Archivos para Eduardo Galeano

Haití, país ocupado

Posted in Editoriales, Reflexiones with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 28 septiembre 2011 by La Historia Del Día

Eduardo Galeano *

Página/12

 

Consulte usted cualquier enciclopedia. Pregunte cuál fue el primer país libre en América. Recibirá siempre la misma respuesta: los Estados Unidos. Pero los Estados Unidos declararon su independencia cuando eran una nación con seiscientos cincuenta mil esclavos, que siguieron siendo esclavos durante un siglo, y en su primera Constitución establecieron que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona.

 

Y si a cualquier enciclopedia pregunta usted cuál fue el primer país que abolió la esclavitud, recibirá siempre la misma respuesta: Inglaterra. Pero el primer país que abolió la esclavitud no fue Inglaterra sino Haití, que todavía sigue expiando el pecado de su dignidad.

Los negros esclavos de Haití habían derrotado al glorioso ejército de Napoleón Bonaparte y Europa nunca perdonó esa humillación. Haití pagó a Francia, durante un siglo y medio, una indemnización gigantesca, por ser culpable de su libertad, pero ni eso alcanzó. Aquella insolencia negra sigue doliendo a los blancos amos del mundo.

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De todo eso, sabemos poco o nada.

Haití es un país invisible.

Sólo cobró fama cuando el terremoto del año 2010 mató a más de doscientos mil haitianos.

La tragedia hizo que el país ocupara, fugazmente, el primer plano de los medios de comunicación.

Haití no se conoce por el talento de sus artistas, magos de la chatarra capaces de convertir la basura en hermosura, ni por sus hazañas históricas en la guerra contra la esclavitud y la opresión colonial.

Vale la pena repetirlo una vez más, para que los sordos escuchen: Haití fue el país fundador de la independencia de América y el primero que derrotó la esclavitud en el mundo.

Merece mucho más que la notoriedad nacida de sus desgracias.

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Actualmente, los ejércitos de varios países, incluyendo el mío, continúan ocupando Haití. ¿Cómo se justifica esta invasión militar? Pues alegando que Haití pone en peligro la seguridad internacional.

Nada de nuevo.

Todo a lo largo del siglo diecinueve, el ejemplo de Haití constituyó una amenaza para la seguridad de los países que continuaban practicando la esclavitud. Ya lo había dicho Thomas Jefferson: de Haití provenía la peste de la rebelión. En Carolina del Sur, por ejemplo, la ley permitía encarcelar a cualquier marinero negro, mientras su barco estuviera en puerto, por el riesgo de que pudiera contagiar la peste antiesclavista. Y en Brasil, esa peste se llamaba haitianismo.

Ya en el siglo veinte, Haití fue invadido por los marines, por ser un país inseguro para sus acreedores extranjeros. Los invasores empezaron por apoderarse de las aduanas y entregaron el Banco Nacional al City Bank de Nueva York. Y ya que estaban, se quedaron diecinueve años.

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El cruce de la frontera entre la República Dominicana y Haití se llama El mal paso.

Quizás el nombre es una señal de alarma: está usted entrando en el mundo negro, la magia negra, la brujería…

El vudú, la religión que los esclavos trajeron de Africa y se nacionalizó en Haití, no merece llamarse religión. Desde el punto de vista de los propietarios de la Civilización, el vudú es cosa de negros, ignorancia, atraso, pura superstición. La Iglesia Católica, donde no faltan fieles capaces de vender uñas de los santos y plumas del arcángel Gabriel, logró que esta superstición fuera oficialmente prohibida en 1845, 1860, 1896, 1915 y 1942, sin que el pueblo se diera por enterado.

Pero desde hace ya algunos años, las sectas evangélicas se encargan de la guerra contra la superstición en Haití. Esas sectas vienen de los Estados Unidos, un país que no tiene piso 13 en sus edificios, ni fila 13 en sus aviones, habitado por civilizados cristianos que creen que Dios hizo el mundo en una semana.

