Bucear en el origen histórico más profundo del subdesarrollo español

Federico Bernal - Director del CLICET

Tiempo Argentino

 

Siempre más cerca del patio trasero europeo que de las naciones industrializadas, el problema español es estructural y hunde raíces en su historia profunda. Es subdesarrollada no por ausencia de desarrollo sino porque aún no se han derribado las trabas que impiden la expansión de sus fuerzas productivas.

 

La crisis española no es un fenómeno reciente, y por ello mismo, no es producto de la debacle internacional iniciada a finales de 2007. Ya entre 1992 y 2009, el PBI per cápita (PPA) español fue sensiblemente inferior al de Alemania y del Reino Unido; y entre 1992 y 2007, igual brecha negativa registró con Francia e Italia. Y si retrocedemos en el tiempo, mayores diferencias habremos de encontrar en todos y cada uno de los siglos transcurridos al menos desde el XV. Siempre más cerca del patio trasero europeo que de las naciones industrializadas vecinas, el problema español es estructural y hunde sus raíces en su historia profunda. En efecto, la actual crisis española no se explica por su pésima recuperación económica. Tampoco obedece a las políticas neoliberales de Zapatero ni a las anteriores que años atrás pudiera haber aplicado el Partido Popular. ¿Entonces? Un enfoque latinoamericano bien podría colaborar en la respuesta. Desde la Argentina se suele comparar el movimiento de los “indignados” con las puebladas de diciembre de 2001. Si bien resulta obvia cierta analogía, no pasan por aquí las semejanzas de una y otra crisis. España padece –como la Argentina y demás países suramericanos hispano parlantes– la irresolución de su cuestión nacional. Si en nuestro país el balance entre modelos de desarrollo viene agudizándose como consecuencia de la consolidación del modelo nacional y popular (colocándonos en este 2011 en el año de la gran disyuntiva nacional) podría decirse que España está a las puertas de un 2003 argentino, tal vez como nunca desde las revueltas populares de la guerra civil. Si la disyuntiva en la Argentina es la de nación desarrollada, socialmente justa y moderna o semicolonia atrasada, la de España parecería querer retomar la vieja y no zanjada opción: España “negra” o España revolucionaria y popular. Subdesarrollo eterno o desarrollo y modernización. Pero España es subdesarrollada no por ausencia de desarrollo sino porque aún no se han derribado las trabas estructurales que impiden la expansión de sus fuerzas productivas. De aquí la necesidad de que los “indignados” deban transformarse urgentemente en “indagadores” de su propia historia. No habrá paz e igualdad social en España si su pueblo no concluye la gran obra de los revolucionarios y liberales que desde 1808 se vienen alzando contra la economía y la reacción medieval.

 

ORÍGENES DEL ATRASO Y LA DEPENDENCIA ESPAÑOLA. Entre el siglo XV y finales del XVIII, España y Portugal fueron claudicando a su industrialización, convirtiéndose en satélites de sus vecinos al norte y noreste que, justamente por completar su ciclo revolucionario burgués, se ubicaron a la vanguardia del desarrollo capitalista y la industrialización europea y planetaria. Recién en las postrimerías del siglo XVIII, España viviría su revolución industrial, o para ser más precisos, una suerte de incompleta y defectuosa adaptación al capitalismo de aquel entonces, aunque para volver a retroceder con el reinado de Fernando VII (1813-1833). Esto no significa que España haya carecido de movimientos antifeudales o de una burguesía manufacturera o industrial propia. Ocurrió que el oro de América Latina que no se reinvertía en suelo español sirvió para acelerar y remachar el atraso de España, acentuando la debilidad orgánica de la burguesía en relación al frente contra el cual se rebelaba: la monarquía, la Iglesia y la nobleza. Con Fernando VII, las políticas borbónicas que habían intentado modernizar a España terminaron para siempre. ¿Dónde residió el problema estructural que posibilitó el retorno y la victoria de la reacción feudal? Los mejores elementos progresistas de entonces no pudieron democratizar desde la raíz la vieja estructura señorial y eclesiástica, verdaderos obstáculos del progreso y el desarrollo de las fuerzas productivas españolas. La “España negra” triunfaba sobre la minoría “ilustrada” en el siglo que será testigo del despegue capitalista y políticamente liberal del resto de la Europa occidental.

