Un rey golpe a golpe: Biografía no autorizada del Juan Carlos de Borbón (Descargar Libro)
Patricia Sverlo
Rebelión.org
(Fragmento)
“… No hay ninguna excusa mejor que el pueblo. Se le invoca siempre para justificar los abusos de poder, al mismo tiempo que se señala la soberanía popular como el paradigma a seguir. Pero es un simple juego de palabras demagógico e insultante. El poder actualmente establecido no es sino un botín de guerra -de la última-, que se ha sustanciado no en la lógica del derecho de los ciudadanos, sino en la de las instituciones imperantes que los convierte automáticamente en súbditos, vaciando de contenido la aludida soberanía popular.
La autodenominada democracia “formal”, que sólo tiene de “real” la imposición de la monarquía, es tan injusta, por mucho que ella misma se vista de legalidad, como cualquier sistema que mantenga la polarización del poder y la desigualdad en la sociedad (llámese monarquía, teocracia, república bananera, democracia orgánica o dictadura). Por ello, en la cruda realidad no ven más remedio que apelar al argumento del “menos malo de los sistemas políticos”.
A lo largo de la historia los reyes han tenido el monopolio de las riquezas y las guerras; y los pueblos se han visto obligados a la pobreza, los levantamientos y las revoluciones. Puesto que la pobreza existente de manera manifiesta e irrevocable en la vida cotidiana, existen leyes, normas y usos de protocolo que distinguen y polarizan a las clases sociales. Incluso entre los representantes de las diferentes instituciones hay un orden de precedencia inapelable, que se hace ostensibley ejemplar en cada momento. El protocolo español se gestó en tiempos de Carlos I, inspirado en el uso del ducado de Borgoña, que ya era complejo y sofisticado en el siglo XIV. El tercer duque de Alba recibió el encargo de enseñárselo al príncipe de España, que después sería el rey Felipe I. Entre los objetivos de este protocolo estaba la creación “de una tmósfera casi divina en torno al soberano, que obligaba a los súbditos a creer en el mito del monarca”, cosa que encajaba perfectamente con el derecho divino de los reyes: “Todo el poder viene de Dios y Dios lo deposita directamente en la persona regia”.
Actualmente, las normas de protocolo que todavía siguen vigentes obedecen todas, directa o indirectamente, a un mismo fundamento, esto es, a la desigualdad de los hombres. A diferencia de lo que suele acontecer con la generalidad de las normas jurídicas, las del protocolo se fundamentan esencialmente en tales desigualdades. No parece inexacto afirmar que, si todos los hombres fueran iguales, no podrían existir “normas de protocolo”, tal como recoge Francisco López-Nieto y Malla, académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, en su libro Legislación de Protocolo. Es posible decirlo más claro, ni con más autoridad.
En consecuencia, podemos afirmar que el más desigual de todos los españoles es el rey, a quien además asiste el derecho constitucional de ser un irresponsable absoluto…”
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