La Enmienda Platt, patente de corso estadounidense en Cuba

Marta Denis Valle

Prensa Latina

 

Con el apellido del senador Orville H. Platt y apoyado por el Congreso, Estados Unidos fabricó una moderna patente de corso para actuar en Cuba con nefastas consecuencias, como la todavía vigente base de Guantánamo.

La denominada Enmienda Platt abrió un precedente en el expansionismo de Washington, en más de un siglo en América Latina y el Caribe, al ser impuesta a los constituyentes cubanos, el 12 de junio de 1901, bajo una fuerte presión tras varios meses de rechazo y protestas populares.

Adicionada a la Constitución Cubana de 1901, la República nació el 20 de mayo del año siguiente con un estatuto neocolonial que implicaba, entre otros puntos, el derecho de intervención estadounidense y base militar en su territorio.

Fue fruto de la guerra relámpago contra España, en la primavera y el verano de 1898, y la solución imperial a más de tres años de ocupación militar sin conseguir su propósito de anexarse el archipiélago cubano.

Falsos pretextos enarbolaron para intervenir en la guerra de independencia de los cubanos contra España y negarle luego la plena soberanía al pueblo de este territorio, desangrado en tres contiendas a lo largo de 30 años.

En ningún momento la Casa Blanca reconoció la beligerancia de la República de Cuba en Armas y, por el contrario, persiguió el envío de recursos a los independentistas.

Durante el siglo XIX, varios fueron sus planes de comprar esta posesión española, incluso en el tiempo que se encaminaba a la intervención militar.

La última guerra estalló el 24 de febrero de 1895 y el fracaso de Madrid era evidente a finales de 1897.

La Corona no estaba en condiciones de enviar más hombres y dinero al capitán general Ramón Blanco, como antes hizo con Arsenio Martínez Campos y Valeriano Weyler.

Washington, que observaba de cerca, conocía perfectamente la verdadera situación; el final de la campaña era cuestión solo de tiempo y estaba a favor de los mambises cubanos, necesitados de armas para realizar su Ayacucho antillano.

En una de sus cartas a Tomás Estrada Palma, Delegado cubano en Nueva York, el general en jefe del Ejército Libertador Máximo Gómez, expresó: Dígalo usted a gritos, que yo viejo no me dejo ofuscar por la pasión… Nosotros tenemos el tiempo por nuestro. A España le toca apagar la hoguera”.

“España desangrada y arruinada no puede sostener la guerra un año más”, dijo Gómez en unas declaraciones publicadas por el Diario The Sun de Nueva York.

Desde el 24 de diciembre de 1897, el gobierno norteamericano instruyó al general en jefe Nelson A. Miles sobre los objetivos y característica de la Campaña de las Antillas, cuya “base de operaciones más conveniente será Santiago de Cuba y el Departamento Oriental”.

En el oriente del país, una gran parte territorio de Cuba Libre, vivían más de 150 mil personas, de ellas unos 30 mil mambises cuya fuerza podría duplicarse en caso de un apoyo desinteresado, que en realidad no hubo de Estados Unidos.

El 11 de abril de 1898, el presidente William McKinley pidió autorización al Congreso para intervenir, alegando motivos humanitarios y la necesidad de dar protección a las vidas y haciendas de los norteamericanos.

Las fuerzas cubanas, que garantizaron el desembarco y la victoria de las tropas de Estados Unidos en Santiago de Cuba, fueron privadas de entrar a la ciudad, y como el resto del Ejército Libertador, desarmadas y licenciadas, posteriormente.

La disolución por Estrada Palma del Partido Revolucionario Cubano, creado por José Martí para lograr la independencia y la república soberana, completó el ambiente adecuado para imponer a Cuba la Enmienda Platt.

El texto recibió la aprobación del Senado (43 a 20 votos) y de la Cámara de Representantes (159 a 134) y la sancionó McKinley, el 1 de marzo de 1901, convirtiéndose en ley.

Desde ese momento hasta el mes de junio, se entabló un forcejeo entre los independentistas y los ocupantes, apoyados estos en algunos proanexionistas.

Estados Unidos rechazó las gestiones en este país y de una comisión enviada a Norteamérica, así como todas las modificaciones propuestas por los cubanos en la votación el 5 de junio de 1901.

Con las tropas yanquis presentes en el suelo cubano y el mar aledaño, los constituyentes la aprobaron, sin adiciones ni debates, por 16 votos a favor y 11 en contra (cuatro ausentes), en la sesión del 12 de junio.

Una república que era solo bandera en las dependencias oficiales, representó entonces la única opción ante la amenaza de mantenerse la ocupación militar.

http://www.prensa-latina.cu/

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