Archivos para octubre, 2011

Reseña La clase obrera en el interinato de De la Huerta y el gobierno de Obregón: Importantes aportes al estudio del movimiento obrero mexicano

Publicado en Historia, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 29 octubre 2011 por La Historia Del Día

Gerardo Peláez Ramos   

La haine.org

 

Libro que, por una parte, logra superar la visión estatalista y, por otra, no incurre en la otra vertiente de investigación de moda hoy día, la movimientista

 

La colección “La clase obrera en la historia de México”, que coordina el doctor Pablo González Casanova, se ve enriquecida con la edición del tomo 7, En el interinato de Adolfo de la Huerta y el gobierno de Álvaro Obregón (1920-1924), del investigador Jaime Tamayo, recientemente lanzado a la luz pública por Siglo XXI Editores. De este modo, la colección casi se completa, faltando solamente el tomo 5 a cargo de Juan Felipe Leal y José Villaseñor.

La obra de Tamayo hace aportes importantes al estudio del movimiento obrero mexicano. Por una parte, logra superar la visión estatalista y, por otra, no incurre en la otra vertiente de investigación de moda hoy día, la movimientista, que intenta asumirse como contestataria. El autor, pues, engarza en un todo el desarrollo económico, la formación del Estado moderno en México y las luchas y la organización de la clase obrera.

En el texto se describen y analizan la política de Álvaro Obregón y el proceso organizativo de los trabajadores asalariados. La política obregonista es caracterizada como populista y bonapartista, la cual tenía como ejes la aplicación de reformas sociales, las concesiones a las organizaciones obreras y sus líderes y el apoyo a las demandas laborales, en combinación con la cooptación y represión de los movimientos que tendían a rebasar los límites tolerados.

El pacto de Obregón con el liderato de la Confederación Regional Obrera Mexicana le permitió al gobierno hacerse de una firme base social y a la CROM le facilitó el crecimiento acelerado y masivo. Por medio de la concreción de los puntos que se firmaron –que eran de interdependencia– el movimiento sindical alcanzó conquistas inmediatas, aunque sin poner en peligro el régimen de la propiedad privada.

Tamayo narra la situación legislativa en materia laboral que prevalecía en 1923 y la lucha por la reglamentación del artículo 123 constitucional, bandera del movimiento obrero que enfrentó una furiosa resistencia por parte de las agrupaciones patronales.

Dada la etapa de configuración del Estado moderno en México, la organización sindical además de ser el principal instrumento de lucha económica de los trabajadores permitió a éstos participar e incidir en el Estado. La alianza entre la CROM y el gobierno de Obregón a la larga tuvo profundas proyecciones.

Un capítulo está dedicado a la CROM, en el cual explica el sindicalismo de la acción múltiple. Apunta Tamayo que la hegemonía de esta organización se impuso gracias al fracaso de las concepciones y prácticas del anarcosindicalismo, la formación del Grupo Acción y la política de reformas del gobierno obregonista. Sin embargo, la CROM no pudo alcanzar la unicidad en el sindicalismo nacional; fuera de sus filas permanecieron destacamentos claves del proletariado, como los petroleros, textiles, ferrocarrileros y tranviarios. La CROM en estos núcleos era minoritaria y los campesinos constituían alrededor del 40 por ciento de sus agremiados.

La CROM era pragmática. Las cuestiones doctrinarias e ideológicas la tenían sin cuidado. Conforme la dirección cromista se imbricaba con el aparato del Estado, se hacía más conservadora: buscó centralizar la decisión del estallido de huelgas, impuso el esquirolaje frente a otras organizaciones sindicales y cayó en un anticomunismo militante; por ejemplo, en la Sexta Convención se rechazó la credencial de Alfonso R. Soria, por comunista, y se resolvió: “…Tercero. La CROM no permite el establecimiento de partidos comunistas dependientes de la Tercera Internacional de Moscú”. (p. 94)

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Celebración del centenario de la revolución china de 1911

Publicado en Historia, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , el 29 octubre 2011 por La Historia Del Día

Domenico Losurdo

 

Este acontecimiento histórico fue, en primer lugar, una expresión de reafirmación de la identidad nacional ante el imperialismo occidental

 

En 1911 se produce en China una revolución que provoca el derrocamiento de la dinastía manchú y que da lugar a la proclamación de la República. Sun Yatsen es el primero en ocupar el cargo de presidente. Aunque está lejos de ser un marxista, Sun Yat-sen saluda favorablemente el ascenso de los bolcheviques al poder.

