciones sin volverse adulón.”

Confiesa que sus hijos, encabezados por Pablo, le enseñaron a deshacerse de su estilo de pensar lombardista o populista. “Con enorme dificultad –expone– aprendí con ellos, y con su generación, a dar a la democracia, en la que siempre había pensado, un nuevo contenido y nuevo impulso.

I.- De la Sociología del poder a la Sociología de la Explotación

El primer texto esta sección de la obra, “La sociedad Plural”, extraído de La democracia en México, inicia con una definición de marginalismo como la forma de estar al margen del desarrollo del país, el no participar en el desarrollo económico, social y cultural, el pertenecer al gran sector de los que no tienen nada. Las sociedades subdesarrolladas, además, “encierran dos o más conglomerados socio-culturales, uno superparticipante y otro supe marginal, uno dominante –llámese español, criollo o ladino—y otro dominado –llámese nativo, indio o indígena.”

Estos fenómenos se hallan esencialmente ligados entre sí y ligados a su vez con un fenómeno mucho más profundo que es el colonialismo interno, o el dominio y explotación de unos grupos culturales por otros. Casanova sostiene que el colonialismo no es un fenómeno que ocurra a escala internacional solamente, sino que se da también en el interior de una misma nación, como en el caso de México, y que subsiste bajo nuevas formas a pesar de tantos años de revolución, reformas, industrialización y desarrollo.

Haciendo uso del censo, nuestro autor mide el marginalismo a partir de diversos indicadores como el analfabetismo, características de la alimentación y el calzado, por entidades federativas, etcétera, extrayendo de toda esta información conclusiones de las que destaca el marginalismo y la sociedad plural. La sociedad dual o plural está formada por el México ladino y el México indígena; la población supermarginal es la indígena, que tiene casi todos los atributos de una sociedad colonial.

 

Las formas del colonialismo interno son las siguientes:

1.- Monopolio de un “centro rector” sobre el comercio y el crédito indígena, con relaciones de intercambio desfavorables a las comunidades indígenas, que se traducen en una descapitalización permanente de éstas a los más bajos niveles, así como el monocultivo, la deformación y dependencia de la economía indígena.

2.- Explotación conjunta y combinada de la población indígena por las distintas clases sociales de la población ladina, mezcla de feudalismo, capitalismo, esclavismo, trabajo asalariado y forzado, aparcería y peonaje, servicios gratuitos; se dan salarios diferenciales, explotación conjunta de los artesanos, discriminaciones sociales, lingüísticas, por las prendas de vestir, jurídicas, sindicales, etcétera.

3.- Diferencias culturales y niveles de vida, economía de subsistencia predominante, tierras de acentuada pobreza agrícola o impropias para la agricultura, alta mortalidad general e infantil, analfabetismo, raquitismo, manipulación política.

Este marginalismo social y cultural tiene relaciones obvias con el marginalismo político, el cual es medido por dos indicadores: la información y la votación.

En este capítulo, González Casanova llega a una conclusión critica sobre la antropología mexicana muy coincidente a la de los estudiantes de mi generación en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de los años sesenta: “Desgraciadamente, hasta hoy la antropología mexicana que por muchos conceptos nos ha permitido conocer la realidad de nuestro país y que ha tenido un sentido humanista del problema indígena, nunca tuvo un sentido anticolonialista, ni en las épocas más revolucionarias del país. Influida por la metodología de una ciencia que precisamente surgió de los países metropolitanos para el estudio y el control de los habitantes de sus colonias, no pudo proponerse como tema central el estudio del problema indígena como un problema colonial y como un problema inminentemente político.”

En el segundo capítulo de la obra, “El colonialismo interno”, extraído del libro Sociología de la explotación, se va profundizar en esta importante categoría para interpretar la problemática étnico nacional, iniciando con la idea de que las fronteras políticas han influido directa o indirectamente en la formulación y el uso de las categorías sociológicas, acotando que el objeto del trabajo es precisar el carácter relativamente intercambiable de la noción de colonialismo y de estructura colonial, haciendo hincapié en el colonialismo como un fenómeno interno.

Así, la noción de colonialismo interno sólo ha podido surgir a raíz del gran movimiento de independencia de las antiguas colonias. Con la desaparición directa del dominio de los nativos por el extranjero aparece la noción del dominio y explotación de los nativos por los nativos. No obstante, nuestro autor aclara: “Si el hecho de que los grupos y clases dominantes de las nuevas naciones juegan papeles o “roles” similares a los que desempeñan los antiguos colonialistas es censurable o deplorable, o digno de registrarse en el estudio de estas naciones, no es primordialmente los que nos interesa, sino la capacidad explicativa de un colonialismo interno, su potencial de explicación sociológica del subdesarrollo, y de explicación practica de los problemas de las sociedades subdesarrolladas”.

El racismo es un aspecto fundamental de la relación colonial que se destaca: “El racismo y la segregación racial son esenciales a la explotación colonial de unos pueblos por otros, e influyen en toda la configuración del desarrollo y la cultura colonial: son freno a los procesos de aculturación, al intercambio y traspaso de técnicas avanzadas a la población dominada, a la movilidad ocupacional de los trabajadores indígenas que tienden a mantenerse en los trabajos no calificados, a la movilidad política y administrativa de los indígenas.”

Después de analizar las características típicas del colonialismo, González Casanova se pregunta: “¿Hasta qué punto esta categoría –el colonialismo interno—es realmente distinta a otras que emplean las ciencias sociales?… ¿Qué valor explicativo puede tener en un análisis sociológico del desarrollo?:

El colonialismo interno corresponde a una estructura de relaciones sociales de dominio y explotación entre grupos culturales heterogéneos, distintos, y con diferencias de civilización. La estructura colonial y el colonialismo interno se distinguen de la estructura de clases, porque no son sólo una relación de dominio y explotación de los trabajadores por los propietarios de los bienes de producción y sus colaboradores, sino una relación de dominio y explotación de una población (con sus distintas clases, propietarios, trabajadores) por otra población que también tiene distintas clases (propietarios y trabajadores).