En ese país, el predicador evangélico Pat Robertson explicó en la televisión el terremoto del año 2010. Este pastor de almas reveló que los negros haitianos habían conquistado la independencia de Francia a partir de una ceremonia vudú, invocando la ayuda del Diablo desde lo hondo de la selva haitiana. El Diablo, que les dio la libertad, envió al terremoto para pasarles la cuenta.

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¿Hasta cuándo seguirán los soldados extranjeros en Haití? Ellos llegaron para estabilizar y ayudar, pero llevan siete años desayudando y desestabilizando a este país que no los quiere.

La ocupación militar de Haití está costando a las Naciones Unidas más de ochocientos millones de dólares por año.

Si las Naciones Unidas destinaran esos fondos a la cooperación técnica y la solidaridad social, Haití podría recibir un buen impulso al desarrollo de su energía creadora. Y así se salvaría de sus salvadores armados, que tienen cierta tendencia a violar, matar y regalar enfermedades fatales.

Haití no necesita que nadie venga a multiplicar sus calamidades. Tampoco necesita la caridad de nadie. Como bien dice un antiguo proverbio africano, la mano que da está siempre arriba de la mano que recibe.

Pero Haití sí necesita solidaridad, médicos, escuelas, hospitales y una colaboración verdadera que haga posible el renacimiento de su soberanía alimentaria, asesinada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras sociedades filantrópicas. 

Para nosotros, latinoamericanos, esa solidaridad es un deber de gratitud: será la mejor manera de decir gracias a esta pequeña gran nación que en 1804 nos abrió, con su contagioso ejemplo, las puertas de la libertad.

(Este artículo está dedicado a Guillermo Chifflet, que fue obligado a renunciar a la Cámara de Diputados del Uruguay cuando votó contra el envío de soldados a Haití.)

* Texto leído ayer por el escritor uruguayo en la Biblioteca Nacional en el marco de la mesa-debate “Haití y la respuesta latinoamericana”, en la que participaron además Camille Chalmers y Jorge Coscia.

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Eduardo Galeano habla sobre el movimiento 15M: “No vale la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para seguir tu conciencia” (Video)

Posted in Reflexiones, Video with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , on 25 mayo 2011 by La Historia Del Día

Eduardo Galeano se pronuncia sobre el movimiento del 15 de mayo en el programa catalán de TV3 Singulars. Entrevista de más de 40 minutos de duración donde repasa otros temas de la actualidad social, política y económica.

 

Eduardo Galeano: “Por Manolo y por el placer de jugar”

Posted in Reflexiones, Sociedad/Cultura with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 25 mayo 2011 by La Historia Del Día

Eduardo Galeano 

Página/12

 

Palabras del escritor uruguayo al recibir el Premio Internacional de Periodismo Manuel Vázquez Montalbán, otorgado por la Fundación Fútbol Club Barcelona y el Colegio de Periodistas de Catalunya, ayer, en el Palau de la Generalitat de Barcelona.

 

Quiero dedicar este premio a la memoria de Josep Sunyol, el presidente del Barça que en 1936 fue asesinado por los enemigos de la democracia. 

Y también quiero rendir homenaje a los deportistas peregrinos, que un año después, en 1937, encarnaron la dignidad, malherida pero viva, de toda España. Me refiero a los jugadores del Barça, que en 1937 recorrieron los Estados Unidos y México, disputando partidos de fútbol en beneficio de la República, y a la selección de jugadores vascos, que hizo lo mismo en varios países europeos.

Por ellos me emociona recibir este premio, por ellos y también por los jugadores del Barça de nuestros días, dignos herederos del Barça de aquellos años: este premio que, por si todo eso fuera poco, lleva el nombre de mi entrañable amigo Manolo Vázquez Montalbán.

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Con él hemos compartido varias pasiones.

Futboleros los dos, y los dos zurdos, zurdos para pensar, creímos que la mejor manera de jugar por la izquierda consistía en reivindicar la libertad de quienes tienen el coraje de jugar por el placer de jugar en un mundo que manda jugar por el deber de ganar. Y en ese camino hemos intentado combatir los prejuicios de mucha gente de derechas, que cree que el pueblo piensa con los pies, y también los prejuicios de muchos compañeros de izquierdas, que creen que el fútbol tiene la culpa de que el pueblo no piense.