La explicación que proporciona, años más tarde, sobre ese gesto encierra una terrible acusación contra el colonialismo y el imperialismo: «Ya fueron exterminados los pieles rojas de Estados Unidos» y el «exterminio» amenaza también a los demás pueblos colonizados.

Es trágica la situación de estos pueblos, a no ser porque «de improviso 150 millones de hombres de raza eslava se levantaron para oponerse al imperialismo, al capitalismo, a las injusticias, a favor del género humano». Así «nació, en momentos en que nadie lo esperaba, una gran esperanza para la humanidad: la Revolución rusa». Sí, «gracias a la Revolución rusa, la humanidad entera tenía ante sí una gran esperanza». Por supuesto, la respuesta de la reacción no se hizo esperar: «Las potencias han atacado a Lenin porque quieren destruir a un profeta de la humanidad».

Es cierto que Sun Yat-sen no es marxista ni comunista, pero es tomando como punto de partida la «gran esperanza» -la cual describe en un lenguaje a veces ingenuo y precisamente por ello mucho más eficaz– que resulta comprensible la fundación del Partido Comunista Chino, el 1º de julio de 1921.

Posteriormente, Mao, ya por entonces metido de lleno en la guerra nacional de resistencia contra el imperialismo japonés que pretende «someter toda China y convertir a los chinos en esclavos colonizados», recuerda su primer enfoque (en los últimos años de la dinastia manchú) y la causa de la revolución: «En aquel periodo comenzaba yo a tener destellos de conciencia política, especialmente después haber leído un opúsculo sobre el desmembramiento de China […]. Aquella lectura despertó en mí grandes preocupaciones por el porvenir de mi país y empecé a comprender que todos teníamos el deber de salvarlo».

Más de 10 años después, al hacer uso de la palabra en la velada que siguió a la proclamación de la República Popular, Mao recuerda la historia de su país. Menciona en particular la resistencia contra las potencias protagonistas de la guerra del opio, la revuelta de los Taiping «contra los Ching al servicio del imperialismo», la guerra de 1894-1895 contra Japón, «la guerra contra la agresión de las fuerzas coaligadas de las ocho potencias» (después de la revuelta de los Boxers) y, para terminar, «la Revolución de 1911 contra los Ching lacayos del imperialismo». Numerosas luchas y también numerosas derrotas.

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Libia: llegada del nuevo colonialismo

Publicado en Historia, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 28 octubre 2011 por La Historia Del Día

Manlio Dinucci

Voltaire.net

 En el pasado, el imperialismo italiano decía «traer la civilización». Hoy en día, el colonialismo de la OTAN afirma «traer la democracia». En definitiva, cien años después de la primera guerra de Libia, todo sigue igual. Ninguna enseñanza se ha sacado de las masacres del pasado, Occidente sigue mintiéndose a sí mismo para apoderarse del país que ambiciona. Mientras tanto, sigue corriendo la sangre.

 

Mussolini, liberador de Libia

El 5 de octubre de 1911, después de dos días de bombardeo naval, el primer contingente italiano desembarcó en Trípoli dando comienzo así a la ocupación colonial de Libia, ocupación –continuada y acentuada por el fascismo– que duraría 30 largos años. ¿Se trata acaso de una página histórica ya superada? ¿Existe alguna analogía entre la primera guerra de Libia y la actual? Si bien es cierto que muchas cosas han cambiado a largo de un siglo, también es un hecho que los engranajes de la guerra siguen siendo esencialmente los mismos. 

Detrás de la guerra… los intereses

A principios del siglo XX, Italia, que a raíz de la derrota de Adua (1896) había quedado como potencia colonial de segunda categoría con las posesiones de Eritrea y Somalia, reactivó su política expansionista: el objetivo era la conquista de Libia, que formaba parte del Imperio Otomano, ya por entonces en proceso de descomposición. Influían en ese sentido los círculos dominantes financieros, industriales y agrarios, deseosos de penetrar en el norte de África, y también los fabricantes de armas, que añoraban una guerra que aumentara sus ganancias. 

