Archivos para septiembre, 2011

La historia y sus venganzas

Publicado en Historia, Reflexiones, Textos con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 30 septiembre 2011 por La Historia Del Día

Sader, Emir.

 

 

 

 

 

Tomado del Libro: La Venganza de la Historia. Hegemonía y contra-hegemonía en la construcción de un nuevo mundo posible Emir Sader CLACSOhttp://www.clacso.org.ar/

La Venganza de la Historia. (Descargar Libro)

 

Ningún siglo fue más “histórico” que el siglo pasado, en el sentido que ninguno supuso mudanzas y transformaciones tan radicales del movimiento histórico, en diferentes sentidos y en un espacio relativamente tan corto de tiempo. Basta decir que una parte de la humanidad rompió con el capitalismo, inaugurando una época de polarización capitalismo/socialismo; posteriormente, una parte de esa parte resolvió volver al capitalismo. Lo que, en otras palabras, significa que ni “la historia camina para el socialismo” ni “el fin de la historia” desembocó en el capitalismo. Esto es, no hay teología en la historia. En vez de caminar y conducir a los hombres en una determinada dirección, la historia es construida y reconstruida por la lucha concreta de los hombres, a partir de las condiciones históricas que estos encuentran, es cierto, pero siempre hacia condiciones nuevas.

 

Simplemente porque el hombre, al contrario de otros animales, es un ser histórico; se diferencia de los otros animales, antes que nada, por su capacidad de trabajo y, de tal forma, de transformación permanente del mundo. La formulación de Marx -presente de manera más concentrada en La ideología alemana- revolucionó el pensamiento social y las formas en que el hombre se piensa a sí mismo. No apenas por ese carácter histórico, sino especialmente porque la transformación del mundo se hace en función de la necesidad humana de sobrevivencia y acontece, por lo tanto, como regla general, sin que el hombre tenga conciencia de las transformaciones que está operando. De allí el dramatismo de la pequeña frase del prólogo de “El Capital”: “Ellos hacen, pero no saben”. Hacen historia, sin conciencia de que la están haciendo. Ahí está la doble condición de los trabajadores en la obra de Marx y en la realidad del capitalismo: agentes de construcción de la riqueza y objetos de explotación y de alienación, porque éstas se insertan exactamente en el hiato entre el hacer y su conciencia. De allí la centralidad siempre presente de estos dos conceptos -explotación y alienación- para el pensamiento social y para todos los que quieran comprender la realidad del mundo contemporáneo. La historicidad del hombre y la dinámica histórica son así inseparables de los conceptos de explotación y de alienación: el primero, para explicar la acumulación de riqueza; el segundo, para explicar la dinámica de la lucha de clases.

Los fines de la historia

No obstante, la historia fue evocada como garantía de triunfo para tantos victoriosos y derrotados -siempre efímeros, porque históricos. Nunca se cambió tanto de hegemonía o nunca la hegemonía estuvo tan abierta, a pesar de que una visión retrospectiva podría dar la impresión de que la súper hegemonía en que terminó el siglo XX ya estaba trazada.

Quien -como yo- nació en 1943, vino al mundo en plena guerra mundial, fue contemporáneo de la bomba de Hiroshima, de los acuerdos de fin de guerra, del surgimiento del mundo bipolar (incluyendo el entonces llamado “campo socialista”, con su extensión a Europa Oriental), de la revolución china, de la guerra de Corea, apenas en lo que sería nuestra primera década de vida. En una sola década se pasó de la disputa hegemónica entre el bloque occidental -en el cual ascendían los Estados Unidos como potencia líder confrontando con el bloque cuyo liderazgo era disputado por Alemania- a la disputa, por primera vez en la historia de la humanidad, entre un bloque capitalista y un bloque socialista. En este marco, la revolución china condujo al país más populoso del mundo a sumarse al bloque socialista, en la mayor transformación de la historia de China en siglos.

En aquel momento los vietnamitas derrotaban en su territorio el poderío colonial francés, revelando el potencial de ampliación de ese movimiento en Asia. La lucha anticolonial tenía no sólo un aspecto anti-imperialista, sino que presentaba un potencial anti-capitalista, que en pocos años se generalizaría en la mayor lucha de resistencia al imperio norteamericano. Al mismo tiempo, la revolución boliviana, aquí al lado, tan poco conocida entre nosotros, realizó una radical reforma agraria, sustituyó el ejército por milicias populares y nacionalizó las principales minas del país, en el medio de una inmensa movilización popular, de obreros y campesinos.