En el tercer trabajo compilado, “La explotación Global”, nuestro autor señala que son muchos los que hablan de la desigualdad, pero pocos sobre la explotación. “Se encuentra entre los tabúes internalizados por las comunidades de científicos sociales. Definir la explotación implica, en primer término, reconocer su existencia. En segundo término, reconocer su orden de magnitud. El que éste adquiere hoy características globales nos obliga a precisar que entendemos por global, identificándolo con el proceso de mundialización (Samir Amin) o con la evolución más reciente de la “economía-mundo capitalista” (Inmmanuel Wallerstein), junto con el creciente predominio de organizaciones que se articulan en estructuraciones de carácter mundial o global y que afectan la vida del conjunto de la especie humana y de la naturaleza (Elmar Altvater)

Analizar el problema de la explotación de unos hombres por otros a escala global tiene hoy un significado nuevo: no sólo permitirá platear y eventualmente resolver el problema de los explotados, sino el de los seres humanos. De los “pobres” y “extremadamente pobres”, excluidos y desposeídos, surge hasta nuestro días una enorme población que se ofrece a trabajar como sea y en lo que sea, en condiciones optimas para sus empleadores: se trata de los explotados de la tierra que oscilan entre ser explotados y ser incluidos, aunque generalmente sólo se hable de ellos como “pobres” y “extremadamente pobres”, en un ocultamiento institucional y “humanitario” de la explotación universal, la cual es un mal comprobable y verificable y comprobado por muchos autores. La políticas neoliberales han contribuido a aumentar las trasferencias de excedentes de la periferia al centro del mundo en un orden de magnitud que es superior al de la etapa anterior del capitalismo conocida como el imperialismo monopólico, ya de por sí considerable en el tristemente famoso saqueo del Tercer Mundo. El neoliberalismo ha hecho pagar el costo de la crisis a los países de la periferia, a las fuerzas autónomas, empresariales y estatales que habían iniciado procesos de formación de capital público y social, y, sobre todo, a los trabajadores, pueblos y etnias de la periferia mundial.

Por su parte, los nuevos movimientos de la lucha contra la explotación dan hoy prioridad a la construcción de mediaciones en que se vuelva realidad el ideal de una “democracia para todos” (Subcomandante Marcos) y se eliminen las distribuciones basada en la economía de la cooptación y en los donativos, o en concesiones no acordadas o no consensadas por las mayorías. Así, la lucha contra la explotación sigue siendo una lucha de los trabajadores, pero de los trabajadores unidos a los pueblos, o metidos en ellos como “movimientos sociales”.

II.- La Lucha por la democracia, la liberación y el socialismo

El primer capítulo de esta sección: “La crisis del Estado y la lucha por la democracia en América Latina: problemas y perspectivas”, se asienta que toda crisis implica una agudización de luchas y reacomodos; una concentración de contradicciones nacionales y de clase, y estas se manifiestan en la política y la economía, en la ideología y la represión.

Para analizar esta temática, se hace necesario definiciones simples de Estado que contribuyan a esclarecer las luchas actuales por la democracia en América Latina, y las definiciones prácticas de regímenes políticos.

El Estado es el poder de disponer de la economía. Ese poder puede basarse en la persuasión, la coerción y la negociación, esto es, en la hegemonía o en la represión, y en la combinación de una y otra. Los sistemas políticos están determinados en última instancia por las estructuras del Estado, por las relaciones de poder que fijan las pautas de generación, transferencia y distribución del excedente.

La creación del nuevo Estado trasnacional y asociado ocurrió tras una guerra interna dirigida en cada país contra los movimientos de liberación nacional, muchos de ellos revolucionarios y con un proyecto socialista. En lo político liquidó a los gobiernos nacionalistas y populistas, ya envueltos en grades contradicciones.

La lucha del nuevo sistema social y del Estado en que no domina la empresa trasnacional privada y monopólica, sino una estructura de poder popular y de trabajadores, se limitó prácticamente a Cuba. En el resto de América, la lucha contra la explotación y marginación –la lucha de clases—fue mediatizada por la democracia limitada. Los gobiernos de Estados Unidos, y quienes los apoyan y se apoyan en ellos en América Latina, tienen por lo menos la política de la democracia limitada, y la política de la represión selectiva y masiva, encubierta y abierta, con fuerzas y ejercito especiales y convencionales. La represión encubierta corresponde al llamado terrorismo de Estado en sus distintas versiones.

¿Cómo plantean las fuerzas populares y revolucionarias –en sus lineamientos más generales—la lucha por la democracia? Las corrientes, o formaciones, son de tres tipos principales:

1.- La de quienes luchan por la democracia como ciudadanos en torno a objetivos mínimos, como mantener o recuperar las formas legales, los regímenes constitucionales, los derechos humanos, los sistemas de partidos políticos, los sistemas de sufragio popular.

2.- La de quienes luchan como trabajadores y pobladores explotados y excluidos

3.- La de quienes platean la lucha por la independencia nacional, la lucha por el territorio de un pueblo soberano.

Estas luchas –la democrática, la de los trabajadores y marginados, y la nacional-, con sus distintos niveles de profundidad, tienen obvias relaciones entre sí. En todo caso, al platear una de las luchas sin levantar las otras, éstas van apareciendo y las fuerzas se enfrentan a la alternativa de sumarse contra un enemigo común, o de separarse e incluso luchar entre sí, divisiones bien conocidas de liberales, laboristas, nacionalistas, socialdemócratas, socialistas y comunistas (éstos, cuando todavía los hay.)

El proyecto conservador pretende que haya democracia, sin justicia social, sin liberación nacional, sin derecho a escoger una política económica distinta de la neoliberal, ni un gobierno democrático con fuerte apoyo popular. Propone una democracia sin opciones en la que vote la minoría de los ciudadanos para escoger entre un pequeño grupo de políticos profesionales cuyas diferencias ideológicas y programáticas son insignificantes.