La conquista comenzó con una estrategia económica agresiva que el gobierno aplicaba a través del Banco di Roma, poderosa institución financiera vinculada a los círculos del Vaticano y los católicos. Mediante grandes montos de capitales y fuertes contribuciones gubernamentales, comenzó a penetrar en Libia en 1907, abriendo sucursales, bancos de préstamos y agencias comerciales. Logró penetrar el sector agrícola mediante la compra de terrenos y la implantación de un gran establecimiento agrícola y ganadero cerca de Benghazi, así como de un enorme molino en Trípoli, y promovió la prospección minera. En 3 años logró hacer negocios por 240 millones de liras. Aquello suscitó la creciente hostilidad de las autoridades turcas. Italia respondió declarando la guerra a Turquía, a pesar de que esta última estaba muy dispuesta a hacer grandes concesiones. 

Hoy en día, para las élites económicas y financieras de Europa y Estados Unidos, Libia es mucho más importante aún. Debajo ese «gran montón de arena» se encuentran las mayores reservas de petróleo de toda África, inestimables debido a la gran calidad de ese petróleo y a su bajo costo de extracción, enormes reservas de gas natural y la inmensa reserva de agua del manto nubio, más valiosa incluso que el propio petróleo. Libia es además el país que ha logrado el mayor nivel de desarrollo económico en todo el continente africano y dispone de grandes capitales invertidos en numerosos países. 

Fueron esencialmente Gran Bretaña y Estados Unidos los países que lograron apoderarse de esos recursos en 1951 cuando Libia obtuvo la independencia, manteniéndose sin embargo dependiente del colonialismo, que había adoptado nuevas formas de expresión. Aquella situación llegó a su fin, en 1969, cuando los «oficiales libres» de Muammar el Kadhafi abolieron la monarquía del rey Idris, instrumento de la dominación neocolonial, y fundaron la república, nacionalizando las propiedades de la British Petroleum y obligando a las compañías petroleras a pagar al Estado libio cuotas mucho más elevadas sobre los dividendos que obtenían. 

Pero en este momento, la guerra ha modificado todo esto. 

Preparando a la opinión pública

Hace un siglo, la guerra por la ocupación de Libia se preparó y se acompañó con una constante propaganda, remachada y aplicada por todos los grandes periódicos, sobre todos los católicos, vinculados al Banco de Roma. Se propagó un verdadero delirio bélico, al extremo que en los espectáculos de los cafés cantantes se coreaba la siguiente melodía:

«¡Trípoli, hermosa tierra del amor, que a ti llegue mi canción!

¡Que flote sobre tus torres la bandera tricolor con el tronar del cañón!

Navega, oh acorazado. Propicio es el viento y dulce la estación.

¡Trípoli, tierra encantada, serás italiana con el tronar del cañón!»

La motivación conductora afirmaba que Italia, nación civilizada, tenía que liberar Libia de la bárbara dominación turca, abriéndole así el camino al desarrollo político y económico. En realidad, los libios ya habían conquistado por entonces numerosos derechos cívicos, derechos que los italianos abolieron al ocupar el país.

Sobrestimando su propia fuerza y creyendo que Giolitti [primer ministro liberal. NdT.] no se atrevería a embarcar a Italia en una aventura colonial, el Partido Socialista se mantuvo esencialmente pasivo. Sólo en el último momento, bajo la presión de los círculos obreros y de la juventud, la dirección del PSI proclamó una huelga general, el 27 de septiembre de 1911. Recomendó, sin embargo, que dicha huelga fuese «digna y pausada». En realidad, hacía ya mucho tiempo que notorios representantes de los socialistas italianos se habían convertido en elementos de apoyo del colonialismo. Giovanni Pascoli [Célebre poeta de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. NdT.] escribía en aquel entonces: «La aspiración de la expansión colonial no está en contradicción con el socialismo.» Ya después del comienzo de la guerra de conquista contra Libia, el propio Pascoli anunciaba: «la gran proletaria se ha puesto en marcha» para dar trabajo a sus hijos, para «contribuir a humanizar y a civilizar pueblos».

