1° de mayo, Día Internacional de Los Trabajadores

Santi Ramírez

Rebelión

 “A lo largo de la historia, el origen de la violencia ha sido la propiedad privada”  

A. Spies (mártir de Chicago).

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Día Internacional de la lucha de los trabajadores

La celebración de esta jornada, como Día internacional de la clase obrera, fue acordada en el Congreso de la Segunda Internacional , que se celebró en París en 1889, como homenaje a los Mártires de Chicago (obreros anarquistas que fueron asesinados en EE.UU. por haber participado en la lucha por la conquista de la jornada laboral de ocho horas, y cuyo origen se remonta a la huelga que iniciaron los trabajadores de aquella ciudad el 1 de mayo de 1886).

Hoy día, después de transcurridos 125  años, continuamos celebrando el 1º de Mayo, aunque su contenido ha sufrido desde entonces bastantes distorsiones. Muchos, lo presentan como un simple día festivo, como hizo el franquismo durante cerca de cuarenta años, que llegó a ponerlo bajo la advocación de San José Obrero. Otros, por su parte, pretenden identificarlo con un día de movilización sindical, en el que se “recuerdan” las reivindicaciones obreras pendientes. Curiosamente, tanto los reaccionarios como los reformistas, tratan de ocultarnos la verdadera naturaleza de la celebración de este día. Unos y otros, pretenden oscurecer y difuminar lo que tiene de verdaderamente revolucionario y de anticapitalista.

Pero me voy a centrar en este último aspecto, en el de la actitud reduccionista que consiste en dar tan sólo una visión parcial y limitada, en presentar únicamente una de las facetas (la económica y reivindicativa) de esta jornada. Se trata de un aspecto que tampoco podemos menospreciar pero que, al ser resaltado unilateralmente, distorsiona la esencia misma de la lucha internacional del proletariado y, por tanto, contribuye a oscurecer la naturaleza de su misión histórica, la de ser el “sepulturero” del capitalismo.

Esta imagen edulcorada del carácter del 1º de Mayo, trata de reforzar, a su vez, una idea limitada y restrictiva de la conciencia de clase, según la cual se confunde ésta con el mero sindicalismo. Con esta actitud se pretende ignorar que, en la práctica social, la lucha económica tan sólo constituye el nivel básico, el más elemental, de la lucha de clases y que, por tanto, el nivel de conciencia que le corresponde es el más primitivo y rudimentario de la conciencia de clase. Es lo que históricamente (aunque de forma un tanto despectiva) se ha venido denominando “obrerismo”. Curiosamente, quienes defienden esta concepción de la lucha de clases y del carácter del 1º de Mayo, contribuyen a reforzar los falsos argumentos de aquellos que niegan que la clase obrera pueda ser el sujeto revolucionario.

Sin embargo, para hacernos una idea más acertada de lo que verdaderamente implica la lucha de clases y lo que representa la celebración del 1º de Mayo, no está de más que hagamos una pequeña reflexión sobre lo que es el capitalismo.

No es necesario hacer un gran esfuerzo intelectual para darse cuenta que, a lo largo de toda su existencia como sistema social y económico, el capitalismo ha mostrado suficientemente su carácter explotador y opresor. Pero ha sido en su fase superior, que se caracteriza por el predominio del capital financiero, y a la que también conocemos con el nombre de imperialismo, cuando esos rasgos se han ido acentuando progresivamente.

Es en la época actual, cuando los sectores más parasitarios y especulativos del capital financiero se han convertido en hegemónicos, y cuando se ha desarrollado considerablemente la internacionalización del proceso productivo y la economía de mercado se ha extendido por todo el planeta (globalización), cuando la naturaleza del capitalismo se ha hecho aún mucho más reaccionaria y agresiva. Hoy, aún más que ayer, el capitalismo representa:

La explotación asalariada del proletariado por parte de la burguesía, mediante la apropiación, por ésta, de la plusvalía producida por los obreros. Las crisis económicas, la precariedad y el paro para los trabajadores. El desmantelamiento del llamado “Estado del bienestar”. La desregulación laboral y la eliminación de las conquistas sociales de la clase obrera.

La aparición de importantes bolsas de pobreza en los países más desarrollados. La marginación y la exclusión social para sectores cada vez más amplios de la población.