Por su parte, las fuerzas populares y democráticas más conscientes saben que al forjar la nueva lucha política, tarde o temprano tendrán que plantearse la lucha por el poder, y que al forjar la política de frentes amplios, tarde o temprano se platearán en ellos la política de clase,..una lucha por la democracia y la liberación, cuya base social principal será el pueblo trabajador y el pueblo de marginados, de informales, de excluidos, con auxilio de todos los grupos y organizaciones que centren su objetivo en que los ciudadanos gobiernen y los hombres y mujeres trabajen, participen y no sean explotados.

La ciencia social, la ciencia política latinoamericana, el intelectual comprometido con las luchas por la democracia, con los pueblos trabajadores y la liberación, perderán todo posibilidad de influir en el proceso precisando su historia y movimiento, si no analizan la doble dialéctica de frente político y de la lucha contra la explotación con sus variaciones concretas en cada país y momento.

En el capitulo “La Democracia de Todos”, se plantea la importancia de tener utopías y también realizarlas. Parece que la democracia incluyente no sólo es una utopía, sino un camino para que se cumplan las utopías que no se cumplieron.

El proyecto liberal correspondió a actividades discontinuas de una ciudadanía que votara de vez en cuando, y a gobiernos oligárquicos y dependientes que hasta hoy no pueden atender los intereses más elementales de las mayorías. La socialdemocracia consistió en luchar por el sufragio universal y por la participación de los obreros organizados en los gobiernos, con incrementos en el gasto público y en la acumulación de capital social y estatal. La social democracia acepto sin embargo pactar con los complejos empresariales, políticos y militares dominantes para limitar la democracia y la justicia social. Ese movimiento fue cooptado y refuncionalizado por el sistema en luchas sucesivas. Una tercera definición de democracia aparece vinculada al nacionalismo revolucionario de los países dependientes. En estos proyectos tiende a predominar la lógica estatista y la lógica para la construcción del Estado-nación, ambas combinadas con fenómenos de corrupción y acumulación privada de capital por las altas burocracias. Los comunistas y marxistas leninistas también construyeron y definieron la democracia con sendos límites y sorprendentes exclusiones. La toma de decisiones “soberanas” o “de última instancia, basadas en una lógica de “seguridad”, se identificó, desde Engels, con la expresión poco feliz de “dictadura del proletariado”. En realidad cada vez fue más clara la dictadura de la “nomenclatura” contra los obreros, campesinos y habitantes a los que decían encabezar como sus vanguardias. Solamente en Cuba se mantuvo la vinculación de cuadros y bases, primero por una moral política que viene de grandes corrientes a las que Martí representó, y después por una restructuración de la lucha “comunista” en torno a la emancipación nacional con bases populares.

Hoy neoliberales y neoconservadores se adjudican la definición de la democracia y dogmatizan sobre ella como parte de un mercado global cada vez más reducido y excluyente, como fenómenos parasitarios y depredadores, intervencionistas y ecocidas que amenazan –sin lugar a dudas—la vida en la tierra.

Sólo en un pequeño rincón del mundo, conocido como La Lacandona, un movimiento armado de indios mexicanos plantea un nuevo proyecto de democracia universal y con ironía lo llaman intergaláctico. Se trata de un fenómeno rigurosamente emergente que tal vez aparezca en muchas partes del planeta.

Al plantearse la democracia universal no excluyente como un problema central de las ciencias sociales, se tiene que ir más allá del análisis de las tendencias de las ciencias sociales y sus legados: Se requiere analizar la construcción del concepto de democracia universal no excluyente a un nivel de complejidad y articulación superior al de las teorías y experiencias anteriores.

El paradigma central de nuestra investigación y de nuestra acción será el de la democracia universal no excluyente, y en ese paradigma estudiaremos la dialéctica de la historia con sistemas autorregulados y autocreadores, a sabiendas que es necesario el conocimiento de las “nuevas ciencias” dominantes y no sólo el de las rebeldes para la construcción de “un mundo hecho de muchos mundos.”, que nos saque del universo desordenado y caótico en que vivimos y nos permita construir otro universo capaz de estructurar un interés general hecho de muchos intereses generales..Todo en la inteligencia de que no estamos seguros de poder o no poder construirlo.

En el capitulo “El socialismo como alternativa global: una perspectiva del sur”, González Casanova refiere a la restauración del capitalismo dependiente y neoliberal en los otrora “países socialistas, a la reconversión de los países de orientación socialista destinados algunos de ellos a perder la guerra económica-social después de haber ganado la guerra en el campo de batalla, desde Nicaragua a Vietnam. La ofensiva neoliberal aprovecha e impulsa las distintas contradicciones en que están envueltos. Entre esas contradicciones se encuentran: La ausencia de una organización democrática de las bases que controle el autoritarismo y la corrupción de las burocracias; la falta, en los procesos de democratización, de la disciplina necesaria para la lucha contra las antiguas clases expropiadas y contra el imperialismo; las enormes fallas del aparato productivo, victima también del autoritarismo y de la corrupción, que acaban con cualquier “plan” y con el desarrollo económico social para las mayorías.

Se plantea la necesidad de una triple lucha a escala global:

Defensa y solidaridad con los países de la periferia del mundo que mantienen proyectos socialistas globales o sociales –desde Cuba hasta Vietnam y que luchan por ellos frente al imperialismo y frente a la restauración.

Apoyo a los movimientos u organizaciones de base que en Rusia y en Europa del Este, y en los países de “Orientación Socialista” luchan por la propiedad pública y social, por la inversión y el gasto social, por un socialismo democrático.

La lucha esencial y universal contra la explotación de los trabajadores y por la democracia, contra la explotación y dominación de las naciones, contra la explotación de las etnias, contra la recolonización y dualización económico social, la exclusión e incluso el exterminio de poblaciones “irrelevantes” o disfuncionales al sistema.

Las tres entrañan un reto esencial: no postergar la democracia por temor a la desestabilización y no perder el proyecto socialista por el proyecto democrático.