La conciencia política de mi generación fue simultánea a otra revolución, que marcaría toda nuestra trayectoria: la revolución cubana. En mi caso, la primera acción política que realicé, a los 15 años, como militante de izquierda, fue exactamente distribuir un diario, Ação Socialista, que estampaba en la primera página la foto de un grupo de barbudos, posando como un equipo de fútbol, en una remota región entonces conocida como “América Central” (el Caribe no existía todavía con ese nombre).

Aunque en aquel momento la distancia entre la revolución china y la cubana pareciese grande, a escala histórica es mínima: apenas diez años separan los dos grandes movimientos, revelando los densos y turbados tiempos en que se vivía. Para comparar basta pensar que el período que transcurrió entre la revolución cubana y la nicaragüense fue el doble de tiempo -1959 y 1979- y la distancia entre la revolución rusa y la china fue de 32 años. Aún así, de 1917 a 1959, pasaron apenas 42 años, un espacio de tiempo todavía pequeño para la historia.

La extensión rápida e impresionante del campo socialista parecía confirmar las tesis soviéticas de que “el mundo camina para el socialismo” y que “la rueda de la historia no vuelve para atrás”. Hacia finales de los años cuarenta, la Unión Soviética había consagrado en su nueva Constitución que el país entraba ya en la fase de construcción del comunismo, apenas veinte años después de la victoria de la revolución, aunque esto pasara en Rusia, un país semiperiférico del capitalismo. Ya habrían sido abolidas las clases y sus contradicciones, a pesar del fortalecimiento cada vez mayor del Estado soviético, atribuido a la necesidad de defensa del enemigo externo. Una primera versión del “fin de la historia” fue incorporada en aquel momento por la potencia, que creía ser la vencedora del combate histórico6. La historia no tardaría en vengarse.

La dimensión que asumió el entonces denominado “movimiento comunista internacional”, si incluimos los estados que lo integraban, los partidos, los movimientos sindicales, los movimientos culturales, las editoriales y la influencia que tuvo, difícilmente pueda ser aprehendida por quien no vivió las décadas de hegemonía de tales fuerzas sobre el conjunto de la izquierda. Pocos podrán imaginar -para tener una idea de la fuerza de ese movimiento- las dificultades de ser militante de izquierda en otras organizaciones que no fueran los partidos comunistas. Estos tenían como retaguardia no sólo el “socialismo realmente existente”, sino que además aparentemente se inscribían de forma inexorable en la lógica concreta de la historia, que consagraba por las vías de hecho el modelo soviético como el sistema que negaba o superaba el capitalismo. La fuerza comunista en el movimiento sindical y la extensa red mundial de los partidos comunistas parecían confirmar la adhesión de la clase trabajadora a este movimiento aparentemente irreversible de la historia.

La bipolaridad mundial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, mirada desde la actualidad, parece un fenómeno lejano y de difícil evaluación sobre sus reales proporciones. Bastaría citar la tesis del entonces secretario de Estado norteamericano del presidente Eisenhower, Foster Dulles, al referirse a Anastácio Somoza (padre): “Es un hdp, pero es nuestro hdp” (“It’s a son of bitch, but it’s our son of bitch”), para tener una idea de cómo todo era iluminado por las luces del alineamiento de uno u otro lado de los dos bloques.

Tal vez más significativa haya sido la evolución de la posición china, como efecto indirecto de la polarización entre las dos superpotencias. Inicialmente alineada con la Unión Soviética, en el período de dirección de Stalin, China comenzó a desenvolver divergencias con Moscú a medida que el proceso de desestalinización fue puesto en práctica. Al mismo tiempo, consolidado el proceso de industrialización de base, en tanto la Unión Soviética fue pasando a definir el estilo de consumo de bienes de la industria liviana, China pasó a acusar un proceso de adopción de formas de consumo y vida “burgueses”. Gradualmente, China comenzó a acusar a la Unión Soviética de ser una potencia imperialista y a calificar el cuadro político mundial como la lucha entre “dos imperialismos”. Este análisis fue evolucionando hacia la caracterización de la Unión Soviética como la “potencia ascendente”-y por eso más peligrosa- y los Estados Unidos como la “potencia decadente”. A partir de allí comenzó la denominada “diplomacia del ping-pong” iniciada sorprendentemente por Mao Tse-Tung y Richard Nixon en 1981, estableciendo una alianza “contra el imperialismo soviético”, en lenguaje chino.