La opresión de los pueblos y naciones del Tercer Mundo, el saqueo y la esquilmación de sus recursos naturales. La eliminación de las agriculturas de subsistencia, para introducir cultivos industriales más rentables para las multinacionales. El hambre, la desnutrición, las enfermedades endémicas, la explotación infantil, la prostitución, la delincuencia, la drogadicción, etc. etc.

La emigración forzada de grandes masas de población, del campo hacia la ciudad o de los países atrasados a los más desarrollados; que conlleva el creciente deterioro de las infraestructuras básicas (sanidad, educación, vivienda, transporte, etc.) en las zonas urbanas y la completa desatención y abandono de las zonas rurales.

La agresión y la guerra, para apoderarse de nuevos mercados, para apropiarse de fuentes de materias primas y recursos energéticos o para ocupar posiciones de alto valor estratégico, ya sea económico o militar. El crecimiento desorbitado de los gastos militares. La permanente amenaza intervencionista y el chantaje nuclear.

La depredación de la Naturaleza y la destrucción de los ecosistemas. La deforestación, el calentamiento global y el cambio climático. La eliminación de la diversidad biológica y lingüística. El etnocidio de los pueblos indígenas.

La pervivencia del sistema patriarcal y de la opresión de la mujer. El fomento del machismo y de la homofobia.

La progresiva restricción de las libertades democráticas y los derechos civiles (expresión, asociación, manifestación, participación política, etc.) allá donde existieran. La implantación de formas cada vez más autoritarias y fascistizantes de gobierno. La potenciación del conservadurismo ideológico, político y social. La reactivación del racismo y de la xenofobia. El apoyo a los regímenes antipopulares, reaccionarios y semifeudales o a las dictaduras militares en todos los continentes.

El afán de lucro, el egoísmo, el individualismo y la insolidaridad, la despreocupación por los problemas de la mayoría y, como consecuencia de todo ello, la degradación moral, la desestructuración social y la desaparición de las normas básicas de convivencia.

La creciente uniformización cultural, al amparo de la “globalización”, y la pérdida de identidad de los pueblos y naciones sin Estado. La atonía artística, la falta de imaginación, la pérdida de creatividad. El culto por las formas, el mero esteticismo. La superficialidad.

Estas son, tan sólo, algunas de las “cualidades” del sistema capitalista en la época actual. La lista sería muy larga y difícilmente podríamos reflejarlas todas. Este panorama sólo puede llevarnos a la conclusión de que el capitalismo no se puede reformar y que, por tanto, debe ser suprimido.

En muchos de los ámbitos en los que se manifiestan estos efectos destructivos y desestructuradores del capitalismo, han ido surgiendo personas más concienciadas por la situación así creada, y se han desarrollado colectivos, organizaciones y movimientos para luchar contra ellos. Es decir, se han ido constituyendo una serie de vanguardias sectoriales. En muchos casos, la composición social de estos movimientos es mayoritariamente de trabajadores de la ciudad o del campo, de jóvenes y de mujeres, de estudiantes o intelectuales progresistas. Y su lucha, partiendo de las condiciones concretas que les han llevado a tomar conciencia de la situación, es una lucha objetivamente anticapitalista.

La clase obrera, con sus elementos más conscientes, abnegados y combativos a la cabeza, será capaz de dotar a todos esos movimientos de una misma perspectiva revolucionaria; de integrar a los elementos de vanguardia de los distintos ámbitos y de unificar todas las luchas parciales en un mismo frente de lucha por el socialismo. Y lo hará, porque la clase obrera es una clase global.

Por eso, en la época actual, debemos  adoptar una visión global de la realidad. Una visión que se corresponda con un nuevo tipo de conciencia de clase, una forma más elevada y compleja, una conciencia omnicomprensiva en la que se subsuman (como componentes en una síntesis más general) todas aquellas formas de conciencia social que corresponden a los distintos aspectos de la vida, y a los distintos ámbitos, en los que se manifiestan la opresión y el dominio de clase del capitalismo, y en los que tienen lugar distintas formas de resistencia y de luchas emancipadoras.

Con esta visión de conjunto, desde esta nueva perspectiva, es como debemos abordar la celebración del 1º de Mayo. Para que en esta fecha, podamos recordar de forma global la lucha de tantos hombres y mujeres, de tantos y tantas mártires, que a lo largo de la historia han dado sus vidas por un mundo mejor, por un mundo sin explotados ni explotadores, del que hayan sido erradicadas por completo todas las formas de opresión y de discriminación, y en el que podamos vivir en armonía con la naturaleza.

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