Lo anterior era un anuncio precoz del concepto de «guerra humanitaria» que hoy se utiliza para remachar la propaganda mediática a favor de la actual agresión contra Libia. El supuesto motivo sigue siendo la liberación del pueblo libio, en este caso no de la bárbara dominación turca sino del yugo del dictador Kadhafi, para abrirle el camino hacia el desarrollo político y económico con ayuda del trabajo italiano. Y hoy en día, mucho más que en 1911, tenemos una «izquierda» que respalda la guerra. Y tenemos también un secretario del PD (Partito democratico) que afirma: «El artículo 11 de la Constitución repudia la guerra como solución de las controversias internacionales, pero no repudia el uso de la fuerza por razones de justicia.»

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Política & Miseria: el nuevo libro de Raúl Zibechi

Publicado en Latinoamérica, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 28 octubre 2011 por La Historia Del Día

Lavaca.org

 

¿Qué impacto tienen en los movimientos sociales latinoamericanos las políticas sociales de los gobiernos progresistas? ¿Por qué la llamada “lucha contra la pobreza” oculta el verdadero problema de la región: la concentración de la riqueza? ¿Las oenegés son la forma blanda del imperialismo? ¿Quién cuestiona al modelo económico de extracción de recursos naturales? Rául Zibechi invita a debatir estos temas polémicos en la presentación de su nuevo libro. En una entrevista publicada en MU, el periódico de lavaca Zibechi sintetiza su hipótesis y anticipa las batallas por venir.

Con cuatro hipótesis para lanzarse a recorrer el presente. Raúl Zibechi describe de este modo las dificultades que implican las políticas sociales:

  • Instalan la pobreza como problema y sacan a la riqueza del campo visual.
  • Eluden los cambios estructurales, congelan la desigualdad y consolidan el poder de las élites.
  • Bloquean el conflicto para facilitar la acumulación de capital.
  • Disuelven la autoorganización de los de abajo.

Con esas propuestas arranca Política & Miseria, un libro que abre neuronas y debates al investigar un presente que involucra a movimientos sociales, gobiernos progresistas, modelos económicos, oenegés, discursos, concentración de riqueza, lucha contra la pobreza y otros enigmas que en Argentina, y Sudamérica le despiertan la siguiente reflexión, que Zibechi plantea en charla con mu desde Montevideo: “El eje de los nuevos tiempos es que los movimientos sociales han sido exitosos y empiezan a ocupar un lugar central en las sociedades. El Estado primero los reprimía y criminalizaba. Pero ahora los incorpora. Necesita esta alianza que, así como hace décadas pasó por el movimiento sindical, hoy pasa por los movimientos sociales. Como si dijeran: ‘Ya no podemos gobernar sin los movimientos, entonces veamos cómo los controlamos’. Y el modo de hacerlo es con las llamadas ‘políticas contra la pobreza’ que en realidad, para mí, representan un nuevo modo de dominación”.

Zibechi agrega que ese control se materializa a partir de las propias demandas, ideas y aspiraciones de los movimientos sociales, y compara: “Si sos un empresario y querés ganar plata y a la gente le da por llevar camisetas del Che, fabricás camisetas del Che. Y si la gente quiere llevar pantalones rotos para diferenciarse, vos no dejás que ese público los compre y los rompa, sino que se los vendés ya rotos, y más caros. El sistema de dominación hace algo parecido al mercado, ahora a través de gobiernos progresistas. Toma los insumos que produce la propia energía social”.

Y un reconocimiento: “En esos discursos y políticas de estos gobiernos hay parte de lo nuestro, parte de lo que yo pienso, de lo que todos hemos aportado. No voy a caer en lo que hace cierta izquierda, al decir ‘todo lo que está en el gobierno es ajeno a mí y es horrible’. Ni es ajeno ni es horrible: yo tengo que ver con eso. Y no es haciéndote el desentendido como lo comprendés mejor”.