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¡Tres golpes al Imperio!: El Comando Sur de EE.UU. y la 4ª Flota

Publicado en Política Internacional, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 30 septiembre 2011 por La Historia Del Día

Ray del Papa

CounterPunch

 

Desde el 6 de octubre miles de personas se reunirán en tres importantes actos, en Washington DC, en la Base Creech de la Fuerza Aérea en Nevada y en Miami, Florida, en el Comando Sur de EE.UU. en Miami. Estos eventos se dirigirán contra el militarismo estadounidense, y no se limitarán a: el 10º aniversario de la guerra en Afganistán; el uso de aviones drone armados, así como el de armas nucleares, incluido el espacio; y el Comando Sur/4ª Flota de EE.UU., y sus efectos sobre los pueblos de Latinoamérica y el Caribe. Los organizadores de los tres eventos se han unido de modo solidario, proclamando que estos tres eventos son “¡Tres golpes al Imperio!”

EE.UU. tiene una larga y muy desagradable historia en Latinoamérica y el Caribe. Durante tantos años y en tantos países apoyó “las guerras sucias”, de los años setenta a comienzos de los noventa. Durante ese período nacieron en Panamá tanto el Comando Sur como la Escuela de las Américas (SOA, por sus siglas en inglés). Existe una larga lista de graduados de la Escuela de las Américas que de ahí pasaron a cometer algunas de las peores atrocidades contra los derechos humanos en la región. Detrás de la SOA está el Comando Sur, orquestando esas guerras sucias, golpes de Estado, e intervenciones militares directas de EE.UU. Ambos siguen muy activos en la región, sin embargo, la SOA se llama ahora WHINSEC, siglas en inglés del Instituto de Cooperación y Seguridad Hemisférica. Ahora el Comando Sur tiene un brazo que blandir, la 4ª Flota de la Armada de EE.UU.

EE.UU. resucitó la 4ª Flota de la Armada en el verano de 2008. Se estableció originalmente en 1941 para combatir a los submarinos alemanes, y con actividad de atacantes en superficie en las aguas del Caribe y el Atlántico Sur. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, la flota se sacó del servicio activo en 1947. Ahora, en la segunda década del Siglo XXI, ¿por qué necesita EE.UU. una flota en una región del mundo que no plantea ninguna amenaza militar seria? De hecho ni un solo país en Latinoamérica o el Caribe, incluidas Cuba o Venezuela, tiene armadas de alta mar.

Tal vez EE.UU. teme la amenaza de Bolivia y Paraguay, ambas sin salida al mar sin armadas. Una explicación más razonable es el viejo axioma: “diplomacia de cañoneras”. La influencia de EE.UU. en la región ha disminuido considerablemente durante la última década y media. Ya no puede influenciar o dominar a muchos de los gobiernos en la región del modo que lo hizo durante 200 años. Ahora EE.UU. tiene que volver a intimidar a los países más débiles, como Haití y Honduras. Cuando tratan de liberarse de la misma dominación estadounidense, EE.UU. reacciona directamente, como en Haití, o de modo encubierto, como en Honduras. Basta con mirar dónde tuvieron lugar los dos últimos golpes exitosos para probar ese hecho. Tanto Haití como Honduras fueron un bastión de corporaciones estadounidenses y canadienses que necesitaban mano de obra barata. Por lo tanto, cuando trataron de revertir esas condiciones, sus gobiernos fueron derrocados. Ambos golpes tuvieron el mismo tipo de apoyo del gobierno de EE.UU., sus militares o sus ONG.

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La pobreza en América Latina – ¿Una dimensión olvidada de la integración económica regional? (Descargar Libro)

Publicado en Libroteca, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 29 septiembre 2011 por La Historia Del Día

Pablo Andrade y Alicia Puyana  [compiladores]

Colección CLACSO-CROP.

ISBN 978-987-1543-37-3

CLACSOhttp://www.clacso.org.ar/

Buenos Aires. Marzo de 2010

 

  

INDICE 

-      Introducción 

     La falacia del desarrollo basado en apertura comercial 

     Estado, políticas públicas y pobreza bajo el contexto de la integración económica y el comercio internacional 

     El caso de Nicaragua 

     El mercado de mujeres: el aumento del tráfico sexual de latinoamericanas 

-      Críticas y desafíos para la integración regional sudamericana en el siglo XXI. ¿Cómo explicar la continuidad del regionalismo abierto en la integración económica?