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También nos identificamos, Manolo y yo, en el placer de la ironía y la risa franca y todas las formas del humor, en nuestras maneras de decir lo que pensamos y lo que sentimos, en los artículos y en los libros y en las charlas de café. Porque no son dignos de confianza los solemnes caballeros, ni las damas ejemplares, que no son capaces de tomarse el pelo; y ni Manolo ni yo confundimos el aburrimiento con la seriedad, como también ocurre con otros colegas de ideas políticas parecidas a las nuestras.

Y conste que no hablo en tiempo presente por error ni por descuido, sino porque fuentes bien informadas me han asegurado que la muerte no es más que un chiste de mal gusto.

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Y otro espacio compartido, muy importante para los dos: la reivindicación de la buena comida como una celebración de la diversidad cultural.

Bien decía Antonio Machado que ahora cualquier necio confunde valor y precio, y aquel ahora del poeta es también nuestro ahora, porque lo mismo ocurre en nuestros días.

La mejor comida no es la más cara y bien lo ha dicho Manolo, que más bien ocurre que la comida más cara no es más que una trampa engañabobos.

Y yo también creo, como él, que el derecho a la autodeterminación de los pueblos incluye el derecho a la autodeterminación de la barriga. Y es más que nunca necesario defender ese derecho, más que nunca, en estos tiempos de obligatoria macdonaldización del mundo, cada vez más desigual en las oportunidades que brinda y cada vez más igualador en las costumbres que impone.

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Y hasta aquí llegué. Porque yo sé que cuando bebo demasiado corro el grave riesgo de decir estupideces, y yo quise alzar estas palabras como si fueran copas de vino, un buen vino tinto de por acá, para brindar con Manolo y por Manolo: una manera de beber

por la dignidad humana y por la solidaridad,

por el placer de jugar y la alegría de ver jugar cuando se juega limpiamente,

por la alegría de estar juntos y por el pan y el vino compartidos,

por los soles que cada noche esconde

y por todas las pasiones, a veces dolorosas, que dan rumbo y sentido al viaje humano, al humano andar,

al vent del món. 

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Eduardo Galeano: La independencia es otro nombre de la dignidad

Posted in Latinoamérica, Reflexiones with tags , , , , , , , , , , , , , , , on 1 marzo 2011 by La Historia Del Día

Eduardo Galeano

Cronicon, net

 

 

Palabras pronunciadas el 22 de febrero de 2011, en la ceremonia de entrega de la Medalla 1808, que el jefe de Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, otorgó al escritor uruguayo Eduardo Galeano.

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Quiero dedicar este homenaje a la memoria viva de dos Carlos: Carlos Lenkersdorf y Carlos Monsiváis, amigos muy queridos que ya no están, pero siguen estando.

***

Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.

Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía delnarcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.

***

Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.

Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.

***

En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.

Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía:Hemos mudado de amos.

Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:

-Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.

***

Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.

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Los caminos del viento

Posted in Reflexiones, Sociedad/Cultura with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 10 septiembre 2010 by La Historia Del Día
Surysur.*

Resulta extraño presentar un discurso que, escrito, todavía no se ha pronunciado. Es el que dirá el 14 de setiembre Eduardo Daleano, al recibir el Premio Stig Dagerman, que otorga anualmente la sociedad que vela por la memoria del escritor sueco fallecido en 1954 a quienes, por medio de su trabajo, estimulan relaciones de comprensión entre las personas y promueven y cautelan la libertad de todos para expresarse.

Dirá Galeano:

 

Querido Stig:

Ojalá seamos dignos de tu desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

 

* Despacho de Other News (www.other-news.info/noticias). Other News es iniciativa del periodista Roberto Savio para difundir materiales que no suelen publicarse en los medios del periodismo comercial.

Addenda

Stig Dagerman (Alvkarleby, Uppsala, 1923-Estocolmo 1954), periodista y escritor anarquista sueco. Autor de una profusa obra, algunas publicadas en castellano (sus obras completas se contienen —en sueco— en once volúmenes), despertó renovado interés entre lectores y editores hacia la década de 1981/90, casi treinta años después de su suicidio.