En “Los zapatistas del siglo XXI”, se sostiene que los Acuerdos de San Andrés constituyeron sin duda una de las declaraciones políticas más importantes a escala mundial. En ellos se precisan los derechos de los pueblos indios a la autonomía de sus gobiernos y a la preservación de sus culturas: apuntan además hacia la construcción de un Estado pluriétnico que fortalezca la unidad en la diversidad y la articulación de las comunidades locales, municipales, regionales, nacionales, con inclusión de lo particular y lo universal. El movimiento zapatista del siglo XXI combina el conjunto en un proyecto universal que incluye lo uno y lo diverso con su forma maya o mexicana de oír y decir las voces y sonidos que vienen del “corazón” y del “mundo”, metáforas ambas que enriquecen y renuevan los discursos y las conductas.

En “Cuba: la revolución de la esperanza”, se afirma que en la gran crisis ideológica que vivimos a fines del siglo XX, Cuba siguió siendo un punto de referencia para aclarar problemas y precisar conceptos. Varias son las aportaciones de Cuba que hoy ayudan a precisar lo concreto universal de las luchas contra el capitalismo y sus mediaciones. Lejos de prestarse a cualquier intento de “calco y copia”, como diría Mariátegui, contribuyen a plantear, en cada circunstancia, qué es ineludible o necesario hacer para alcanzar los objetivos de la liberación, la democracia y el socialismo.

1.- Ningún pueblo ha llegado tan lejos en la construcción de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad como el pueblo de Cuba.

2.- La revolución cubana ha confirmado que la alternativa sólo triunfa con el poder y la conciencia de todo el pueblo, o de creciente contingentes del pueblo que no se conforman con los triunfos inmediatos ni con las organizaciones que solo incluyen una parte del pueblo.

3.- La revolución cubana destaca en la revolución de lo concreto como coherencia. Lo concreto es lo que se propone como ideal o meta por alcanzar y lo que se hace para de veras alcanzarlo. La lucha contra el poder existente, lejos de implicar un rechazo de todo poder, implica la necesidad de crear un nuevo poder del pueblo trabajador y ciudadano que le permita defenderse con eficacia de las agresiones internas y externas, y del terrorismo de Estado que el enemigo despliega en todos los terrenos: psicológico, ideológico, económico, social, cultural, militar, paramilitar, policial, gansteril-mafioso.

4.- La revolución cubana toma muy en cuenta las desastrosas experiencias del totalitarismo estalinista.

5.- La revolución cubana redefine y replantea el socialismo no solo como sistema necesario, sino el que llevó muy pronto la profundización de la lucha en cada ataque del imperialismo, de sus asociados y subordinados locales, se contesta con nuevas y más solidas medidas que fortalecen al pueblo-gobierno-Estado, ese novedoso complejo de categorías integradas y no sólo enlazadas o articuladas.

6.- En la revolución cubana se advierte también como necesaria la capacidad de traducir y articular las ideologías marxistas, leninistas y martianas.

7.- En Cuba se plantea la necesidad de compartir las capacidades y responsabilidades de vanguardias y pueblos de forma creciente. Se busca así construir un pueblo de vanguardias.

8.- Se busca combinar, a niveles cada vez más concretos, la democracia participativa y la representativa.

9.- La importancia de las prácticas morales de sus dirigentes, tomando en cuenta los países donde el grueso de sus liberadores pasaron de la corrupción del socialismo a la del capitalismo neoliberal y mafioso.

10- El proceso y el proyecto cubano plantean la necesidad de crear expertos del más alto nivel en todos los campos, con una cultura general revolucionaria y humanista.

11.- El carácter internacional de la lucha por la liberación, la democracia y el socialismo se comprueba a lo largo de la historia de la revolución cubana.

12.- Otro hecho más en que Cuba es notable está relacionado con la inclusión de la cortesía revolucionaria, que combina lo cortes con lo valiente.

13.- La revolución cubana estuvo lejos de ser una revolución voluntarista.

14. El pueblo tiene que participar en el gobierno…en organizaciones verticales y horizontales que sirvan para alcanzar los objetivos de la revolución y para asegurar una disciplina revolucionaria y una democracia que asegure la construcción emancipadora.

III. Procesos políticos, alternativas y ética de la convicción

Esta tercera sección se inicia con el artículo “Causas de la rebelión en Chiapas”. En él, nuestro autor refiere a que los ideólogos neoliberales de hoy intentaron explicar la rebelión de Chiapas como obra de “estalinistas” y “extranjeros”, de minorías de obcecados y advenedizos que manipulan a los “pobrecitos indios”. La violencia en la interpretación obliga a recuperar y esclarecer las “verdaderas causas”.

Primera: una herencia rebelde, en la que los mayas destacan entre los pueblos que más han resistido a la conquista y corresponde a un legado que produce los mismos efectos en otras regiones de Mesoamérica. Segunda: la crisis de la hacienda tradicional. En la selva, tzotziles, choles, zoques, tojolabales y mestizos se relacionaron entre sí. Surgió entre todos una identidad de etnias oprimidas frente a finqueros, ganaderos y kaxlanes, como llaman a los “ladinos” o mestizos. Tercera: la acción pastoral, influida por la Conferencia Episcopal de Medellín, auxiliada de la sociología religiosa y con la animación del Movimiento por un Mundo Mejor (Concilio Vaticano II). Cuarta: los estudiantes del 68 que se integraron a las organizaciones sociales. Quinta: menos tierras para más “pobres”, la contrarreforma al artículo 27 constitucional. Sexta: la politización de los pueblos indígenas. Séptima: la violencia y la ley. Octava: la violencia negociada con pérdidas y ganancias. El tipo de negociación es también causa de rebelión.

Detrás de la nueva lucha por la democracia que viene desde los indios y desde abajo aparece, en forma reiterada, la lucha contra la discriminación, contra la exclusión y la explotación de los pueblos indios.

La contribución del EZLN quiere ser muy modesta y es también muy ambiciosa: defender por las armas, en la Selva Lacandona y en los Montes Azules, la tierra, la libertad y la dignidad que los alzados no pudieron defender de otra manera, e iniciar un cambio en la conciencia del pueblo de Chiapas y de México para que con democracia y paz se logren objetivos de libertad y justicia no sólo en las nubes, ni sólo en Chiapas, sino en el país.