-      El comercio intra-firma en México

 Resumen 

Este libro reúne los trabajos presentados en el Seminario Internacional “Pobreza, Integración Económica y Comercio Internacional” del Programa CLACSO-CROP de Estudios sobre Pobreza en América Latina y el Caribe, realizado en Quito, Ecuador, en la sede de la Universidad Andina Simón Bolívar. El objetivo central del evento fue explorar las posibles relaciones entre los esquemas regionales de integración económica y la generación y recreación de la pobreza o su reducción, lo que supone un abordaje crítico de las principales corrientes del pensamiento económico y del discurso político que han predominado en las últimas décadas en los círculos de poder de América Latina. A través del tiempo, tales corrientes han sostenido que existe una relación directa entre el libre comercio y el bienestar de la población. Esto implica que, en principio, la integración económica y la apertura comercial se traducirían en mayores niveles de eficiencia y productividad para las economías, lo que a su vez acarrearía un mayor crecimiento qeu se derrama en toda la sociedad. Estos y otros argumentos relacionados se asientan en supuestos teóricos liberales y neoliberales que han estado en los primeros planos de la literatura económica y han ocupado un lugar saliente en las editoriales de las principales publicaciones y medios de comunicación de la región, así como en las políticas recomendadas por organizaciones internacionales que custodian el régimen económico internacional articulado en la segunda posguerra mundial. La publicación de esta selección de los aportes presentados y debatidos en el seminario referido busca continuar la tarea propuesta en la convocatoria al evento de contribuir criticamente al debate sobre las complejas relaciones entre pobreza, integración económica y comercio internacional.   

Descargar Libro:  La Pobreza en América Latina

[Tipnis] Bolivia: El coraje de ir contra la corriente

Publicado en Latinoamérica, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 29 septiembre 2011 por La Historia Del Día

Raúl Zibechi

La Fogata

 

Si la marcha de 1990 marcó el comienzo del ocaso del modelo privatizador, la de ahora puede estar mostrando los límites éticos del proceso plurinacional.

 

El 16 de agosto de 1990 comenzó la Marcha por el territorio y la dignidad, que llegó a La Paz luego de 34 días de caminata desde el oriente de Bolivia. Fue la primera acción colectiva de envergadura de los pueblos de tierras bajas, la Amazonia y el Chaco, que estaban sufriendo el despojo de las empresas madereras que explotaban los bosques y del latifundio que se expandía sobre sus territorios.

Salieron 300 marchistas y llegaron a La Paz más de 800 de pueblos dispersos en los territorios más diversos: 190 del Parque Isiboro-Sécure, 85 del Bosque Chimán, 135 de San Lorenzo, 82 del Ibiato, 25 de San Francisco, 42 de Santa Cruz y varias decenas de otros sitios donde habitan mojeños, yuracarés, guaraníes, mosetenes y otros, según detalla el libro Sociología de los movimientos sociales en Bolivia, coordinado por Álvaro García Linera.

Según el autor, hoy vicepresidente, la marcha fue exitosa y tal fue la presión moral de esta inédita movilización que el gobierno tuvo que emitir apresuradamente ocho decretos, entre los cuales se reconocían cuatro territorios indígenas (p. 218). Uno de ellos es el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), de donde procedían la mayoría de los indígenas.

Sobre esta marcha histórica se ha escrito y reflexionado mucho, ya que representó un viraje en la historia social y política de Bolivia.

Uno: es el comienzo de la recomposición del movimiento popular luego de la derrota obrera-minera-sindical de 1985-1986, que abre el periodo neoliberal-privatizador en Bolivia. En 1990 gobernaba Jaime Paz Zamora y el modelo estaba en su apogeo.

Dos: la marcha visibiliza pueblos que durante décadas estuvieron sumergidos y no estaban organizados más que en sus comunidades, pero sobre todo puso sobre la mesa un nuevo tema: los territorios.

Tres: la marcha es una tecnología de protesta más eficaz que los paros, huelgas de hambre y bloqueos, que permite conseguir apoyos a lo largo del trayecto, como ya había sucedido en 1986 con la marcha de los mineros desde Potosí a La Paz, como señala Félix Patzi.