La sociedad de Amigos de Stig Dagerman concedió este año su reconocimiento a Galeano porque “su literatura invariablemente siempre ha estado del lado de los condenados de la Tierra”.

La ceremonia tendrá lugar el martes próximo en la localidad donde nació Dagerman.

http://www.surysur.net/

Eduardo Galeano y la isla de la pulga (Homenaje al escritor uruguayo en su 70 aniversario)

Posted in Latinoamérica, Reflexiones with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 6 septiembre 2010 by La Historia Del Día
Andrés Marí para Univers Galeano a Calella

Mi experiencia con Eduardo Galeano se produce a través de las contradicciones entre la libertad individual, la necesidad colectiva, la soberanía de un pueblo y el culto a la dignidad que, como él diría, “el barbudo Carlos Marx” demostró que estaban vivas. Eduardo y yo no somos amigos en el sentido tradicional del concepto. Yo tengo que exorcizar mis olvidos. Sólo soy su amigo como lo son millones de cubanos, en el sentido más redefinido del término, como igualmente a él le gusta volver sobre los significados: “Tenemos que recobrarlos, porque los nombres suelen no coincidir con lo que nombran. En el British Museum, pongamos por caso, las esculturas del Partenón se llaman “mármoles de Elgin”, pero son mármoles de Fidias. Elgin se llamaba el inglés que las vendió al Museo.”

Sin las solemnidades de la palabrería, una postura que también Eduardo rechaza, Cuba proclama otros contenidos para la amistad donde él podía renacer ampliamente: “Cada persona está llena de otras, hay una multitud dentro de mí y dentro de ti”. Así permanecía en mí cada vez que lo leía o cuando lo seguía al llegar a La Habana. Todo eso a partir de 1971, cuando, con su libro “Las venas abiertas de América Latina”, recibió una mención en el prestigioso Concurso de la Casa de las Américas. Allí nos conocimos y nos volvimos a conocer muchas veces durante cerca de 20 años, mientras él seguía recibiendo premios en 1975 con “La canción de nosotros” y en 1978 con “Días y noches de amor y de guerra”. Era el mismo lugar para el que él, en 1999, reclamaría “el premio Nobel de Física, porque la Casa de las Américas de Cuba ha demostrado que en una sola casa podemos vivir millones de personas, lo que constituye un gran acontecimiento científico. Y todos juntos, allí metidos, nos sentimos de lo más bien, lo que ya pasa a la categoría de milagro”.

Con aquel libro, que no era su primera obra, ya él se convirtió en uno de los grandes amigos de la Revolución Cubana. Era suficiente para que pasara a tener tantos amigos como tantos habitantes tenía el país. Difícilmente habrá alguien en Cuba que no pueda rememorar algún trozo de su amistad. Se trataba de una relación apasionante con la Historia que él y sus admiradores identificábamos con las luchas de todo latinoamericano que, sacudido por la liberación de la pequeña isla, debía aportar algo para la emancipación continental del tiempo escrito con la cruz, la intervención militar y el mercado implacable. Eso le dio una presencia tan absoluta entre los cubanos que resulta imposible prescindir de él. Su primer libro en Cuba había llegado para perpetuarlo en nuestra memoria colectiva:

“Es América Latina la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos.

Para quienes conciben la historia como una competencia, el atraso y la miseria de América Latina no son otra cosa que el resultado de su fracaso. Perdimos; otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos: la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial.”

Eduardo supo ver que la Revolución Cubana, desde su inicio, encendió el fuego para una liberación de la competencia capitalista, pero esta victoria, con todo el dolor de los pueblos latinoamericanos, no era para lucirla en una maratón solidaria de alguna cadena televisiva. Mucho trabajo, mucho tiempo y muchas otras liberaciones en el continente le aguardaban. Ello fue, en alguna medida, una amable referencia en su autodefinición, tal como lo hizo en Los Ángeles ante una convención de libreros: “Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable”.