“Las etnias coloniales y el Estado multiétnico” trata sobre cómo el indio trasforma su comunidad en una estructura social preparada para resistir en la larga guerra colonial. La comunidad india es mucho más que un refugio. Es la base social para la producción, el comercio, la migración, la rebelión y la política. Una base estratégica para la resistencia o el levantamiento.

La sobrevivencia de la comunidad india no puede, sin embargo, explicarse sin relacionarla con la organización colonial del trabajo. La dialéctica de la resistencia se combina con la dialéctica de la reproducción de la mano obra colonial y con diferentes formas de acumulación del capital colonial.

El fenómeno se oculta hasta en las ciencias sociales; los “marxistas ortodoxos” generalmente pasaron por alto el papel del colonialismo interno en la acumulación de capital y en la dominación de los pueblos. Los que hablaban de clase no hablaban de etnia, los que hablaban de etnia llegaban a no hablar siquiera del conjunto del pueblo-trabajador.

Como etnias o pueblos, sufren la discriminación, la opresión y explotación del capitalismo, el imperialismo y la globalización.

Las poblaciones coloniales y neocoloniales resienten problemas propios, sociales, políticos y culturales que no pueden ser considerados exclusivamente como problemas de naciones o etnias. Si esos problemas caben en “la cuestión nacional”, o en las “minorías étnicas”, también están vinculadas a las estructuras fundamentales de la nación-Estado y de la lucha de clases como lucha concreta contra la explotación y contra las distintas formas de exclusión y discriminación. Cuando se ignora la relación de los problemas del indio y la etnia con el pueblo y Estado, no se les puede entender, y quienes sufren esos problemas, como indos, no pueden luchar correctamente por superarlos.

Los ideólogos que abogan por la democracia de bases populares sin considerar los derechos legítimos de los indios a la autonomía cultural y étnica o pluriétnica, dentro de un frente o gobierno popular “nacional” que articule sus propias organizaciones internacionales y trasnacionales, cometen un error tan serio como los ideólogos que abogan por una lucha y organización india aislada del resto de los pueblos colonizados y de las masas populares, urbanas y trabajadoras.

“La dialéctica de las alternativas” inicia con una pregunta: ¿Cómo vamos hacer las ciencias sociales ahora que se ha declarado la guerra por la “libertad duradera”?-

Para hacer ciencias sociales, a la hora de la guerra global del siglo XXI, necesitamos precisar más que queremos decir con cada palabra que usamos, y aclarar nuestros conceptos, sin olvidar que nuestros discursos serán útiles en la medida que de ellos se desprenda una voluntad política colectiva.

Coherencia y cohesión son tanto más necesarias en tanto los movimientos alternativos están pasando de una “lucha contra el neoliberalismo y por la humanidad” a una guerra de las fuerzas dominantes y los complejos militares-industriales por el neoliberalismo y contra la humanidad.

Así, en el actual proceso de definir y redefinir las alternativas se encuentra que ni el socialismo ni la democracia realmente existente pueden ser considerados como socialismo ni como democracia. Solo que este juicio es relativo. Si se piensa el socialismo como un proceso histórico muy complejo y prolongado y se analiza lo ocurrido con el proyecto, se tiene que reconocer que las luchas anteriores por el socialismo no sólo han tenido fracasos sino éxitos, y algunos muy notables que no cabe ignorar, entre los cuales destaca como un patrimonio de la humanidad el socialismo en Cuba.

En lo que refiere al término democracia, definido por Lincoln como “el gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo”, se puede decir que ese proyecto no se ha cumplido. No obstante, las luchas democráticas, en medio de contradicciones inenarrables, han hecho contribuciones que no se pueden olvidar. En ellas cabe incluir en primera fila las que el liberalismo clásico invocó a favor de la tolerancia, de la cultura laica, del respeto a las distintas religiones y filosofías y a la libertad de expresión.

También, entre los conceptos olvidados y redefinidos entran dos muy importantes para estudiar la alternativa al mundo actual como proyecto y como proceso: capitalismo e imperialismo. Un análisis de contenido del discurso de los movimientos sociales a fines del Siglo XX tal vez confirmaría que en los años noventa rara vez se emplearon los términos capitalismo, imperialismo, colonialismo, socialismo. Solo los voceros victoriosos del capitalismo y del imperialismo usaron esos términos para celebrar el sistema triunfante. También se empezó a hablar de postcapitalismo, pos imperialismo y postcolonialismo. Los nuevos términos dieron la sensación de que ya lo malo que denotaban había sido rebasado por la historia.

Los movimientos alternativos de fines de siglo XX vivieron la “crisis del sistema histórico” sin una teoría general y sin que la inmensa mayoría se planteara “la desaparición del sistema a corto plazo”. Las luchas se dieron a crecientes niveles de profundidad anti sistémica y sus actores llegaron a redescubrir el capitalismo y el imperialismo con las redefiniciones más recientes del sistema, de los subsistemas, de los complejos, de las organizaciones y redes de dominación y explotación, de represión y mediación. No supieron del capitalismo por Marx sino por el capitalismo. Los nuevos movimientos de la periferia y del centro del mundo experimentaron en su vida cotidiana las nuevas formas de opresión e injusticia del colonialismo, del imperialismo y el capitalismo. Vieron cómo con el pretexto de acabar con el terrorismo rehicieron sus políticas de control militar, de la recesión económica, de expansión imperialista y colonialista en Asia central y en Palestina, de ataque a los derechos humanos y a las libertades cívicas en todo el mundo, incluidos los países metropolitanos, y de exterminio de poblaciones enteras con armas de alto poder.

Por ello es necesario formular las redefiniciones de los conceptos fundamentales. No podemos quedarnos en el concepto de modos de producción: Necesitamos pensar siempre en términos de una unidad complementaria compleja: modos de dominación y de producción. Los políticos-gerentes, así como sus consejeros, combinan la “mano invisible” y “puño invisible”: aquella maneja el mercado, éste empuña el garrote. Las clases dominantes saben muy bien que sus organizaciones controlan el mercado con el apoyo del Estado.