Cuatro: cuando los marchistas llegan a la cumbre que separa el Altiplano de los Yungas y la Amazonia, a cinco mil metros de altitud, se produce un encuentro de hermandad entre los pueblos de tierras bajas y los de tierras altas, aymaras y quechuas. El sacrificio ritual de una llama convoca a la construcción de un país confederado de naciones originarias. Ahí nace la Bolivia plurinacional, 18 años antes de ser reconocida en la Constitución.

Cinco: los pueblos de tierras bajas buscan el reconocimiento de sus autoridades tradicionales y la autorrepresentación política que permita eliminar las intermediaciones étnicas con las que por lo general los pueblos indígenas negocian con el Estado (García Linera, p. 255). Esta revolución teórica y política va de la mano de la demanda de autonomía y autogobierno, como señala Héctor Díaz-Polanco.

Seis: la marcha fue un triunfo, tanto por los decretos que el gobierno se vio forzado a emitir como por el masivo apoyo popular que obtuvo; por haber instalado nuevos temas y nuevos actores en el escenario político. Los pueblos de tierras bajas fueron capaces de marchar contra la corriente neoliberal hegemónica, y en esa resistencia activa se fortalecieron y comenzaron a forjar un amplio frente social que con el tiempo derrotó al modelo.

En los años siguientes se sucedieron varias marchas tanto de pueblos de tierras bajas, que exigían la titulación de sus tierras comunitarias, como de otros sujetos que resistieron el neoliberalismo.

El TIPNIS tiene una superficie de 1.2 millones de hectáreas que albergan bosques húmedos que regulan el cauce de los ríos amazónicos que bajan hacia las llanuras, y es una zona de especies endémicas habitada por 64 comunidades de tres pueblos originarios. Tiene una zona colonizada de 125 mil hectáreas, donde viven unos 15 mil colonos, gran parte de ellos cultivadores de hoja de coca. En 2009 el presidente Evo Morales entregó a los indígenas mojeños, yuracaré y chimanes el título colectivo de un millón 91 mil 656 hectáreas, que beneficia a sus 7 mil habitantes.

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China-América Latina, la relación que preocupa al Banco Mundial

Publicado en Latinoamérica, Política Internacional, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 29 septiembre 2011 por La Historia Del Día

Alberto Cruz

CEPRID

 

China es el incuestionable nuevo actor de la política internacional. No sólo es cortejado el país para que acuda en auxilio de la economía agonizante de los países europeos, sino que su política está siendo cada vez mejor acogida en un mundo que observa cómo se acelera el declive estadounidense y occidental. La política exterior china es la puesta en práctica de un modelo político y diplomático que prefiere desarrollar el “poder blando” –diplomacia, no injerencia y multipolaridad- en contraposición al modelo tradicional estadounidense y europeo de intervención militar, unipolaridad e interferencia política (1). Lo que viene ocurriendo en el Magreb y Oriente Próximo en los últimos tiempos, o lo sucedido con los procesos emancipatorios que se vienen desarrollando en América latina en los últimos años lo pone claramente de manifiesto.

 

Esta política, basada en lo que los académicos chinos denominan “el consenso de Beijing”, está siendo desarrollada a gran escala a partir del año 2007 aunque desde mucho antes China ya venía tejiendo una cautelosa red de influencia en todo el mundo –de forma especial en África, Asia y América Latina- que ya preocupa de forma oficial a instituciones como el Banco Mundial. Este organismo acaba de hacer público un informe tremendamente esclarecedor sobre cómo América Latina está soportando la crisis económica mucho mejor que EEUU y Europa (2) en el que se afirma: “El fuerte crecimiento en la última década en América Latina y el Caribe ha tenido un nuevo impulsor clave, China, que ha demostrado ser una fuente importante de estabilidad, tanto durante la crisis económica mundial de hace dos años, la más grande desde la Gran Depresión, como durante la actual crisis del mercado que está ocurriendo en Europa y Estados Unidos”.