Él se acercó a nuestra epopeya con una pasión innata para decirnos, o repetir, la idea del fundador del Frente Sandinista Carlos Fonseca Amador: “amigo es el que critica de frente y elogia por la espalda.” Así nos hicimos verdaderos amigos. Una vez hablamos cinco palabras; otra, doce, y más o menos así se comportó nuestra relación hasta que, después de muchos años sin hablarnos, volvimos a vernos, si mal no recuerdo, en el 2002, pero ya no en la isla, sino en la ciudad catalana de Calella de la Costa, donde años atrás él vivió gran parte de su obligado exilio.

Ya pasada la madrugada de un día y un mes que tampoco recuerdo, él llegó al Hotel Bernat II a pedirme la llave de su habitación. Enseguida lo reconocí: “Muchas gracias, compañero, por continuar al lado de Cuba”. Él se sonrió, nos apretamos las manos y me preguntó qué hacía allí. ¿Se acordaba de mí? No lo sé, no se lo pregunté, pero sin pensarlo dos veces empecé a contarle. Igual que él se confesó ante los libreros norteamericanos, yo me vi, en medio de una noche absolutamente solitaria, ante la oportunidad y el privilegio de compartir mis secretos con un amigo de las letras más amorosas de Nuestra América.

En el difícil comienzo de la década de los 90, durante el llamado Periodo Especial en tiempos de paz, y en que también se desarrolló la crisis de los balseros, yo escribí dos piezas teatrales muy críticas con la situación que vivía la isla: “El Italiano” y “Nuevo Cántico Espiritual”. Algunos amigos me pronosticaron que iría a la cárcel, pero sucedió lo contrario, todos los teatros se me abrieron para que las representara y además se me invitaba a estrenarlas en numerosos países en nombre de Cuba. Nunca había viajado tanto. Durante esa experiencia advertí que mis críticas quedaban pálidas ante un mundo con realidades mucho más criticables que la mía, por lo que a estos pueblos le sería casi imposible comprender la justicia de mi país. Entonces pensé, con la mayor ingenuidad del mundo, que yo podría hacer algo para ello. A pesar de todo, el Norte y el Sur están destinados a entenderse.

En el año 2000 propuse a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, organización de la cual soy miembro, un proyecto socio-cultural que, ayudado por mi familia de Eivissa, crearía por acá. Me autorizaron el viaje. Pero los primos ibicencos, al conocer más de cerca mis ideas, me abandonaron. No me agradó volver a la isla sin esforzarme personalmente y busqué un empleo que me permitiera dedicarme a la realización de mi proyecto.

Así llegué a trabajar en la recepción nocturna de aquel hotel de forma un tanto a escondidas. Si en Cuba se enteran de lo que estaba haciendo por acá seguramente me dan a escoger: o me quedo aquí y hago lo que me dé la gana o regreso inmediatamente para servir al trabajo colectivo de mi pueblo con mi trabajo artístico, ya que para eso recibí la más completa formación. Es la política que el gobierno cubano lleva con todos sus profesionales y yo estaba de acuerdo con ella. El propio Eduardo, analizando el último Mundial de Fútbol y siendo él un gran amante de este deporte, escribía recientemente sobre la contradicción entre el individuo y su comunidad:

“Es insólito que algunos jugadores africanos se lucieran, ellos sí, en las selecciones europeas. Cuando Ghana jugó contra Alemania, se enfrentaron dos hermanos negros, los hermanos Boateng: uno llevaba la camiseta de Ghana, y el otro la camiseta de Alemania. De los jugadores de la selección de Ghana, ninguno jugaba en el campeonato local de Ghana. De los jugadores de la selección de Alemania, todos jugaban en el campeonato local de Alemania. Como América Latina, África exporta mano de obra y pie de obra.”