No podemos quedarnos en el concepto de sistema capitalista o de orden mundial. Se trata de un sistema hecho de muchos sistemas y subsistemas. Es más, se trata de un capitalismo organizado que entraña el orden y el desorden a que todos los sistemas complejos están sujetos, y que las “nuevas ciencias” explican en un reencuentro innegable y a menudo inconfeso con las humanidades y con el pensamiento crítico y dialectico, incluso con el marxista.

No podemos quedarnos en el concepto tradicional de lucha de clases que conserva un sentido fabril y economicista del que no logra desprenderse. El concepto de explotación tampoco es suficientemente comprensivo. Ambos conceptos, el de clases y el de explotación, requieren ser complementados o superados por el de dominación y apropiación del excedente y de la riqueza a costa de los trabajadores y de los pueblos, en procesos de apropiación del plusvalor y del capital acumulado, y en procesos de distribución y apropiación inequitativa del excedente y de la riqueza. Ambos conceptos vinculan el poder político, represivo, informático, cultural y social con las relaciones de producción.

No podemos quedarnos en el concepto de imperialismo sin señalar que en la etapa de la globalización las demarcaciones de las “fronteras”, de lo “externo” y lo “interno” (que a los nacionalistas les sirvieron para ocultar las contradicciones internas atribuyendo todos los males a las externas) se ha confirmado cada vez más a lo largo del mundo. En el interior de las naciones está lo exterior. En cada Estado nación se dan los vínculos y redes con otros Estados-nación, con el capital multinacional y trasnacional, con el Estado global incipiente y con sus asociados locales. Las luchas tienen que darse en lo local, lo nacional y lo global, privilegiando unas y otras en forma práctica. Y sin descuidar ninguna.

No podemos quedarnos en el concepto de desarrollo desigual sin dar a éste las características sociales, culturales, políticas y económicas que tiene, y sin señalar que a las categorías de centro y periferia del mundo hay que añadir las de centro y periferia en cada país y región del mundo. El colonialismo interno y la autonomía de los pueblos en el interior de la nación Estado alcanzan un campo teórico y practico de gran importancia para la solución de problemas concretos y para la acumulación de fuerzas que se identifican en medio de las diferencias entre las fuerzas que se identifican en medio de las diferencias entre las fuerzas alternativas de las zonas metropolitanas y de las “coloniales”.

Conceptos que originalmente se usaron para los países periféricos, como marginación, dualización, exclusión, etcétera, hoy se aplican al centro del mundo, y los países metropolitanos centrales.

En “Los ‘caracoles’ zapatistas: redes de resistencia y autonomía (ensayo de interpretación”, Pablo González Casanova afirma que el movimiento zapatista ha dado ricas aportaciones a la construcción de un alternativa. La idea de crear organizaciones que sean herramientas de objetivos y valores por alcanzar y hagan que la autonomía y el “mandar obedeciendo” no se queden en el mundo de los conceptos abstractos ni de las palabras incoherentes es una de las aportaciones más importantes. Todas las comunidades construyeron las organizaciones, las organizaciones de redes mínimas de gobierno, así como las redes de alianzas mayores. Este proyecto de poder no se construye bajo la lógica del “poder de Estado” que aprisionaba a las posiciones revolucionarias o reformistas anteriores, dejando en ayuno de autonomía al protagonista principal, fuera este la clase obrera, la nación o la ciudadanía. Tampoco se construye con la lógica de crear una sociedad ácrata, esa lógica que prevalecía en las posiciones anarquistas y libertarias (y que subsiste en expresiones poco felices como las “anti poder”, que ni sus autores saben qué quiere decir) pero que se renueva con los conceptos de autogobierno de la sociedad civil “empoderada” con una democracia participativa, que sabe representar y sabe controlar a sus representantes en lo que sea necesario para el respeto de los “acuerdos”. El proyecto de los Caracoles es un proyecto de pueblos-gobierno que se articulan entre sí y que buscan imponer caminos de paz, en todo lo que se pueda, sin desarmar moral o materialmente a los pueblos-gobierno, menos en momentos y regiones donde los órganos represivos del Estado y las oligarquías locales, con sus variados sistemas de cooptación y de represión están siguiendo pautas cada vez mas agresivas, crueles y necias del neoliberalismo de guerra que incluyen el hambre, la insalubridad y la “ignorancia obligada” de la inmensa mayoría de los pueblos, ya sea para debilitarlos, para diezmarlos o incluso acabarlos si es necesario, cuando fallen los sistemas de intimidación, cooptación y corrupción de líderes y masas.

Nuestro autor encuentra seis características de hacer y pensar de los zapatistas: Usar combinaciones más que disyuntivas. En lugar de decir y hacer “esto o esto” se dice y hace “esto y esto”. El conjunto es mucho más que la suma de las partes: es la articulación de las partes. La segunda consiste en generalizar los conceptos al tiempo que se generalizan las redes de comunidades, En tercer lugar, el método permite la elaboración de conceptos cada vez más profundos, como cuando se percibe quien está por aumentar la resistencia y quien está por debilitarla, por corromperla o destruirla, ya sea de manera deliberado o no. La cuarta característica es que el concepto y la fuerza de las redes se profundiza cuando tanto en la acción como en la reflexión se pasa de la lucha contra el cacique a la lucha contra el gobernador que apoya al cacique, y de allí se sube a toda una “especie” o “clase” de “ricos y poderosos”. Una quinta característica es subir de lo abstracto o formal a lo concreto o actual corresponde a la expresión “ir más allá”, es decir, adaptaciones y redefiniciones que exige la experiencia. Una sexta y última característica está relacionada con las utopías que se expresan y se realizan entre contradicciones.

El nuevo proyecto de los Caracoles se propone aumentar las fuerzas de los pueblos y sus redes, para que logren soluciones negociadas con principios no negociables. El nuevo proyecto universal, nacido de los pueblos pobres, tiende a juntar todas las luchas y a enriquecerlas con las que se dan por la moral política, por la autonomía y dignidad de las personas y comunidades, y por empezar a hacer uno mismo lo que quiere que hagan los demás.