Sin embargo, junto a esta evidencia que parece a primera vista un elogio, de inmediato aparece la gran preocupación: “el crecimiento en los países de América Latina y el Caribe parece estar cada vez más atado a los desarrollos en China y menos al de los países desarrollados”, un hecho que no gusta lo más mínimo al BM que insiste en ello una y otra vez. Tomemos otro ejemplo: “a pesar de la desalentadora imagen de la actual conexión de América Latina y el Caribe con China, existen algunas señales esperanzadoras [para una política económica menos dependiente de las relaciones con China]. Las mejoras institucionales y en los marcos de políticas económicas de América Latina y el Caribe aumentan las oportunidades de evitar la maldición de los recursos naturales [en los que según el BM se asienta la presencia china en el continente americano] y aumenta las esperanzas de que se convierta en bendición. Además existe creciente evidencia de casos específicos en la producción de productos agrícolas de la región de amplia modernización tecnológica, efectos de agrupación y vínculos con otros sectores (por ejemplo, Argentina, Brasil, Chile y Uruguay)” que alejarían a los países latinoamericanos de los chinos.

Como no se puede tapar el sol con el dedo, todo el informe del BM ofrece una palada de cal y otra de arena. Así, mientras que se certifica que “China es lo suficientemente grande y crece lo suficientemente rápido para ejercer una influencia importante sobre la región”, de inmediato se afirma que “todavía sigue siendo menos desarrollada que América Latina y el Caribe y por lo tanto no puede ser una fuente significativa de aprendizaje para la región”. ¿Dónde, entonces, tienen que aprender estos países? Pues donde siempre: “el aprendizaje (producir más y mejor de lo mismo, y producir cosas nuevas) en una economía globalizada puede provenir de cualquier lado, no sólo del país al cual se exporta, siempre y cuando se tengan las instituciones y políticas adecuadas. La ausencia de estas últimas explica en parte porque América Latina y el Caribe no pudo capitalizar la estrecha relación que mantenía con los EE.UU. (una economía rica e innovadora operando en la frontera tecnología) durante la mayor parte del período posterior a la Segunda Guerra Mundial”. El que fuese precisamente EEUU quien impidiese el desarrollo de esas instituciones apoyando y fomentando los golpes de estado y las dictaduras militares no está dentro de los parámetros del BM. No hay ni una sola referencia a ello en las 67 páginas del informe.

Se dirá que no es el cometido del BM. Pero da la casualidad que es justo con la desaparición de las dictaduras militares y la restauración de las incipientes democracias –que no se atrevieron a romper del todo con el legado de los golpistas- cuando se inició el crecimiento económico de América Latina, ahora tan alabado. Traducido en datos del BM, el continente ha aumentado un 25% su Producto Interior Bruto desde entonces, con un “brillo especial en los últimos 10 años” (sic). Es decir, con la llegada de los chinos al continente.

21 de 33

En apenas diez años China ha establecido relaciones diplomáticas y económicas con 21 de los 33 países latinoamericanos y caribeños y la inversión china en ellos es ya de 50.000 millones de dólares (unos 35.000 millones de euros). Pero China ha hecho algo especial con América Latina: ha comenzado a otorgar créditos al desarrollo. Eso implica un compromiso profundo y a largo plazo con el continente latinoamericano que no aparece en el informe del BM.

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La revolución en el Chile del 2011 y el movimiento social por la educación

Publicado en Latinoamérica, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 28 septiembre 2011 por La Historia Del Día

Claudio Pulgar Pinaud

Rebelión

 

Este año Chile ha vivido – y sigue en desarrollo- un proceso socio-histórico muy importante, más aún dentro del contexto latinoamericano, que lo ha antecedido de amplios movimientos sociales especialmente durante la última década (ejemplos claros como la crisis del 2001 Argentina; la guerra del gas y del agua en Bolivia; las crisis políticas en Ecuador; todas con grandes movilizaciones, y las llegadas de gobiernos de izquierda en Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Brasil, Venezuela, Perú, y en algunos casos el desarrollo de asambleas constituyentes). En este escenario Chile parecía estar al margen de la región con una estabilidad política ejemplar y un supuesto éxito económico, pero con esta ola de movilizaciones del 2011 emergen los verdaderos matices de la sociedad chilena y el país ha vuelto a integrarse a los procesos sociales de la región, claro que cada uno con sus propias lógicas y contextos.

 

Es necesario analizar el movimiento social por la educación del 2011 como un eslabón dentro de varios otros hitos que han ido transformando la sociedad chilena estos últimos tiempos, desde la dictadura hasta hoy, pero con especial fuerza en el último año, en los que se incluye las movilizaciones de pobladores y ambientalistas, así como la lucha del pueblo mapuche y de las minorías sexuales, entre otras.