Como la Revolución me dio el privilegio de no ser ni mano, ni pie, ni corazón, ni mente que se alquile o se venda para dejar mi país pobre y vivir en el Mundo Rico, caí en una duda: ¿estaba bien mi actitud? No supe darme una respuesta y me lancé a luchar por realizar mi proyecto. Una contradicción entre la proyección colectiva de los esfuerzos revolucionarios que predicaba y mi decisión individual. ¿Eso era la libertad? Enseguida me percaté de las complejidades que estaba abriendo. En 2008, con su libro “Espejos”, Eduardo diría que John Locke, el filósofo que imaginó todas las libertades, invertía sus ahorros en la Royal Africa Company, que compraba y vendía esclavos. También señaló las extrañezas del entendimiento humano al contar que el Libertador, Simón Bolívar, a pesar de haber sido ayudado por Haití cuando llegó a Puerto Príncipe casi derrotado, no reconoció la independencia haitiana y mantuvo la esclavitud. Indudablemente yo no concebía semejantes actitudes.

Por dignidad Cuba ha querido levantar los más altos principios en la realización personal y los deberes sociales. Muy pocos cubanos podrían decir que en su tierra no recibieron todas las oportunidades para desarrollar su talento y su vocación. Educarse en la isla se afianzó como el máximo de los derechos humanos. Claro, el gobierno del pueblo ponía una exigencia: Toda la formación intelectual sería para servir a los ideales liberadores. Yo compartía ese objetivo, pero, en cierta medida, lo evadí durante un tiempo, ya que mi propósito no era el de John Locke ni el del futbolista ghanés en la selección de Alemania. No obstante vivía una contradicción: no quería esconderme y seguía escondido. ¿Hasta cuándo?

No puedo decir que mi situación me implicaba algún miedo o complejo de culpa, en absoluto, sencillamente postergué la respuesta. Me entregué a mis propósitos como un trabajador más de la dignidad humana con la mayor alegría del mundo. ¿Por qué no pensar que podría realizar una buena obra? Ni santo ni demonio, podía perder o ganar la partida, yo sólo era un ser humano con una preocupación y debía saldarla. Era un desafío. Al seguirle los pasos al amigo lejano, en diciembre de 2001, Eduardo me ofrecía una lección de integridad con sus palabras de agradecimiento al ser investido Doctor Honoris Causa en Letras por la Universidad de La Habana:

“Yo me preguntaba sobre la infiernización de Cuba: “¿Por qué voy a confundirla, ahora, con el infierno, si yo nunca la he confundido con el Paraíso?”. Y ahora, me lo sigo preguntando. Ni infierno, ni Paraíso: la Revolución, obra de este mundo, está sucia de barro humano, y justamente por eso, y no a pesar de eso, sigue siendo contagiosa.

Pero muchos de los que antes la ubicaban en las alturas celestiales, ahora la condenan al fuego eterno.

Antes confundían al socialismo con el estalinismo, y ahora son campeones de la libertad de expresión. Ahora son maestros de democracia y antes confundían la unidad con la unanimidad y la contradicción con la conspiración, porque la contradicción era un instrumento de la conspiración imperialista en lugar de ser, como era, como es, la única prueba irrefutable de que está viva la vida.

En un mundo donde el servilismo es alta virtud, en un mundo donde quien no se vende, se alquila, resulta raro escuchar la voz de la dignidad. Cuba está siendo, una vez más, boca de esa voz. A lo largo de más de cuarenta años, esta revolución, castigada, bloqueada, calumniada, ha hecho bastante menos que lo que quería pero ha hecho mucho más que lo que podía. Y en eso está. Ella sigue cometiendo la peligrosa locura de creer que los seres humanos no estamos condenados a la humillación.”

 

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Quilombos: “El lenguaje está enfermo de las taras de la sociedad que lo genera”

Posted in Reflexiones, Sociedad/Cultura with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 8 agosto 2010 by La Historia Del Día
Piter.*

 Other News

 

Café por medio, en Montevideo, Eduardo Galeano comparte algunas reflexiones sobre de la historia de la lucha y la resistencia negra, del racismo que aun sobrevive y de los dioses que quedaron en el mar: “Curiosamente —dice— un instrumento de opresión como fue la lengua colonial, en el caso del Brasil la lengua portuguesa, en el caso de las colonias españolas la lengua castellana, en el caso de los esclavos del norte la lengua inglesa, la lengua francesa, ése instrumento de opresión, se convertía en una clave de libertad…”

Galeano, escritor y periodista cuyos libros han sido traducidos a mas de veinte lenguas, fue jefe de redacción del semanario Marcha y director del diario Epoca, de Montevideo. Fundó y dirigió la revista Crisis en Buenos Aires. Recibió el premio Casa de las Américas en 1975 y 1978 y el premio Aloa, de los editores daneses, en 1993. Su trilogía Memoria del Fuego fue premiada por el Ministerio de Cultura de Uruguay, fue acreedor también del American Book Award en 1989.