IV.- Los paradigmas de las ciencias sociales: nuevas formas del actuar y del pensar

El último capítulo y sección de la obra, “Las nuevas ciencias y la política de las alternativas”, inicia con un interrogante básico: ¿Qué significado tienen las nuevas ciencias para las fuerzas que luchan por un mundo alternativo? ¿Qué se entiende por nuevas ciencias y que se entiende por políticas alternativas?

Las nuevas ciencias, una parte de las cuales es conocida como tecnociencias, surgieron de un vínculo muy fuerte que se dio en la Segunda Guerra mundial entre la academia y el complejo militar-industrial y científico en Estados Unidos.

Los nuevos planteamientos de las ciencias se concentraron en sistemas autorregulados y adaptativos destinados a alcanzar metas, objetivos y fines y a crear las condiciones, los medios y técnicas para lograr propósitos. A partir de la organización, las nuevas ciencias concibieron la política, la economía y la guerra como sistemas y como complejos. El complejo militar-industrial de Estados Unidos fue el primero en utilizar las nuevas ciencias y las tecnociencias con el propósito de mejorar sus objetivos de seguridad, dominación y acumulación.

 

Las nuevas ciencias no sólo fueron utilizadas exitosamente con el fin de ganar la guerra contra el eje nazi-fascista, sino para ganar la Guerra Fría contra los países del bloque soviético. También se insertaron en la cultura de la mediación, la cooptación y la redefinición de la ciudadanía, de la clase obrera industrial, de la socialdemocracia y de los movimientos de liberación. Hasta principios del siglo XXI, las nuevas ciencias aumentaron las posibilidades de operaciones defensivas y ofensivas de los grandes complejos y corporaciones y de las grandes potencias. El triunfo global del capitalismo es en gran medida atribuible al desarrollo de las tecnociencias y de las ciencias de la complejidad. Ambas permitieron a las clases dominantes una nueva forma de imperio mundial y de colonias regionales y empresariales conocidos como “neoliberalismo”, como “globalización” y como “neocolonialismo” o “postcolonialismo”.

De igual forma, dos tipos de conocimientos ineludibles, el de la cultura de la liberación humana y el de su evolución concreta en distintas civilizaciones y sociedades, se añaden a la necesidad de conocer las nuevas ciencias y las tecnociencias no sólo para realizar un estudio del papel que estas últimas cumplen en la redefinición del sistema de dominación y acumulación capitalista, ni sólo para formular una crítica a las mismas por su carácter ideológico, particularista y enajenante, sino, también, como conjunto de conocimientos que pueden ser útiles a las fuerzas alternativas para defenderse del sistema dominante y construir el poder alternativo que sirva para alcanzar sus propias metas de democracia con justicia social, con capacidad de decisión de los pueblos, las ciudades y los trabajadores, y para implantar políticas alternativas de acumulación, distribución, seguridad, educación, salud, medio ambiente, pluralismo religioso, ideológico, político, en que pueblos, trabajadores y ciudadanos, con respeto a sus autonomías y a sus soberanías redefinan los valores universales y particulares.

Como nuevas formas de investigar y de construir, las ciencias de la complejidad y las tecnociencias platean una enorme cantidad de problemas y soluciones al pensamiento crítico y alternativo.

Primero: El objeto que es sujeto. A diferencia de las ciencias dominantes que construyeron su paradigma a partir de la mecánica, las nuevas ciencias construyen su paradigma a partir de la cibernética. Este cambio entraña varias implicaciones. El nuevo paradigma ya no generaliza el determinismo y el reduccionismo de la mecánica al resto de la naturaleza y la sociedad; por otro, ya no coloca en un lugar central o prioritario la investigación sobre las causas y factores que explican el comportamiento de un fenómeno determinado. El conocimiento de los medios para alcanzar objetivos ocupa el lugar central de las nuevas ciencias.

Segundo: Conocimiento y acción autorregulados. En todas partes aparecen sistemas complejos adaptativos y autorregulados, o fenómenos análogos, isomórficos. Entre sus características destacan los procesos de interdefinición de las partes o actores que los componen, y de interdefinición de las relaciones que guardan entre sí. Esto significa que es muy importante destacar los procesos humanos de interdefinición de los actores y sus relaciones.

El actor emergente en la globalización neoliberal empezó a redefinirse con muchos actores –ciudadanos, trabajadores y pueblos. Evolucionó de lo local a lo mundial, pasando por lo nacional y regional. Su articulación abarcó y abarca, en ciernes, una comunidad hecha de muchas comunidades, una unión hecha de muchas uniones nacionales, trasnacionales e internacionales, y una organización y redes sociales, políticas y culturales entre cuyo proyectos prioritarios destaca el respeto a las diferencias y a las autonomías para la interdefinición y construcción de la unidad en la diversidad.

Tercero. Conocimiento y acción autorregulados. Las nuevas ciencias dan una importancia primordial a la autonomía con relación al pensamiento y la acción de las organizaciones complejas dominantes. El concepto de autonomía es fundamental en la interpretación de los sistemas que obedecen a fines y cuyos actores se redefinen mutuamente y redefinen sus relaciones internas y las que llevan a cabo con otros actores individuales y colectivos. Al concepto de autonomía están asociados otros conceptos no menos importantes como el de identidad propia.

Los nuevos movimientos alternativos anti sistémicos está planteando cada vez más la necesidad de construir nuevas relaciones sociales en posiciones que no correspondan a las políticas reformistas ni a las política revolucionarias del pasado.