Es importante contextualizarlo también cómo un movimiento social que ataca las raíces del supuestamente exitoso “modelo chileno”, instalado a sangre y fuego durante la dictadura de Pinochet por los Chicago Boys -seguidores de Milton Fridman- convirtiendo a Chile en el primer laboratorio neoliberal del mundo a través de la doctrina del shock económico como afirma Naomi Klein. Este modelo luego de la vuelta a la democracia no tuvo grandes cambios, sino que fue administrado por la concertación de partidos por la democracia, coalición de centro izquierda que en algunos aspectos profundizó el modelo económico heredado de la dictadura.

Si hay un eje común en las demandas del movimiento del 2011, es el cuestionamiento del lucro, es decir, la mercantilización generalizada de los derechos sociales y los servicios públicos, en un contexto país con una gran desigualdad económica y social, que sólo ha ido aumentando y es una de las más alta del mundo, a pesar de las cifras de crecimiento macroeconómico, dejando en evidencia la indignante concentración de la riqueza. Es entonces un movimiento de alguna forma anti neoliberal, ya que vuelve a poner en la discusión el rol del sector público frente a los derechos sociales y crítica el rol del preponderante entregado al mercado.

En la historia reciente del país han existido importantes manifestaciones estudiantiles, destacando las de 1997, de 1999 (con la muerte del estudiante Daniel Menco), de 2002 y del 2006 –conocida como la “revolución de los pingüinos” (protagonizados por los estudiantes secundarios, donde los universitarios también participaron). Pero ninguna había sido como la actual por su masividad y transversalidad. En esta ocasión se ha visto una participación tiestamente en las universidades, es decir, estudiantes, académicos y funcionarios – hasta con el apoyo de los rectores de las universidades públicas-, además de los estudiantes secundarios de liceos, el colegio (sindicato) de profesores, y que además han logrado incorporar en el proceso a las familias de los estudiantes y a la ciudadanía en general, incluso generando frentes sociales más amplios de apoyo.

Con la llegada del gobierno de derechas de Piñera el año 2010, el escenario parecía propicio para la llegada de las protestas sociales, pero el terremoto del 27 de febrero, días antes de que asumiera el nuevo gobierno, le dio cierta “calma” al clima social. Luego el rescate-espectáculo de los 33 mineros sirvió de nuevo como una gran “aspirina” colectiva frente a la situación de descontento generalizado en la ciudadanía, que se viene silenciosamente arrastrando y acumulando hace tiempo, a causa de ver y escuchar sobre el supuesto éxito económico del país, pero al mismo tiempo constatar en la cotidianidad de la mayoría la desigualdad y las injusticias que van creciendo.

Al hacer el interesante ejercicio de recuento de las movilizaciones desde la llegada de Piñera, encontramos el primer hito: el 24 de agosto del 2010 se aprobó la termoeléctrica Barrancones en el santuario de la naturaleza de Punta de Choros, provocando una masiva manifestación espontánea que movilizó en su mayoría a ecologistas, estudiantes y profesionales jóvenes, ocupando el centro de Santiago, logrando finalmente hacer recular el proyecto con la intervención directa del presidente, sembrando un precedente importante y simbólico para la movilización social.

De octubre a diciembre 2010 le siguieron varias manifestaciones de pobladores (habitantes) que comienzan a organizarse y converger en la Federación Nacional de Pobladores, y que actualmente se han sumado y vinculado con el movimiento estudiantil, entendiendo que no deben luchar solamente por el derecho a la vivienda o el derecho a la ciudad, sino que sus luchas están íntimamente relacionadas con el derecho a la educación, a la salud y al trabajo, de los cuales también están excluidos como habitantes pobres de las ciudades.

Luego en enero de 2011 la región austral de Magallanes protagonizó un paro regional contra el alza del gas -recurso básico en la región patagónica por sus bajas temperaturas-. La movilización fue muy potente y combativa, y durante 2 semanas puso en jaque al gobierno. Le siguió el 27 de febrero de 2011, a un año del terremoto, con la movilización de los damnificados, quienes denunciaron el nulo avance del proceso de recuperación, al movilizarse y organizarse a nivel nacional bajo el mismo lema de “un año sin reconstrucción”, formando el Movimiento Nacional por la Reconstrucción Justa, denunciando a la vez la privatización de los planes reconstrucción y que se estaba “lucrando” con ésta.

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