ESPAÑA: CRISIS ACTUAL, CRISIS HISTÓRICA. Un mercado interno atrofiado, una industria pesada siempre insuficiente, la invariable extranjerización de empresas, una agricultura dominada por la psicología y estructura señoriales, y su retraso en relación a la Europa industrial fueron todas consecuencias directas de esa España “negra”. En palabras del genial Pierre Vilar: “Dentro de la Europa capitalista, España giró en el círculo vicioso de los países pobres y retrasados”. Así se explica que luego de Grecia, Irlanda y Portugal, le siga apenas detrás España. Otrora el frente nobleza-monarquía-Iglesia; hoy día los grandes terratenientes, la monarquía y la Iglesia, pero estrechamente vinculados a los bancos y a las corporaciones, se proponen inmovilizar eternamente a España. Por ello y tal como se dijo al comienzo, la crisis española actual no es nueva. Al menos desde hace unos diez años que la participación del sector industrial español en su PBI fue en promedio unos 6-7 puntos menos que el del alemán (sobre su propio PBI), 3-4 puntos inferior al italiano y 2-3 puntos debajo del francés (Eurostat). Lo inverso sucedió con el sector agrícola, de la caza y la pesca, donde España triplica o cuadruplica los valores del Reino Unido y Alemania y casi duplica los de Francia e Italia. Claramente, una economía atrasada en comparación con sus vecinas occidentales, diferencia que no ha variado en siglos.

LA CONSIGNA HISTÓRICA, CLAVE DEL PRESENTE: REVERSIÓN DE LA SOBERANÍA DEL PUEBLO. La España “negra” que retomó el poder en 1813 por no haberse eliminado el bajo clero y la nobleza rural; la España vencedora de la Guerra Civil, la del franquismo y su continuidad política y económica en el parasitismo neoliberal de nuestros días, es la misma España “negra” que al menos y desde hace casi 200 años oprime al pueblo español y le impide avanzar por la senda del verdadero desarrollo con justicia social. Durante la Guerra de la Independencia española y específicamente entre 1810 y 1812, pareció que Jovellanos y Floridablanca (maestros de Moreno, Belgrano y Castelli), presidentes de la Junta Central de la Resistencia y de las Cortes de Cádiz, habrían de triunfar sobre el enemigo francés y la reacción medieval. El pueblo heroico –como lo prueba aquel histórico 2 de mayo de 1808 en la Puerta del Sol– acompañaba en las calles con una guerra de guerrillas contra los mamelucos. Pero la España popular y revolucionara habría de caer a los pies de la vieja España. Si los “indignados” no se transforman en “indagadores”, buceando las causas germinales que desde hace más de 500 años vienen trabando el desarrollo de las fuerzas productivas españolas, la justicia social y la felicidad de su pueblo, poco importa que el movimiento consiga revertir alguna de las medidas de Zapatero o, en el mejor de los casos, consolidarse políticamente. En paralelo a esta “indagación”, los “indignados” deberán luego vincular la estrecha relación entre la explotación colonial de sus ancestros hacia América Latina con la de sus contemporáneos, y hecha la ligazón, de qué manera esa continuidad sigue impidiendo el resurgir de un capitalismo autóctono y productivo. ¿Por qué? Así como el oro bañado con la sangre de Atahualpa no era reinvertido para felicidad y desarrollo del pueblo español, ¿dónde van a parar los ingentes capitales que las filiales de las empresas españolas de este lado del Atlántico envían a sus casas matrices en la península? Más que reflejarse (y reflejarlos nosotros) en los hechos de diciembre de 2001, los “indignados” deben identificarse con los pueblos y los gobiernos nacionales y populares que juntos vienen rechazando no sólo la explotación colonial de los “nuevos” conquistadores españoles, sino también las intentonas conquistadoras de las mismas naciones que hoy por hoy oprimen a los pueblos español y latinoamericano por igual. “Reversión de la soberanía al pueblo y su aplicación real y concreta”: la gran consigna del levantamiento popular contra Napoleón, la de Mayo de 1810 en el Río de la Plata, la de la Argentina de 2003-2011 y la de una España socialmente justa, industrial y moderna.

http://tiempo.elargentino.com/

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