Ni arriba ni afuera

Raúl es autor de Genealogía de la revuelta (sobre la Argentina del 2001) y de Territorios en resistencia (la realidad geopolítica de las periferias urbanas latinoamericanas) entre otros trabajos. Como investiga, viaja, se mete en cada realidad que quiere conocer, este uruguayo hincha de Nacional y editor de temas internacionales del semanario Brecha, es lo contrario de un opinólogo. “Más que juzgar, lo importante es describir tendencias y lógicas que permitan entender lo que está pasando”. Así se ubica en un lugar poco usual en la geometría política: ni “arriba”, ni a la “derecha”, obvio. Ni en esos supuestos “centros” que suelen ser el equilibrio de la nada. Tampoco se coloca “afuera” (esos afueras puros, incontaminados y utópicos), ni estrictamente a la “izquierda” (oxidada en dogmatismo). El lugar que elige desde hace mucho es “abajo”: conocer, compartir y aprender lo que son capaces de producir las sociedades en movimiento, las personas y experiencias que tratan de gestionar modos de vida que las alejen de las colonizaciones del presente.

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¿Qué quiere Obama? … por Atilio Boron

Publicado en Editoriales, Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 28 octubre 2011 por La Historia Del Día

Atilio A. Boron

Rebelión

 

¿Por qué Barack Obama querría reunirse con la Presidenta Cristina Fernández? Sobran las conjeturas, pero las escasas –y además crípticas- declaraciones procedentes de Washington remiten a una agenda conteniendo temas tales como la supuesta presencia de grupos terroristas iraníes operando en América Latina, y particularmente en la Argentina, y la excesiva labilidad de la legislación nacional con relación al lavado de dinero, lo que habría originado el bloqueo estadounidense a créditos otorgados por el BID y el Banco Mundial. En realidad, estos asuntos carecen de sustancia: lo de los iraníes es en parte la clásica paranoia de Washington y en parte una táctica para presionar a nuestros países y para aislar, satanizándolo, a Irán. Lo del lavado de dinero es otra acusación que carece de fundamento, sobre todo cuando quien la esgrime tiene a unos cien kilómetros de la Casa Blanca uno de los paraísos fiscales más importantes del mundo: el Estado de Delaware, que publicita por todos los medios que cualquier compañía que instale allí su casa matriz, aunque sea una diminuta oficina, estará eximida del pago de impuestos por todos los ingresos producidos por sus subsidiarias que desarrollen sus actividades fuera de los pequeños límites de este estado, sea dentro de los Estados Unidos o en el exterior. Por eso un sesenta por ciento de las 500 mayores transnacionales listadas en la revista Fortune tienen sus oficinas centrales en ese estado, que además se vanagloria de tener una legislación que “no pone límites a la usura”. 

Dados estos antecedentes y teniendo siempre en cuenta que jamás se puede confiar en la mentirosa benevolencia del imperialismo y sus voceros (el que tenga dudas mejor que medite sobre lo ocurrido con Gadafi), la hipótesis que se perfila con más fuerza para comprender el sentido de la invitación de Obama diría que está motivada por el deseo de sabotear, por ahora diplomáticamente, el proyecto integracionista representado por la UNASUR y aislar a los gobiernos de izquierda de la región, principalmente a la Venezuela de Chávez. El Acuerdo del Pacífico, recientemente promovido por Estados Unidos y secundado por México y en Sudamérica por Colombia, Chile y Perú, equivale a introducir el Caballo de Troya dentro de la UNASUR. No es casual que la inesperada solicitud para reunirse durante la Cumbre del G-20 en Cannes haya llegado poco después de que la Presidenta pronunciara dos discursos enfáticamente ‘unasurianos’ el domingo por la noche luego de su rotunda victoria electoral. La enfermiza obsesión de Washington es acabar con el experimento bolivariano y apoderarse del petróleo de Venezuela, como ya lo hizo con el de Irak y Libia. Para los halcones estadounidenses -de los cuales Obama es su solícito mayordomo- la estrecha relación consolidada a lo largo de estos años entre la Argentina y Venezuela es un molesto obstáculo que debe ser removido cuanto antes. La estrategia para el 2012, año en que se celebrará la crucial elección presidencial en Venezuela, es llegar a ese momento con un Chávez debilitado por una intensa campaña desestabilizadora –¡que ya ha comenzado!- que incluye desabastecimientos selectivos de artículos de primera necesidad, asesinatos al voleo hechos por paramilitares colombianos infiltrados ilegalmente en el país o lúmpenes reclutados para instalar una sensación de absoluta inseguridad ciudadana, y la permanente gritería de la “prensa independiente” (en realidad, la única instancia organizativa que tiene la derecha habida cuenta de la debilidad de sus expresiones partidarias) denunciando supuestas restricciones a la libertad de prensa en un país en donde desde un periódico, una radio o una televisora se puede hacer la apología del magnicidio o incitar a la violencia con total impunidad. Dentro de esta estrategia global, apartar a la Argentina del proyecto integracionista sudamericano es un paso táctico de la mayor importancia. Avanzar hacia ese objetivo parecería ser el único sentido posible de la invitación hecha por el mandatario estadounidense.