 

—En las historias que rescatas de América están los negros…

—Claro, yo creo que somos un arcoiris, la condición humana es un arcoiris espléndido que tiene mas colores que los colores del arcoiris del cielo. Es un arcoiris terrestre, carnal, espléndido, multicolor. Y el racismo nos impide verlo en toda su hermosura.

“Los negros han sido como los indios, y como otros también en el mundo, víctimas de esa negación, que se multiplicó cuando fueron convertidos en cosas a partir de la esclavitud masiva, cuando Europa resucita la esclavitud grecorromana hereditaria, donde el hijo del esclavo nace esclavo para proporcionar mano de obra gratuita a las plantaciones coloniales y a las minas en América.

“Los negros son víctimas en la articulación de América en el mercado mundial. América produce, genera, brinda productos que requieran esa mano de obra que África brindó. Millones y millones de gente, jóvenes cazados como fieras, arrancados de sus tierras y vendidos como cosas”.

—Y así mismo ellos en América gestaron sus quilombos.

—Sí, es una historia que esta por escribirse. Hay algunas cosas, pero pocos registros de esta gran gesta a lo largo de los siglos, de los negros que fueron capaces de construir, de crear en lo hondo de la selva sus santuarios de libertad.

“Que sobrevivieron a la cacería de los perros, y que fueron más fuertes que el miedo al castigo, por que al esclavo que huía, cuando el amo lo recuperaba, o le cortaba los tendones o las orejas o los ahorcaba lisa y llanamente. Entonces esos hombres y mujeres que fueron más fuertes que el miedo generaban en América sus espacios de libertad que en Brasil se llamaron quilombos.

Y fijate vos lo que son las cosas, cómo el racismo se perpetua con el lenguaje, porque quilombo en el lenguaje rioplatense, común en Argentina, Uruguay, sur de Brasil, Paraguay, significa, relajo, caos, desorden, burdel, o sea casa de putas. En esa doble significación, significa casa de putas o relajo, una cosa incomprensible, un lío tremendo, un caos. Caos o puterío es un quilombo. Y quilombo originalmente es de origen africano y sirvió para nombrar los santuarios de libertad de los esclavos en América”.

—Esa es la característica del lenguaje hoy.

—El lenguaje está enfermo siempre de las taras de la sociedad que lo genera. Yo te hablo de una palabra que nace de la más hermosa manera definiendo un espacio de libertad, resulta transfigurada por el lenguaje en sociedades racistas que desprecian a los negros para convertir esa palabra, que es un símbolo de libertad, en un símbolo de caos y de puterio. Y ese es una de las cosas del lenguaje mas reveladoras que conozco, mas significativa.

—¿Ves hoy espacios donde los fugitivos del sistema puedan organizarse libremente?

—Sí, de algún modo siempre esos espacios se generan. En algunos pocos casos han sobrevivido a lo largo de los siglos, por ejemplo en Cartagena Colombia. Allí sobrevivió uno de estos espacios generados por los esclavos libres que está ahí todavía y que han conservado esta palabra del lenguaje que habían inventado.

“Curiosamente un instrumento de opresión como fue la lengua colonial, suponte en el caso del Brasil la lengua portuguesa, en el caso de las colonias españolas la lengua castellana, en el caso de los esclavos del norte la lengua inglesa, la lengua francesa, ése instrumento de opresión, se convertía en una clave de libertad porque permitía que se entendieran los oprimidos entre sí, que venían de lugares diferentes porque en África había y hay numerosos idiomas así como culturas y nosotros no sabemos nada del África.

“Eso es lo mas revelador de la supervivencia del racismo, de lo que son los negros. Las tierras americanas que del norte al sur han sido tan profundamente marcadas por la presencia africana ignoran una parte fundamental de sus raíces.