Cuarto. Los efectos más que las causas. Otra característica esencial de las nuevas ciencias dominantes consiste en su capacidad de reestructurar y manipular sistemas y contextos a un grado que no tiene precedente en la historia. A la construcción de mentiras en que participa el engañado se añade la construcción de ignorancias. Engaño y autoengaño se dan con distintos “grados de libertad” en el sistema dominante. La construcción de una inmensa mentira global y sistémica incluye a todos los que producen y a muchos de los que la padecen. Entre ellos ocupan un lugar destacado los científicos, quienes son responsables del ocultamiento metódico, sistemático, pomposo y lúdico de la relación que sus descubrimientos guardan con una ciencia que no solo aplica el conocimiento de las relaciones causales a la realización de artefactos militares, sino que construye los conocimientos orientados a objetivos militares y determina qué se conoce, cómo y para qué, con la libertad necesaria para no pensar siempre y abiertamente que se trata de una investigación para la guerra, para la maximización de utilidades de la empresa corporativa, o para la expansión del poder y el dominio del imperio y el capital; y, por supuesto, para alcanzar algunos objetivos inhumanos que se ocultan en los efectos laterales, con muy pocas voces críticas que los señalen, y éstas a menudo de outsiders, de “no especialistas”.

Quinto. Pensar y hacer interactivo. La fusión de pensares y haceres- ocurre, por supuesto, con las variantes funcionales, intencionales y dirigidas a objetivos que vienen al caso, y encuentran limites dialecticos, inconsecuentes, que las nuevas ciencias no siempre pueden superar. Ninguna organización distinta de la empresa capitalista, cuyo motor esencial es el lucro y la promoción de4 los intereses particulares a costa de los universales, ha logrado un nivel de organización y fusión de conceptos y actos tan notable y eficaz. El doble poder del capitalismo, con el Estado como coerción-mediación y el mercado como dominio-negociación, no ha podido ser vencido por un doble poder del Estado democrático y moral de la sociedad justa y soberana.

De aquí se desprenden dos problemas centrales para las organizaciones alternativas: 1) como conoce-actúa una organización, y 2) como conoce y actúa una organización para cambiar las relaciones sociales internas y externas y para crear nuevas relaciones.

Sexto. Los conocimientos eficaces. La creación de nuevas relaciones y estructuras por las organizaciones dominantes determina un conocer-hacer articulado cuya eficacia merece especial atención por parte de las organizaciones y los movimientos alternativos, ya sea para afrontarlos o al menos para tomarlo en cuenta. En ese conocer-hacer-crear de empresas y complejos dominantes los más importantes son las interfaces, sinapsis o vínculos de varios recursos a la vez, epistemológicos y tecnológicos, que forman parte de la cultura teórica-práctica de avanzada.

Séptimo. La creación de nuevas relaciones sociales amerita una atención especial. El conocimiento para la creación de nuevas relaciones sociales que lleguen a reestructurar y redefinir la sociedad y el Estado tiene elementos a la vez imaginativos y pragmáticos. El aprender a aprender que tienda a trasmitir el conocer-hacer más avanzado en su capacidad de imaginación y de unión, de representación e implicación, de razonar en forma intercomunicativa e instrumental, ampliada y autopoiética, creativa y concreta en la historia local, nacional, regional, universal, hace que el conocimiento emergente de la organización y la creación de nuevas relaciones sociales, no sean privilegio de unos cuantos (dirigentes o especialistas), sino patrimonio del colectivo y de las colectividades asociadas, a partir de la “pedagogía del oprimido”, para ellos y con ellos.

Las fuerzas alternativas buscan redefinir la inteligencia humana como una inteligencia capaz de superar a la inteligencia artificial y a la bestial. Al hacerlo, por dondequiera que incursionan encuentran la democracia, el socialismo y la liberación como el único camino para dar sentido realmente humanista a las nuevas ciencias y a las tecnociencias. Los elementos clave para la construcción social del sistema alternativo corresponden a fuerzas morales articuladas a la lógica de poder hasta formar unidades compuestas de moral y poder.

V. A modo de cierre

La obra que he reseñado, intentando captar lo más significativo de este colosal trabajo intelectual de Pablo González Casanova, culmina “A modo de cierre”, con un texto de Luís Hernández Navarro, extraído de su excelente libro En sentido contrario. (México: La Jornada, 2007), en el que hace una descripción de Don Pablo como una “de las figuras intelectuales más reconocida de la nueva izquierda que comienza a nacer en América Latina…Un hombre que no obstante su enorme peso intelectual, ha desarrollado una extraordinaria capacidad para escuchar con sencillez y paciencia a los ciudadanos de a pie…Un hombre congruente con sus convicciones.”

Lecturas relacionadas:

De la sociología del poder a la sociología de la explotación-libro-2/

 

 

 

Sociología de la explotación-libro/

 

 

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2 comentarios to “Pablo González Casanova, de la sociología del poder a la sociología de la explotación”

  1. Héctor Mendoza y Caamaño Says:

    Don Pablo, cómo le llamábamos quienes fuimos sus alumnos allá en la segunda mitad de los cincuentas, cuando era director de la entonces Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, es uno de los intelectuales mexicanos de gran dimensión latinoamericana, junto con Fernando Henrique Cardoso -a quien tuve el gusto de conocer durante su fructífero exilio en Chile- y el argentino Gino Germani. Sus estudios sobre la democracia en México, que plasmara en una de sus obras más conocidas, sólo tiene comparación con el trascedental libro de Cardoso y Enzo Faletto “Dependencia y Desarrollo en América Latna”. Aunque yo no seguí el camino de la sociología, sino que me dediqué de tiempo completo al Servicio Exterior Mexicano, siempre he admirado su dedicación al estudio de los grandes problemas sociels y políticos que afectan a nuestro país y a todas las naciones latinoamericanas. Siempre ha mantenido una posición de izquierda, pero de una izquierda inteligente, muy alejada de esas izquierdas que han convertido al marxismo en un ejercicio dogmático, contraviniendo la esencia de la dialéctica. Esta antologia de sus escritos es una gran aportación para todo aquel que este interesado en analizar las sociedades de nuestro continente y sus relaciones con las grandes potencias y el capital internacional.

  2. EDUARDO BAUTISTA Says:

    Hay un sitio donde pueda descargar gratis el libro LA DEMOCRACIA EN MÉXICO de Pablo Gonzalez Casanova? Gracias.

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