http://www.rebelion.org/

Un emblema, 86 tristezas

Publicado en Reflexiones con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 27 octubre 2011 por La Historia Del Día

 

Victoria Ginzberg

Página/12

 

¿Será por la supuesta “cara angelical” de Alfredo Astiz, por su mirada fría como un témpano, sus ojos inexpresivos, superficiales, el rictus asqueroso que se volvió a ver en sus apariciones en este juicio, su lunar? ¿Será por su infiltración en el incipiente movimiento de derechos humanos, porque logró la confianza y la compasión de las mujeres que ya se organizaban para reclamar que les devolvieran a sus hijos, porque dicen que selló con un beso su traición y eso solo ya parece parte del guión de una película? ¿Será por aquellas víctimas, en apariencia “más débiles”, o por las “más célebres”, por el escritor, el periodista, el militante que utilizó su máquina de escribir para difundir los crímenes que se cometían en los sótanos y usó su otra arma para defenderse cuando lo buscaron para asesinarlo y llevarlo a aquellos sótanos? ¿Será por los bebés que nacieron en una piecita de Capucha, porque, antes de matarlas, a las madres les hacían escribir una carta a su familia que nunca sería entregada y les mostraban un ajuar comprado para ese niño que sería despojado de su nombre y de su historia? ¿Porque hubo víctimas francesas y suecas y desde Francia y Suecia el reclamo fue permanente, una mosca en la oreja para funcionarios políticos y judiciales argentinos? ¿Será porque el edificio, imponente, atraía indefectiblemente las miradas de todos los que entraban o salían de la Capital por la zona norte? ¿Porque sus cuatro columnas, su nombre en el friso, su iluminación nocturna, su visibilidad y presencia eran en definitiva señales de la pretensión de mostrar que todavía estaba allí, que todavía estaban allí? ¿Será porque el jefe, el Almirante Cero imaginó que luego de las muertes, las torturas, las violaciones, podría convertirse en un líder político? ¿Será porque siempre hay grietas y hubo sobrevivientes que incluso mientras la resistencia mayor era mantenerse con vida ya imaginaban posibles juicios, denuncias, declaraciones? ¿Porque cuando “las sacaban a comer” las mujeres escribían su bronca en los baños con el lápiz labial que les daban como parte de su proceso de “rehabilitación”? ¿Será porque muchos de los que salieron hablaron incluso cuando no tenían los dos pies afuera, cuando todavía eran vigilados, cuando el terror seguía habitando sus cuerpos? 

Tal vez por todas esas cosas un poco, aunque nada termina de explicarlo del todo. Lo cierto es que la ESMA, la Escuela de Mecánica de la Armada, se convirtió tempranamente en el símbolo del sistema acabado del horror del terrorismo de Estado. Fue probablemente el centro clandestino de detención y exterminio por el que pasaron más víctimas. Pero no se trata de una cuestión cuantitativa. Algo hizo que a pesar de que ya había más de 240 represores condenados y más allá de la importancia que tuvieron sentencias como las del Atlético-Banco-Olimpo o La Perla o el quiebre que significó para la continuidad de la impunidad en democracia la cadena perpetua a Luis Abelardo Patti, por citar algunos ejemplos, ayer fuera un día bisagra.- -

