Jorge Lora Cam
Rebelión
“Aunque me metan preso, Humala no será Presidente” Alan García, Perú 21, Lima, 6 de diciembre 2010

El Estado en América Latina continua asociado a la recolonización y a las nuevas estrategias de poder de las grandes potencias de Occcidente, en unos países es mas evidente que en otros.1 El tema central en debate aun es entre quienes asumen la defensa del Estado, el desarrollo y la modernidad, al que se ha agregado la protección de sus inversiones en el exterior por Estados de poder intermedio como Brasil o emergente como Chile; y quienes pretenden una verdadera liberación nacional y emancipación, que siguen bregando desde abajo. Es un contexto global en el que los pueblos del Medio Oriente y del Norte de África entran a un nuevo ciclo descolonizador como en los años sesenta del siglo pasado. Latinoamérica que inicio hace dos décadas la última transformación descolonizadora, aun sigue con sus viejas preocupaciones que son las mismas que nos presenta el espejo africano y que surgen del extractivismo y sus secuelas: el desempleo, la desnutrición, el trabajo precarizado, la miseria salarial, contaminación del agua, el aire y todo el medio ambiente, la corrupción, la violencia, etc. La centroizquierda latinoamericana no se atreve a destruir el modo de producción colonial ni al Estado cuyas tres de sus expresiones son, por un lado el renovado despojo de recursos naturales por trasnacionales asociadas gobiernos y clase política, por otro, la existencia de una lumpenburguesía y una clase política de lobbystas de trasnacionales que subastan y colaboran en el saqueo del país y la participación salarial en el ingreso nacional que hace pocos años era de mas del 70% en Europa, Estados Unidos y Japón y que ahora oscila entre el 62 y 66% mientras que en Bolivia, Perú, Ecuador esta por debajo del 20% en contraposición al excedente de explotación que supera el 60%.2
Este es el contexto de las elecciones peruanas donde en la conformación de identidades sociales un gran sector claramente antineoliberal (74% quiere cambios según últimas encuestas) ha dejado de creer en el sistema político pero como legalmente esta obligado a votar so pena de sanciones, dividió su voto entre Humala, Keiko, Toledo y otros candidatos marketeados por los medios. La caracterización del Perú electoral esta más cerca de lo que dice un periodista político crítico que un renombrado analista, nos referimos a César Hildebrandt y Martín Tanaka. Este último no solo no le otorgó ningún chance a Humala sino que lo fundamentó afirmando que no había rechazo a la política económica, que la gente no quería cambio sino solamente mejorar su situación económica3. Mientras que el primero caracteriza el momento electoral como el mundo de la confusión, debido a factores subjetivos como la crisis educativa que no forma ciudadanos, al secuestro de los partidos políticos por los grupos económicos más poderosos como ocurrió con el APRA. La corrupción generalizada de los medios de comunicación, sicarios del orden y del conservadurismo, constructores de pánico como arma electoral. La atmósfera de impunidad que convierte al Estado en fuente de fortunas y a los empresarios en coimeadores crónicos. La desintegración nacional y el regocijo de los antivalores, donde el engaño, la estafa, el abuso y la pendejada son ahora las virtudes.4
Tanaka no puede ver desde sus alturas muchas cosas, entre ellas que el crecimiento económico esta sustentado en una guerra social contra los pobladores originarios de las áreas más ricas en minería y estamos hablando de casi todo el país. En febrero de 2011 de 234 conflictos 113 tienen que ver con problemas socio-ambientales. El Perú –como los otros países andino-amazónicos- es un espacio bélico entre recolonización y descolonización. Los analistas de la Fundación Ford están tan a la deriva como el país, pues lo mismo ocurre con su maestro Cotler que prematuramente descartó a Humala y a Keiko. En general intelectuales como los nombrados, y políticos que alguna vez se acercaron a la izquierda, apostaban por Toledo quien los “apapachó” y bien pagó en su anterior gestión. Para la II vuelta ya cambiaron de dirección y están con Humala, así ha sido su comportamiento político desde hace un cuarto de siglo con respecto a todos los gobiernos neoliberales. El pueblo tiene nuevos intelectuales y políticos (como Pizango y Arana), sin capacidad financiero-electoral, de los viejos son muy pocos los verdaderamente conscientes y honestos, si no observemos los prontuarios de los congresistas electos (un 20% reelectos): lobbystas serviles financiados por mineros, empresarios chilenos, narcos, que quieren enriquecerse en sus curules.
Humala no estuvo en los innumerables movimientos en este lustro y se puede prever –como en Bolivia y Ecuador- que éstos y principalmente los indígenas terminaran en conflicto con él, de llegar a la Presidencia. Por ejemplo la AIDESEP acordó en su I Consejo de Coordinación Ampliado, el derecho a la territorialidad de los pueblos indígenas, una nueva Constitución Política, derogatoria de los decretos de urgencia, rechazo al proyecto IIRSA, ley marco de consulta, cumplimiento de tratados y convenios sobre sus derechos, justicia en los procesos legales. Humala en su retroceso a la centro-derecha ha dicho que no afectará el crecimiento, que solo hará reformas constitucionales y por sus compromisos y financiamiento de campaña continuara con el IIRSA. En buen romance mantener el crecimiento como continuación del proyecto neoliberal –Fujimori-Toledo-García- significará mantener el extractivismo, saqueo, salarios congelados, empleo precario, terciarización laboral, informalidad, etc.
Humala también contará con el rechazo racista de la despreciable “pituquería” y de la clase media alta que ha sido favorecida por el crecimiento –particularmente de la construcción, la narcoeconomía y la nueva burocracia, por que la minería no deja nada- radicada en la Capital opto por los neoliberales abiertos, la clase media baja y otros habitantes urbanos eligieron a neoliberales encubiertos del tipo Humala. Del mismo modo los sectores mas embrutecidos por la miseria económica, cultural y moral –que incluye a la lumpenburguesía y la lumpen clase política- tuvieron como primera opción a Keiko y en segundo lugar a Kucsynski. Los candidatos a la Presidencia y al Congreso fueron financiados por trasnacionales, grandes lumpen empresas nativas particularmente mineras y pesqueras, potencias como Estados Unidos y la Unión Europea, o empresas de Brasil o vinculadas a Israel, con el compromiso de devolver con creces los gastos que hacen en compra de lobbystas. Muchos de los pobres de Lima son los inmigrantes que residen en las barriadas con una enorme pluriculturalidad y que recurren a la imitación y asunción de la cultura capitalina para “sobrevivir” en ese medio hostil.
Las elecciones repolitizan a la sociedad del modo más antipolítico al intentar hacerlo en torno a demandas de valores definidos y orientados por los medios: orden, modernidad y carisma. Un sector de jóvenes sin memoria y adictos a las redes sociales por que así se les ha querido formar en estas últimas décadas y los pobres que viven con y de la TV son sus principales víctimas. La obligatoriedad es la garantía de subsistencia del sistema político y del llamado “juego democrático”. Los discursos por su parte contribuyen a una identificación de lo electoral con el orden, el autoritarismo y con el clientelismo y la modernidad con caminos, viviendas, TV-internet y tiendas de autoservicios. La mayoría queda convencida de que una élite es la elegida para las grandes decisiones y que el consenso neoliberal es el mejor para el crecimiento del economía que tarde o temprano generará el chorreo, un imaginario que se recrea cada vez. Son cotidianamente persuadidos de que si entre los candidatos no hay mayores diferencias lo único que funciona es la política económica del crecimiento. Habrá que elegir a quien ofrece mayor redistribución.
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