“En toda América somos hijos de muchas madres y eso es una suerte, es una clave de diversidad. Pero es como si fuéramos hijos de la madre europea y de las otras sabemos muy poco. Del pasado indígena, de las fuentes de sabiduría, de las cosas que podrían ayudarnos, en esas culturas negadas, despreciadas.

“Y del África no sabemos nada mas de lo que nos enseño el profesor Tarzán que nunca estuvo ahí. Fue inventado por un escritor, Edgard Burrows, que era un jubilado de ferrocarril ingles que nunca estuvo en África, él inventó a Tarzán, que además de ser blanco parece que tenia relaciones confusas con la mona Chita” (Se ríe).

—Mucha sangre corrió en la historia de los pueblos africanos que llegaron a América pero también sobrevivieron esencias…

—Cuando los esclavos fueron trasladados en los buques negreros de África a América millones y millones, no se sabe cuantos, hay todos los cálculos que te puedas imaginar, pero no menos de 10 millones sobrevivieron a la travesía. Algunos dicen muchos más, y muchos millones murieron en la travesía por las pestes y por las condiciones en que viajaban atados uno al lado del otro.

“Los barcos no necesitaban anunciarse. Desde mucho antes se sabía que se acercaban al puerto por el olor, el olor a podrido, el olor a muerto, que tenían los buques negreros.

“En esos viajes a través de la mar, no solamente fueron a parar al fondo de las aguas los negros que morían de peste, de hambre o de tristeza, porque muchos murieron de tristeza o se suicidaban ahorcándose con sus propias cadenas, sino que también fueron a parar al fondo del mar muchos de los dioses que esos hombres tratados como cosas traían del África. Sobre todo los dioses de la fecundidad, del trabajo, muy poquitos sobrevivieron a la travesía.

“Quizás fue una especie de suerte de resistencia inconsciente. Es algo así como que los dioses de la fecundidad iban a ser mas útiles al amo que a ellos, si nos reproducimos y somos fecundos, mejor para el amo y no para nosotros, ni para esos niños que van a ser condenados a desdicha perpetua.

“Y en cambio sobrevivieron los dioses bravíos, los rebeldes, los revoltosos, los dioses de la pelea, de la pasión, del deseo, los dioses que menos tenían que ver con las obligaciones del trabajo esclavo y más tenían que ver con la dignidad sobreviviente. Con esta porfiada dignidad que sobrevivió a lo que parecía que era una aplanadora irresistible, que se manifestó en un movimiento como estos de los quilombos y en una innumerable cantidad de insurrecciones que hubo en las plantaciones, muchísimas”. (Escribe en un papelito la palabra ‘quilombo’, lo subraya dos veces, lo dobla y lo guarda)

—Esta porfiada dignidad negra, indígena, de América, la rescatas desde tus dedos al escribirla.

—Es fundamental que América recupere esa dignidad, pero no como acto de lealtad arqueológica, ni como una invitación al museo, “vamos a entrar al museo de la historia…” Yo soy un pésimo visitante de los museos me duermo en todos. Es una invitación a la vida, al asombro de la vida, a la electricidad de la vida.

“Creo que hay voces que vienen del pasado mas remoto que yo digo nuestro, aunque yo no creo en la cosa biológica de que porcentaje de sangre indígena. En los análisis de sangre todas las sangres son iguales, ¿o hay sangre negra en Haití? Creí que era roja siempre, esos disparates del racismo que tenemos incorporados, tan metidos adentro.

“Yo siento que los nacidos en América o los que han llegado a América aunque no hallan nacido en ella, la han adoptado como tierra propia que la aman porque se sienten queridos por ella.

“Tenemos un pasado a rescatar, una herencia a rescatar que es la mas remota, esa herencia que es digna de rescate es un buen alimento, un agua de beber, estamos muy sedientos, este es un mundo sediento que deambula por el desierto loco de sed que no sabe donde ir, y esas voces que suenan desde el pasado mas remoto antiguo nos dan un agüita fresca para beber.

* En http://www.other-news.info/noticias.

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