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La carga simbólica de la ESMA fue también comprendida por los represores. El juicio que luego de dos años concluyó ayer fue el más resistido desde la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Cuando el Congreso barrió con aquellos dos impedimentos, la Cámara Federal porteña decidió de oficio reabrir las dos “megacausas” que habían quedado congeladas a fines de los ’80: Primer Cuerpo de Ejército y ESMA. En la primera había todavía mucho por hacer, testimonios que tomar, pruebas que recolectar. La segunda estaba casi lista para ser “elevada”, es decir para comenzar con los preparativos de juicio oral. Pero el expediente terminó demorado un año en la Cámara de Casación Penal. Fue el “caso testigo” de los represores y sus defensores, entre los que se contaba el ex presidente de ese tribunal superior Alfredo Bisordi, que luego de irse de ese puesto pasó a desempeñar formalmente el papel de abogado de los acusados de violaciones a los derechos humanos. La investigación sobre el Primer Cuerpo de Ejército comenzó a avanzar y a la vez se abrieron y terminaron causas en distintos lugares del país: La Plata, Córdoba, Tucumán, Mendoza… Sobre la ESMA, sólo se intentó hacer un juicio al prefecto Héctor Febres por cuatro casos. Lo que haya sido ese proceso ¿un globo de ensayo? ¿un pase de facturas al chivo expiatorio? terminó con el acusado muerto por envenenamiento por cianuro en condiciones más que sospechosas. Los Marinos, sea porque tienen mayor poder de lobby, todavía contactos o mucha suerte, lograron demorar sus condenas. Recién a fines del año pasado hubo sentencia para miembros de ese arma en Mar del Plata. Ayer les tocó a sus represores más simbólicos.

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“Es que a través de la ESMA se puede contar el proceso de memoria, verdad y justicia desde la democracia para acá”, apunta Valeria Barbuto, del Centro de Estudios Legales y Sociales.

En 1994, los represores Antonio Pernías y Juan Carlos Rolón fueron al Congreso para defenderse porque los senadores se negaban a votar sus ascensos luego de que se publicitaran sus antecedentes. Admitieron haber participado en torturas y secuestros. El incidente motivó que se estableciera un mecanismo de consulta con organismos de derechos humanos y la secretaría del área para comprobar que los miembros de las Fuerzas Armadas involucrados en violaciones a los derechos humanos que debido a las leyes de impunidad no podían ser condenados al menos no siguieran haciendo carrera.

Otro marino que pasó por la ESMA, Adolfo Scilingo, fue, con su confesión ante Horacio Verbitsky en El Vuelo, quien inauguró un nuevo período en el vínculo entre la sociedad argentina y la memoria de los crímenes de la última dictadura. La ratificación en la voz de los verdugos de que los desaparecidos eran tirados vivos al mar, terminó de alguna forma con la era del hielo postindultos y dio inicio a un proceso –el de la justicia– que todavía estamos viviendo.

La ESMA también fue punta de lanza en la política de recuperación de los sitios en los que funcionaron centros clandestinos de detención. En 1998 Carlos Menem anunció que demolería el edificio para levantar allí un monumento a la “reconciliación nacional”. La Justicia, a pedido de Graciela Lois y Laura Bonaparte, lo impidió. La medida tomada por Menem derivó de a poco y con el tiempo –desalojo de los marinos de por medio– en la instalación del Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.

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La sentencia de ayer se festejó dentro y fuera del tribunal. En la sala y en la calle hubo abrazos, lágrimas de emoción, de tristeza y de alegría. “Hemos cumplido nuestro mandato con los compañeros”, dijo como en representación de los sobrevivientes de la ESMA Lila Pastoriza. Además de conseguir la primera condena en la Argentina para la mano de obra de Massera, los que estuvieron secuestrados en la ESMA y pudieron salir fueron durante el juicio la voz de los asesinados y desaparecidos. “Un muerto es una tristeza, un millón de muertos es una información”, cita Pilar Calveiro a Tzvetan Todorov en Poder y Desaparición. Los sobrevivientes contaron las historias de los que ya no están, recuperaron sus nombres, sus deseos, su militancia. Para que los muertos dejaran de ser un número, el número que les dieron en la ESMA al entrar y se volvieran una tristeza. Cada uno una tristeza particular. 86 tristezas por las que ayer se hizo justicia. 

http://www.pagina12.com.ar/

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